Me pidieron en mi escuela dirigir unas palabras con ocasión de esta fecha. Allá ellos y acá yo diciendo esto:
Como todas las fechas importantes que se nos ha acostumbrado a celebrar en nuestro país, ésta en particular nos interpela para reflexionar sobre eso que motiva nuestro homenaje, no sólo porque en nuestro estado vecino realizan un muy vistoso desfile y prácticamente se paraliza toda actividad para favorecer la celebración, ni tampoco porque el calendario escolar marca un día de descanso en las clases. No por ello es que existe la celebración del cinco de mayo y no debemos verlo tan fríamente como para regocijarnos de no tener que trabajar. Tampoco cabe la indiferencia ni la indolencia ante el sacrificio de tantos jóvenes y no tan jóvenes combatientes que en esa memorable batalla entregaron su vida.
Celebramos, ciertamente, una batalla ganada al que entonces era el ejército más poderoso del mundo, pues habían extendido su poderío a través de varias décadas a diversos lugares de Europa misma y algunas colonias propias en otros continentes; así, se antojaba para ellos relativamente provechoso el que pudieran invadir nuestro país para avanzar hacia los Estados Unidos, quienes se encontraban en plena guerra civil entre los ejércitos del Norte contra los del Sur y era propicio entonces aprovecharse de ello. La batalla ganada por nuestro país fue de provecho para Estados Unidos porque, eso dicen los historiadores, retrasó el avance francés, dio oportunidad a que Estados Unidos superara su guerra interna, se fortaleciera y exigiera la retirada de los franceses al menos de México, pues la guerra a la postre fue ganada por los franceses; pero ya no pudieron consumar su intención de avanzar y después del fracaso del segundo imperio mexicano, promovido por ellos y capitalizado con la presencia de Maximiliano de Habsburgo, tuvieron que irse.
La batalla, pues, fue ganada. La guerra fue perdida; pero al final, sea porque en Europa misma el poder de la dinastía napoleónica disminuyó, o sea porque la política del Imperio Mexicano, representado por un extranjero, fracasó, no se dio la invasión francesa en México ni nos convertimos en colonia, sino que seguimos siendo libres y soberanos.
¿Qué festejamos entonces o qué celebramos, si bien podríamos juzgar que al no ganar la guerra sino una simple batalla, no tendría sentido regocijarnos por esta fecha? Celebramos el heroísmo de quienes pudieron, aunque sea por única ocasión, derrotar al ejército más poderoso del mundo. Celebramos la unidad de los pueblos, de las bases, como se podría decir, pues es bien sabido que por estas zonas del Altiplano unos hombres llamados los zacapoaxtlas constituyeron la fuerza principal de esa victoria. Celebramos la capacidad de reaccionar frente a los invasores extranjeros y defender lo que nos pertenece. Celebramos la valentía, el arrojo, la entrega.
Hoy tendríamos que responder con otras formas de entrega, de arrojo y de valentía. Hoy tendríamos que conocer lo que pasa en el mundo para saber cómo vamos a actuar ante lo que nos interpela. Hoy nuestra valentía tendría que ser la de estudiar más, prepararnos mejor, mirar al prójimo y ayudarle a ser mejor, porque sólo procurando el bien para los demás, también nosotros estaremos bien. Hoy nuestra entrega debe ser la de perfeccionar lo que hacemos, no conformarnos, no caer en el vicio de la monotonía ni ceder ante la tentación de la inconstancia. Hoy debiéramos tener la valentía de emprender nuevas cosas.
Los pequeños podrían aprender lo bueno de sus papás y de sus mayores, si es que les podemos dar ejemplo. Los mayores podríamos aprender de la pureza del corazón de los más pequeños. Los adolescentes podrían procurar el bien de sus cuerpos, de sus personas y de los demás.
Los jóvenes podrían emprender ya desde ahora un proyecto de vida y mirar qué herramientas académicas o intelectuales les han de servir para lo que pretenden hacer en el futuro.
Los maestros podríamos enseñar a nuestros alumnos a que le den sentido a este tipo de fechas y de celebraciones, pues sobra decir que deberíamos ser los primeros en saberlas y conocer lo que se celebra.
Alegrémonos, pues, por tener estos motivos de regocijarnos por los destellos de grandeza que como país hemos manifestado y trabajemos para que esa grandeza se forje en el día a día con lo que hacemos, pues por eso estamos aquí.
Cinco de mayo
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