La oportunidad del cambio

miércoles, 3 de julio de 2013 0 comentarios

Dedicado a los alumnos que egresan del Bachillerato del Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, Tlaxcala.

Dedicado también a los jóvenes de mi parroquia de Jesús María y José en Querétaro que también egresan de diversos niveles. Espero que lo lean.

Los primeros tres y los últimos cuatro párrafos se los dedico a todos los jóvenes que en este año se van a la Universidad, de cualquier escuela preparatoria de la que salgan.

Muy queridos jóvenes:

Mucho se podría decir con figuras retóricas y una extrema emotividad acerca del fin de un camino, del cambio operado en ustedes a través de estos años del Bachillerato, del paso trascendental en la vida que ustedes van a dar al estar en los umbrales de la Universidad.
Mucho podría abundarse sobre los sentimientos experimentados por cada uno de ustedes al haber compartido con nosotros, ya sea la etapa última del Bachillerato, ya sea desde la Secundaria, desde la primaria, o incluso desde el prescolar.
Podríamos incluso abundar sobre el cúmulo de experiencias en esta su escuela, mismas que seguramente no habrán de olvidar. No pretendemos borrar todo eso, ni amargar la disposición que tienen ante la nostalgia de la despedida entre ustedes mismos y respecto de nuestra escuela; pero más bien quisiera cambiar un poco la tonalidad de estas palabras para hacerles observar otros aspectos de este día tan especial:
Primeramente agradecerles a ustedes, de todo corazón, por haber prestado su disposición para estudiar y estar aquí con nosotros, sus profesores y directivos de la escuela. Gracias porque han sabido soportar las dificultades del estudio. Gracias porque se han esforzado para llegar a este momento. Gracias por acatar nuestras disposiciones. Gracias porque pudieron y quisieron prodigarse, darse a los demás. Gracias a sus papás por tenernos la confianza de ayudarles con la educación de ustedes. Gracias por ver en el Colegio Sor Juana Inés de la Cruz el lugar idóneo para cursar parte o mucho de su formación.
Enseguida me gustaría resaltar algo muy concreto, puntual y especial acerca de su grupo: ustedes tuvieron el privilegio, la oportunidad y el honor de haber tenido como tutora a la Madre Paty, prácticamente unas tres cuartas partes del ciclo escolar, además del trabajo que tuvo con ustedes en una materia desde el cuarto semestre. Pues bien, considero un acto providencial haberla tenido tan cerca, porque pudieron conocerla y admirarla. Estoy seguro que su ejemplar manera de vivir la vocación escolapia fue suficiente para que ustedes sepan apreciar lo afortunados que han sido; pero no debe quedar ahí. Es tiempo de manifestar que no sólo han sido capaces de dejarse eclipsar por tanto ejemplo que ella les dio, sino de dar una respuesta no sólo con su admiración, sino con la acción, tal como ella les exigió desde sus clases y su labor tutorial: no basta saber qué falta, sino que falta emplear las manos, las acciones y la práctica en el mundo para mejorarlo. Y a ustedes les empieza a llegar la hora de demostrarlo.
Eso me lleva al último punto. Es sencillo decirlo. Es tremendamente difícil llevarlo a cabo. Les toca a ustedes hacer que este cambio al que se someten, o del que les ha llegado el tiempo, sea para demostrar lo que verdaderamente pueden hacer. De ese modo, deben ustedes ser señal del verdadero cambio que la sociedad necesita. Si el mundo los incita a ser del montón, ustedes deben distinguirse por su valentía y por los valores que, al menos la Madre Paty, les demostró que se pueden vivir. 
Si el mundo les restriega en la cara la bajeza y el abaratamiento de las relaciones, ustedes demuéstrenle al mundo que nada en las relaciones es superficial y endeble, sino, con la ayuda de Dios, debe ser fuente de fortaleza y de perdurabilidad. Si el mundo les ofrece el éxito pasajero y les pide como moneda de cambio su dignidad o el pisoteo de la dignidad de otros, ustedes demuéstrenle al mundo que todo se puede sin agraviar y que la verdadera felicidad nada tiene que ver con el éxito pasajero. Si el mundo los embiste con toda clase de placeres y de perdición, ustedes demuéstrenle al mundo que su dignidad es mucho más grande que esas furtivas satisfacciones. Si el mundo les enseña la miseria, ustedes enséñenle al mundo la riqueza del amor, de la fraternidad, de la oración y hasta de Dios. Sepan ir por la vida, entonces, sin olvidarse de Dios. Es totalmente relevante aun cuando ustedes no le encuentren la necesidad.
A partir de ahora estarán desprovistos de la cercanía y la vigilancia que aquí se les trató de ofrecer y sólo sus más arraigadas convicciones religiosas y sus principios de integridad y de dignidad, les podrán proteger de un mundo muchas veces hostil y prejuicioso por el tipo de Colegio de donde ustedes dirán que provienen.
En fin, pues, a ustedes les toca darle sentido a esta oportunidad del cambio que tanto anhelaban en las semanas o meses pasados.
Que Dios los bendiga siempre dondequiera que se encuentren. No olviden a su familia y si pueden, recuérdenos o visítenos. Aquí los esperaremos con los brazos abiertos, pues esta es su escuela.
Muchas gracias.

Julián Hernández Castelano. Director.

Tlaxcala, Tlax. 03 de julio, año de la fe, 2013.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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