¿HAY IRRELIGIOSIDAD EN LAS FAMILIAS Y EN LA SOCIEDAD?

sábado, 10 de agosto de 2013 0 comentarios

Ya casi son cinco años que el portal del periodismocatolico me publicó este artículo: http://periodismocatolico.com/2007/09/28/%C2%BFhay-irreligiosidad-en-las-familias-y-en-la-sociedad/

  Hoy que lo releo, descubro su vigencia aun en nuestra actualidad, ya del año 2013. Los conceptos de "razón", "democracia", tergiversados hoy por la sociedad y la política o lo "políticamente correcto" dan al traste con la pretensión otrora importante de hablar de virtudes, por ejemplo. En fin, dejo el artículo tal cual lo publicaron, esperando que los lectores también descubran esta vigencia a la que aludí antes y encuentren, desde luego, algo que les ayude, si la curiosidad los mueve, a hacer algo por lo que se teme o se denuncia en el mismo escrito.

Hacia el año de 1842 el filósofo y sacerdote Jaime Balmes escribía lo siguiente: «Un individuo puede ser irreligioso; la familia y la sociedad no lo serán jamás. Sin una base donde pueda encontrar su asiento el edificio social, sin una idea grande, matriz, de donde nazcan las de razón, virtud, justicia, obligación, derecho, ideas todas tan necesarias a la existencia de la sociedad como la sangre y el nutrimiento a la vida del individuo, la sociedad desaparecería; y sin los dulcísimos lazos con que trataban a los miembros de la familia las ideas religiosas ésta deja de existir, o, cuando más, es un nudo grosero, momentáneo, semejante en todo a la comunicación de los brutos.»

Sorprendente. Ya hace un siglo y medio alguien era capaz de avizorar un estado de cosas como en el que probablemente vive la sociedad del siglo XXI. Si aceptamos que hay irreligiosidad en las familias, aceptamos que la hay en la sociedad, y si esto es así, pues también habremos de notar que nuestra sociedad se encuentra en crisis. Sobran ensayos y estudios que proclaman el fin de la Historia, de la familia, de la sociedad tradicional y hasta la muerte de Dios. Basta leer un poco a los nihilistas y a los impulsores del llamado posmodernismo. Eso en el terreno intelectual.

En el ámbito mediático basta con ver la televisión. Sobre los efectos que produce ésta tenemos el exceso y el descontrol de los contenidos pobres en racionalidad y altísimos en manipulación, estereotipos, uniformidad, etc., Hay también infinidad de estudios al respecto. Quizás el más célebre estudio sea el de Giovanni Sartori (Homo videns. La sociedad teledirigida.) Lo importante ahora es hacer notar que hay un estado de cosas actual en el que ya parece haber ausencia de esa idea a la que Balmes se refiere.

Si la idea de razón que la sociedad tiene se reduce al pronunciamiento de la “voluntad popular” confundida con la democracia, lo que tenemos son manifestaciones como los linchamientos; o políticos diciendo que no desobedecen la ley si hay miles de personas que se manifiestan en su favor.

Si de la virtud ya ni siquiera se habla en las escuelas ni en los demás ámbitos de la sociedad, no existe la determinación de cultivarla, buscarla, entenderla o promoverla. Tristemente la educación en la virtud —si puede llamarse así— se reduce a la promoción de ciertos valores del “laicismo” de los que están plagados los programas educativos y cuya procedencia no está fundada en la idea de Dios o la religiosidad. Les falta la dimensión trascendente en su raíz.

Igualmente, las ideas de justicia, obligación y derecho no están fundadas en nada que tenga que ver con Dios. Peor aún, se confunden y tergiversan. Hoy se piensa que el derecho, los derechos, no implican obligaciones, de ahí que exista la violencia cuando se reclama un derecho, pero el silencio y la irresponsabilidad para acatar a un deber. Por ende también se piensa que la justicia no se merece, ni se consigue, sino que se adquiere naturalmente, sin esfuerzo.

Y ahí estamos los cristianos: con el reto cada vez actualizado de dar testimonio. La familia cristiana sólo prevalecerá si se observa eso que Balmes plantea y que en cada momento nuestro Papa y nuestros pastores nos siguen recordando: la familia debe ser el ámbito donde se transmitan y se cultiven los valores que por muchos siglos han distinguido al cristianismo, motivados por el mandato del amor hecho por Nuestro Señor Jesucristo.

Julián Hernández Castelano (México)

La oportunidad del cambio

miércoles, 3 de julio de 2013 0 comentarios

Dedicado a los alumnos que egresan del Bachillerato del Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, Tlaxcala.

Dedicado también a los jóvenes de mi parroquia de Jesús María y José en Querétaro que también egresan de diversos niveles. Espero que lo lean.

Los primeros tres y los últimos cuatro párrafos se los dedico a todos los jóvenes que en este año se van a la Universidad, de cualquier escuela preparatoria de la que salgan.

Muy queridos jóvenes:

Mucho se podría decir con figuras retóricas y una extrema emotividad acerca del fin de un camino, del cambio operado en ustedes a través de estos años del Bachillerato, del paso trascendental en la vida que ustedes van a dar al estar en los umbrales de la Universidad.
Mucho podría abundarse sobre los sentimientos experimentados por cada uno de ustedes al haber compartido con nosotros, ya sea la etapa última del Bachillerato, ya sea desde la Secundaria, desde la primaria, o incluso desde el prescolar.
Podríamos incluso abundar sobre el cúmulo de experiencias en esta su escuela, mismas que seguramente no habrán de olvidar. No pretendemos borrar todo eso, ni amargar la disposición que tienen ante la nostalgia de la despedida entre ustedes mismos y respecto de nuestra escuela; pero más bien quisiera cambiar un poco la tonalidad de estas palabras para hacerles observar otros aspectos de este día tan especial:
Primeramente agradecerles a ustedes, de todo corazón, por haber prestado su disposición para estudiar y estar aquí con nosotros, sus profesores y directivos de la escuela. Gracias porque han sabido soportar las dificultades del estudio. Gracias porque se han esforzado para llegar a este momento. Gracias por acatar nuestras disposiciones. Gracias porque pudieron y quisieron prodigarse, darse a los demás. Gracias a sus papás por tenernos la confianza de ayudarles con la educación de ustedes. Gracias por ver en el Colegio Sor Juana Inés de la Cruz el lugar idóneo para cursar parte o mucho de su formación.
Enseguida me gustaría resaltar algo muy concreto, puntual y especial acerca de su grupo: ustedes tuvieron el privilegio, la oportunidad y el honor de haber tenido como tutora a la Madre Paty, prácticamente unas tres cuartas partes del ciclo escolar, además del trabajo que tuvo con ustedes en una materia desde el cuarto semestre. Pues bien, considero un acto providencial haberla tenido tan cerca, porque pudieron conocerla y admirarla. Estoy seguro que su ejemplar manera de vivir la vocación escolapia fue suficiente para que ustedes sepan apreciar lo afortunados que han sido; pero no debe quedar ahí. Es tiempo de manifestar que no sólo han sido capaces de dejarse eclipsar por tanto ejemplo que ella les dio, sino de dar una respuesta no sólo con su admiración, sino con la acción, tal como ella les exigió desde sus clases y su labor tutorial: no basta saber qué falta, sino que falta emplear las manos, las acciones y la práctica en el mundo para mejorarlo. Y a ustedes les empieza a llegar la hora de demostrarlo.
Eso me lleva al último punto. Es sencillo decirlo. Es tremendamente difícil llevarlo a cabo. Les toca a ustedes hacer que este cambio al que se someten, o del que les ha llegado el tiempo, sea para demostrar lo que verdaderamente pueden hacer. De ese modo, deben ustedes ser señal del verdadero cambio que la sociedad necesita. Si el mundo los incita a ser del montón, ustedes deben distinguirse por su valentía y por los valores que, al menos la Madre Paty, les demostró que se pueden vivir. 
Si el mundo les restriega en la cara la bajeza y el abaratamiento de las relaciones, ustedes demuéstrenle al mundo que nada en las relaciones es superficial y endeble, sino, con la ayuda de Dios, debe ser fuente de fortaleza y de perdurabilidad. Si el mundo les ofrece el éxito pasajero y les pide como moneda de cambio su dignidad o el pisoteo de la dignidad de otros, ustedes demuéstrenle al mundo que todo se puede sin agraviar y que la verdadera felicidad nada tiene que ver con el éxito pasajero. Si el mundo los embiste con toda clase de placeres y de perdición, ustedes demuéstrenle al mundo que su dignidad es mucho más grande que esas furtivas satisfacciones. Si el mundo les enseña la miseria, ustedes enséñenle al mundo la riqueza del amor, de la fraternidad, de la oración y hasta de Dios. Sepan ir por la vida, entonces, sin olvidarse de Dios. Es totalmente relevante aun cuando ustedes no le encuentren la necesidad.
A partir de ahora estarán desprovistos de la cercanía y la vigilancia que aquí se les trató de ofrecer y sólo sus más arraigadas convicciones religiosas y sus principios de integridad y de dignidad, les podrán proteger de un mundo muchas veces hostil y prejuicioso por el tipo de Colegio de donde ustedes dirán que provienen.
En fin, pues, a ustedes les toca darle sentido a esta oportunidad del cambio que tanto anhelaban en las semanas o meses pasados.
Que Dios los bendiga siempre dondequiera que se encuentren. No olviden a su familia y si pueden, recuérdenos o visítenos. Aquí los esperaremos con los brazos abiertos, pues esta es su escuela.
Muchas gracias.

Julián Hernández Castelano. Director.

Tlaxcala, Tlax. 03 de julio, año de la fe, 2013.

Hablar de Dios

domingo, 30 de junio de 2013 0 comentarios

Pude ver hace unos días un filme verdaderamente «conmocionante», si puedo proponer esta derivación como neologismo, más que conmovedor. Se llama “Una aventura extraordinaria” (Life of Pi), del director Ang Lee, año 2012. Se trata de un naufragio padecido por un joven hindú; mas no se trata sólo del naufragio, sino acerca del hablar de Dios. El sobreviviente cuenta dos historias paralelas de su hazaña: en una sobrevive milagrosamente con un tigre de bengala; en otra da cuenta del drama de supervivencia vía la desesperación inspiradora de la muerte entre los últimos sobrevivientes, quedando sólo él. El mismo protagonista propone que sus dos historias tienen que ver con Dios porque al final, cuando da a elegir uno de los relatos, él presupone que Dios elegiría la predispuesta por la inercia de la película sobre el espectador. De cualquier manera, haber sobrevivido en tales condiciones no deja mucho espacio para prescindir de lo sagrado.
Es este tema de lo sagrado, el verdadero y mayor de los problemas de la filosofía, según propone un maestro que ha escrito no pocas páginas para estudiar y escudriñar los temas que permean la discusión filosófica de nuestros días. El de la religión es «el» problema por antonomasia en el plano filosófico, y con ello el de lo sagrado, el de Dios. No ha habido un sistema filosófico, una idea, una propuesta, una meditación, un pensamiento por muy alto o profundo que sea, que no se haya topado con el fondo mismo de todo asunto trascendente, es decir, que no haya rozado con el problema de lo sagrado. Hablar de Dios, pues, por muy tema tabú en el ámbito «laico», por mucho que los paladines de la secularización se empeñen en acallarlo, terminan restándole la importancia y los trabajos a un sinnúmero de veros pensadores.
Se sabe, por otra parte, que ciertos pueblos han considerado el tema de lo sagrado  de una manera tan importante que hasta era necesario callarse el nombre de Dios, precisamente por tan sagrado, tan sublime. Por contraparte, en nuestros ámbitos secularizados se banaliza el uso del término que designa a Dios porque se le ha desprovisto de todo contenido inherente a su naturaleza, es decir, se le ha «desacralizado».
Ya ni siquiera se puede hablar de Dios tan abiertamente sin que se levanten sospechas de fanatismo por parte de los no pocos espíritus «ilustrados» o jacobinos de nuestros días.
Urge hablar de Dios. A ver si con ello se despierta un poco más el interés de quienes no sólo le han negado los oídos a su Palabra, sino a los que han cerrado toda posibilidad de su experiencia viva. Urge porque el creyente muchas veces dice serlo; pero se niega a asumirse como “practicante”. Urge porque hasta para opinar sobre religiones resulta ahora que los “expertos” son esos académicos agnósticos vacíos de toda creencia en lo sagrado y propensos a pontificar sobre esos asuntos como si les fuesen propios. Urge porque desde el ámbito secular de un Estado equívocamente llamado «laico» cuando más bien se asume como ateo, desde ahí se pretende invadir el espacio de la religión y juzgar sobre lo más íntimo y sagrado mediante la irritante espada de lo “políticamente correcto”. Urge hablar de Dios porque así se muestra la esperanza de que Dios hable por medio de las palabras de quien desee hablar de Él con toda sinceridad y compromiso. Le entro.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana, Chiautempan, Tlaxcala.

30 de junio, año de la fe, 2013

El miedo al vacío

domingo, 9 de junio de 2013 0 comentarios

Nadie tiene asegurado vivir un sólo día más. Nadie puede, por más que se esfuerce, añadir por propia voluntad un segundo más a su existencia. Nadie puede agregar un milímetro más a su estatura nada más por ocurrencia espontánea.

  Estamos en el mundo y eso es lo único que podemos tener como certeza vital. Algún día ya no estaremos, ciertamente, y no a pocas personas eso les provoca cierta angustia, incertidumbre, dificultad para imaginarlo. Me cuento entre esas personas. Frecuentemente les he llegado a decir a mis alumnos o familiares: "si por alguna razón me muero y ya no puedo decirte esto o aquello, mejor te lo digo ahora", o algo así por el estilo.

  Me está pasando lo mismo ahora; pero pienso en los posibles lectores, incluso los no conocidos por mí en el espacio físico. Pienso que debo decir algo antes de que me sorprenda el fin. Máxime si ese fin es la nada, pues allende mi fe, mis convicciones religiosas, siempre estará este miedo presente.

  Me he dado cuenta que este mismo miedo ha sido experimentado por no pocas personas a lo largo de la historia. Creo que este era el sentimiento de Pascal cuando escribió: "el silencio eterno de los espacios infinitos me aterra". Me parece que era el mismo sentimiento que tenía incluso Miguel de Unamuno cuando escribía sobre la nada y sobre la necesidad de la inmortalidad y de la pervivencia de la consciencia a pesar del fin, del acabóse vital orgánico.

  En fin, pues, no quiero insinuar que soy como estos dos grandes pensadores y genios. Simplemente deseo transmitir algo ahora que se puede; ahora que la civilización ultramoderna nos permite llegar por lo menos a nuestros conocidos por el ciber-espacio. En otros tiempos no era posible. Dice un maestro y amigo mío que, por ejemplo, a José Ortega y Gasset le publicaban absolutamente todo y que, ciertamente era un excelente escritor, pero ya el hecho de ser hijo y nieto de periodistas, empresarios del periodismo, eso le permitía ser publicado aunque en su vasta obra existan algunos escritos francamente infumables. No todos, pues, tenemos la fortuna de apellidarnos Krauze, Junco, Marín, Vázquez-Raña o cualesquiera de los apellidos periodísticos de nuestra circunstancia y por ello habrá que buscar los medios para hacer saber nuestras ideas, si éstas verdaderamente ameritan quién o quiénes puedan apreciarlas y hasta comentarlas. La finalidad es recrear esta vida mientras la tenemos, hacer un poco de comunidad, acompañarnos, regocijarnos por haber coincidido en el tiempo y en el espacio y, ¿por qué no?, enriquecer nuestra estancia en el mundo con ideas, certezas, opiniones, etc.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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