Ya se fue de México el Papa y aún resuenan los ecos de sus palabras.
Para quienes de verdad desean conocer, estudiar, reflexionar y rumiar mentalmente sus mensajes hay un e-book con todo lo que pronunció, incluso las palabras fuera de los discursos oficiales y las improvisaciones emitidas por Francisco.
Mucho se seguirá escribiendo sobre el asunto, tanto por las palabras, como por los actos, los gestos y el fervor religioso con el que fue recibido, acompañado y despedido. Se dirá algo de las coberturas televisivas y sus propósitos, sobre las personas que pudieron verlo y dar su testimonio y hasta de las posibles y muy probables triquiñuelas de quienes se las arreglaron para verlo, aun sin merecerlo o estar programados para hacerlo.
El que esto escribe lo pronosticó antes: los comecuras, ateos gracias a Dios, agnósticos, jacobinos, "expertos", los políticamente correctos habrían de interpretar los gestos, palabras y obras del Papa según su contentillo, o bien, manifestarían su decepción porque el Papa no habló sobre lo que ellos querían que hablara, porque no recibió a quienes ellos querían que recibiera, no condenó a los que ellos querían que condenara o no hizo lo que ellos querían que hiciera. También pude afirmar que el Papa hablaría y actuaría conforme a la fe cristiana y al Evangelio. Así fue, nadie lo puede dudar, aunque los intelectuales resentidos o francamente hostiles seguirán buscando motivos para tensar la cuerda.
No ha faltado quien diga, por ejemplo, que cuando el Papa les pide a los Obispos arreglar las cosas como hombres es porque la Iglesia siempre ha marginado a las mujeres. O bien, quien todavía reclama en su espacio periodístico por qué no habló de Marcial Maciel, la pederastia y demás asuntos polémicos de actualidad. Hay quienes afirman que el Papa pasó por alto lo que ellos consideran insoslayable, como reunirse con los papás de los 43 de Ayotzinapa.
Pasó de noche para ellos esta histórica visita. No se dan cuenta que en los mensajes que dio se refirió constantemente a los problemas más importantes del país: la corrupción, la inseguridad, la falta de oportunidades, etc. Asimismo logró actualizar y adaptar el mensaje evangélico a la realidad actual de nuestro país, amén de los gestos y lo entrañable que resultó, además de lo simbólico, el haber estado con los vulnerables, desprotegidos, los presos, los niños, los jóvenes, las familias, los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, los obispos y hasta con los políticos. Todos necesitados de las palabras del Papa y del mensaje de Jesús.
No es lo mismo hacer ruido estruendoso, recalcitrante y obstinado desde los propios afanes de hostilidad versus la Iglesia y la Religión, que hacer eco de los mensajes papales.
Semanas antes de la visita, rescaté de entre mis libros el de la entrevista que concedió Benedicto XVI al periodista Peter Seewald para editar el volumen "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos". Publicación cercana a la renuncia de Benedicto. Allí se ve cómo el entonces Papa responde sobre la figura papal, la noción errónea que tenemos sobre el asunto de la infalibilidad y el papel de la Iglesia en nuestros tiempos.
Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, nos preparó el camino para entender hoy a Francisco y disfrutar de su vitalidad, su entrega y la capacidad para dinamizar la vida de la Iglesia. Francisco, como buen vicario de Cristo es luz del mundo, aún con todos los errores que como ser humano pueda tener o las posturas que resultan polémicas para todos los lados extremos de las ideologías imperantes en nuestro mundo. Es el Espíritu Santo quien le asistirá a pesar de ello, tal vez.
Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.
19 de febrero, Año Santo de la Misericordia, 2016.
@jhcastelano
