Ya casi son cinco años que el portal del periodismocatolico me publicó este artículo: http://periodismocatolico.com/2007/09/28/%C2%BFhay-irreligiosidad-en-las-familias-y-en-la-sociedad/
Hoy que lo releo, descubro su vigencia aun en nuestra actualidad, ya del año 2013. Los conceptos de "razón", "democracia", tergiversados hoy por la sociedad y la política o lo "políticamente correcto" dan al traste con la pretensión otrora importante de hablar de virtudes, por ejemplo. En fin, dejo el artículo tal cual lo publicaron, esperando que los lectores también descubran esta vigencia a la que aludí antes y encuentren, desde luego, algo que les ayude, si la curiosidad los mueve, a hacer algo por lo que se teme o se denuncia en el mismo escrito.
¿HAY IRRELIGIOSIDAD EN LAS FAMILIAS Y EN LA SOCIEDAD?
La oportunidad del cambio
Dedicado a los alumnos que egresan del Bachillerato del Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, Tlaxcala.
Dedicado también a los jóvenes de mi parroquia de Jesús María y José en Querétaro que también egresan de diversos niveles. Espero que lo lean.
Los primeros tres y los últimos cuatro párrafos se los dedico a todos los jóvenes que en este año se van a la Universidad, de cualquier escuela preparatoria de la que salgan.
Hablar de Dios
El miedo al vacío
Nadie tiene asegurado vivir un sólo día más. Nadie puede, por más que se esfuerce, añadir por propia voluntad un segundo más a su existencia. Nadie puede agregar un milímetro más a su estatura nada más por ocurrencia espontánea.
Estamos en el mundo y eso es lo único que podemos tener como certeza vital. Algún día ya no estaremos, ciertamente, y no a pocas personas eso les provoca cierta angustia, incertidumbre, dificultad para imaginarlo. Me cuento entre esas personas. Frecuentemente les he llegado a decir a mis alumnos o familiares: "si por alguna razón me muero y ya no puedo decirte esto o aquello, mejor te lo digo ahora", o algo así por el estilo.
Me está pasando lo mismo ahora; pero pienso en los posibles lectores, incluso los no conocidos por mí en el espacio físico. Pienso que debo decir algo antes de que me sorprenda el fin. Máxime si ese fin es la nada, pues allende mi fe, mis convicciones religiosas, siempre estará este miedo presente.
Me he dado cuenta que este mismo miedo ha sido experimentado por no pocas personas a lo largo de la historia. Creo que este era el sentimiento de Pascal cuando escribió: "el silencio eterno de los espacios infinitos me aterra". Me parece que era el mismo sentimiento que tenía incluso Miguel de Unamuno cuando escribía sobre la nada y sobre la necesidad de la inmortalidad y de la pervivencia de la consciencia a pesar del fin, del acabóse vital orgánico.
En fin, pues, no quiero insinuar que soy como estos dos grandes pensadores y genios. Simplemente deseo transmitir algo ahora que se puede; ahora que la civilización ultramoderna nos permite llegar por lo menos a nuestros conocidos por el ciber-espacio. En otros tiempos no era posible. Dice un maestro y amigo mío que, por ejemplo, a José Ortega y Gasset le publicaban absolutamente todo y que, ciertamente era un excelente escritor, pero ya el hecho de ser hijo y nieto de periodistas, empresarios del periodismo, eso le permitía ser publicado aunque en su vasta obra existan algunos escritos francamente infumables. No todos, pues, tenemos la fortuna de apellidarnos Krauze, Junco, Marín, Vázquez-Raña o cualesquiera de los apellidos periodísticos de nuestra circunstancia y por ello habrá que buscar los medios para hacer saber nuestras ideas, si éstas verdaderamente ameritan quién o quiénes puedan apreciarlas y hasta comentarlas. La finalidad es recrear esta vida mientras la tenemos, hacer un poco de comunidad, acompañarnos, regocijarnos por haber coincidido en el tiempo y en el espacio y, ¿por qué no?, enriquecer nuestra estancia en el mundo con ideas, certezas, opiniones, etc.
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