Hablar
sobre la muerte desde la filosofía es casi como hablar de una gota de agua del
mar: hay tantas fuentes, ideas, posturas, corrientes y pareceres que
difícilmente puede uno arrancar o sustraer una síntesis por demás adecuada o
esperada. Y sin embargo, tal como la gota del Océano, respecto del todo se
reconoce que es agua, así lo que se pueda elucubrar sobre la muerte en
filosofía es sobre el mismo objeto o sobre la misma esencia; pero más
exactamente, sobre un mismo acontecimiento.
No
pudiendo examinar todas y cada una de las ideas sobre la muerte, haremos una
selección de ellas, emanadas de algunos filósofos o civilizaciones, sin el
ánimo de ignorar las demás posturas. Luego consideraremos algunas ideas de las
que corresponden al ámbito de lo mexicano, no sin advertir que también en este
caso estamos frente a otro mar de diversidad y de riqueza tradicional y
conceptual. En este sentido nos veremos obligados a exponer, tanto la versión
prehispánica muy someramente, como la versión cristiana por cuanto ha permeado
con su influjo aquello que llamamos “tradición mexicana” sobre la muerte.
Habremos
de enunciar también unas pocas de las ideas de Rulfo, principalmente dentro de
la obra Pedro Páramo, sin una
erudición o pericia de auténtico lingüista o literato, sino con una cierta capacidad
de asombro cual filósofo interesado y curioso.
Nuestro
cierre tendrá que ver con Miguel de Unamuno y sus ideas sobre el anhelo de
inmortalidad, pues es con él que podremos asentar esa desgarradora esperanza de
la vida allende la muerte.
1.
El
hecho de la muerte.
Pocas
certezas hay en la vida sin necesidad de la prueba. Una de ellas es la muerte.
Podremos negarnos a saber o a reconocer cualquier asunto; pero no podremos
negar la inminente, misteriosa, inefable y espantosa realidad de la muerte. Y
aun aventuramos un juego de palabras respecto de que si no podemos negar que
habremos de morir es porque aceptamos que estamos vivos. Si de hechos se trata,
entonces, hay que aceptar el único inminente: que algún día llegará el fin con
eso que llamamos muerte.
Ya
el imaginarnos el fin de esta secuencia de nuestros acontecimientos que
llamamos vida nos puede producir por lo menos un temblor interno y en algunos
casos una angustia indecible o ya en un extremo hasta un ataque al borde del
colapso. Se nos tiende a hacer insoportable la idea de morir, si de verdad lo
asumimos hasta sus últimas consecuencias. No cabe el consuelo ante la certeza
del fin que algún día habrá de llegar para cada quien.
2.
Ecos.
a)
Mnemosine.
Es
Ángel María Garibay quien nos hace un resumen muy escueto sobre la creencia que
en general se tenía en la mitología griega acerca de la muerte. Nos repite lo
que en su momento asienta Hesíodo, Homero y Esquilo: que las almas cruzan el
río del Tártaro y que Caronte pide la moneda que bajo sus lenguas esconden los
que descienden al Hades; que no hay quien pueda escapar a ello, pues quien así
lo intentare será presa del Can Cerbero; que espera el mal o los Campos Elíseos
para los buenos y que el cortejo va acompañado de las diosas Euménides
ataviadas de color púrpura hasta el destino inevitable del más allá. Hay varias
regiones en los Campos Elíseos y entre ellas las almas pueden eventualmente
trasladarse por la fuente de Mnemosine, es decir, de la Memoria. La importancia
de esta fuente nos evoca definitivamente el anhelo de la inmortalidad, de la
permanencia de la memoria a pesar de las penurias o de las regiones donde se
mueva en esa suerte de inframundo. No puede dejar de inquietarnos el pensar que
para los griegos es muy importante guardar memoria, que el recuerdo o la
huella, entonces, de nuestro paso por la vida se perpetúe.
Si
bien Werner Jaeger, por su parte, duda que los antiguos griegos realmente
creyeran en la inmortalidad del alma, los textos platónicos lo desmienten al
menos por el anhelo presente también en ellos acerca de la inmortalidad. Ya
desde la Apología de Sócrates se advierte la pretensión de la permanencia de la
vida allende la muerte; mas se especifica, empero, en el diálogo de El Fedón, donde se dan las pruebas de la
inmortalidad del alma por parte de Platón, a saber, la de los contrarios, la
reminiscencia, la simplicidad y la del principio vital; o incluso en otros
diálogos en los que abunda sobre visiones alegóricas del alma después de la
muerte, como la del Auriga o incluso una interpretación de la Caverna sugiere
esa liberación del mundo de los sentidos en aras de la contemplación en la
eternidad.
Según
el mito del origen de Zeus y de todos los dioses del Olimpo, se sabe y se dice
que uno de los titanes, acaso el más poderoso, Cronos, devoraba a los hijos que
engendró con Rea, hasta que ésta le oculta a Zeus y cuando crece el dios del
Rayo apresa a Cronos, le hace vomitar a sus hermanos los otros dioses con los
que después conformará el Olimpo y ata a su padre, lo encadena al curso de los
Astros, en los dominios de otro titán llamado Urano. Así Zeus se escapa del
tiempo y se proyecta a la eternidad, convirtiéndose en el patriarca de los
dioses del Olimpo. Extraño mito que, si lo interpretamos de otra manera, nos
damos cuenta que —mortales como somos— a la vez nos asumimos como vástagos del
tiempo, cuando no sus esclavos y que la única manera de huir de él es anhelando
y logrando la eternidad para ser ajenos a su paso devorador.
b)
Los
rituales y los sacrificios.
Antes
mencionábamos la fuente de Mnemosine. Omitimos un dato importante: había alguna
posibilidad de salir del Tártaro o del Averno, y era la de que las almas se
pudieran sentir libres gracias a la sangre que en el mundo de los vivos le
pudieran tributar mediante sacrificios quienes dedicaran en honor de ellos las
llamadas hecatombes. La figura del sacrificio entonces tiene un antecedente
relacionado con la redención de la muerte, con el anhelo de la eternidad y con
el sueño de la vida perenne.
Es
René Girard quien hace una completa síntesis del significado antropológico del
sacrificio; pero para llegar a su sentido primigenio o fundamental enclavado en
la conciencia religiosa de lo divino. La
Violencia y lo Sagrado, es una de sus obras, El Chivo Expiatorio o Veo a
Satán caer como el Relámpago, son estudios que el mismo Girard hace para
develarnos el mecanismo de la violencia mimética operada en los sacrificios.
Con este mismo autor encontramos que en repetidas ocasiones y en distintas
civilizaciones suele creerse que al ofrecer un sacrificio, es decir, al matar a
alguien se crea nueva vida: son los llamados sacrificios fundacionales o
fundadores de civilizaciones. En ese sentido la víctima suele convertirse en la
divinidad. Así la muerte de algo es origen de la vida de otros seres. La muerte
da vida, pues, en la conciencia de los sacrificios rituales de las antiguas
civilizaciones.
La
novedad de la Biblia, nos hace observar Girard, es que el esquema de los
sacrificios rituales es un proceso malogrado porque no cesa de romper el ciclo
la acción divina, la acción del Dios Yahvé para los textos veterotestamentarios
y luego la increíble, inverosímil y penosa realidad de la cruz con el Cristo
colgado y sacrificado para la redención definitiva ante la posibilidad de la
nada o del mal. El sacrificio de Jesús sería entonces el definitivo y se podrá
aspirar por la vía, por el camino de su seguimiento al ser siempre, al ser sin
tener fin. Mirar y tender a la eternidad parece ser la única esperanza
entonces, para no ser devorados por Cronos, es decir, imitar a Zeus; es decir,
imitar a los dioses, a la divinidad, a lo sagrado. En el ámbito cristiano no
hay más que ser los seguidores de aquel que operó el sacrificio por
antonomasia.
3.
El
caso “mexicano”.
El
Fraile Bernardino de Sahagún hace una recapitulación de las creencias
prehispánicas en torno de la muerte.[1]
No será la única fuente; pero sí una muy explícita para nuestro cometido. Los
muertos pueden ir a tres lugares distintos a su partida: al infierno, donde
estaba el diablo llamado Mictlantecutli, al paraíso terrenal o Tlalocan; o
bien, al cielo, casa del sol.
Ante
el Mictlantecutli iban las almas de los que habían muerto por enfermedad. A
estos sus parientes y conocidos les tributaban larguísimas exequias u
obsequias: desde palabras con las cuales les expresaban de diversas maneras las
enumeraciones de las penurias por las que hubieron pasado en vida; quemaban sus
pertenencias y los hacían acompañar de unos perros que en vida les pertenecían,
para que éstos les ayudasen nadando a cruzar el río y le daban algo para
llevarle al señor Mictlantecutli, de quien se dice ser el diablo, para dejarle
en ofrenda lo necesario. Este lugar era igualmente de penas y de zozobra. Si el
difunto era noble o amo, sacrificaban también a sus esclavos y esclavas para
acompañarlo.
El
segundo destino de las almas podría ser el paraíso terrenal, o Tlalocan, donde
iban las almas que morían partidos por el rayo o por enfermedades terribles
como la lepra, la sarna u otra así de grotesca. Este lugar no contiene pena
alguna, sino refrigerio y regocijos, así como abundancia de la tierra. Las
exequias al parecer se asemejaban a la despedida dada para quienes comparecían
ante el Mictlantecutli.
Un
último destino posible para las almas es la casa del sol. Allí arribaban las
almas de los guerreros poderosos muertos en las guerras, cautivos, asesinados a
cuchillo, aporreados o vejados en general. Estas almas podían alzar sus voces
con la alborada mientras el sol reverbera sus rayos en el mundo. Lugar de
arboledas, bosques y las ofrendas de quienes les tributaban desde este mundo,
las cuales recibían con agrado y favores a cambio para los mortales. Luego de
un tiempo estas almas se transforman en diversos géneros de aves de plumajes
extraordinarios y cantos celestiales, chupando las flores del cielo y las de
este mundo.
A lo
largo de los siglos posteriores a lo que pudo haber observado el fraile, la
tradición sigue viva. No siempre se le ha estimado sobremanera, empero, pues no
ha faltado el sinsentido propiciado por el desinterés o la ignorancia de las
generaciones nuevas. Ya poco se puede encontrar a quien sepa por qué se
utilizan tales o cuales materiales o elementos en las llamadas ofrendas que se
les ponen a los difuntos por los primeros días de noviembre. La riqueza de la
fusión de las ideas prehispánicas con la teología católica ha resultado en una
amalgama, un crisol de simbolismos y creencias sobre la posibilidad de la vida
eterna, sobre el anhelo de inmortalidad, pues ha sido la cristiandad el campo
fértil para dar continuidad al sueño de la perpetuidad de la conciencia o del
alma. Incluso por la Solemnidad de Todos los Santos, en cuya celebración se
pretende rendir tributo a los campeones de la fe, es decir, a la llamada
Iglesia triunfante en la eternidad; luego a los Fieles Difuntos, que esperan la
llamada de la redención para poder entrar en el Paraíso; por eso, decíamos, la
riqueza ha rebasado el mero simbolismo de las ofrendas y se traslada al ámbito
de la belleza del rito litúrgico y la oración oportuna ante el misterio de la
muerte para esperar la vida eterna.
4.
«Yo
también soy hijo de Pedro Páramo».
La
edad de trece años tenía el que esto escribe cuando tuvo la catártica
experiencia de leer su primer libro sin contar, desde luego, esos ambiguos y
coloridos libros de texto de los años ochenta. Ahora se trataba de hacer un
ejercicio de lectura más libre, consistente, formal y a la vez relajado, fuera
de todo compromiso inherente a la escuela. Se trataba de El llano en llamas, de Juan Rulfo. Unos cuatro años después
retomamos el autor para descubrir o elucubrar con Pedro Páramo una divertida hipótesis sobre nuestro origen en esas
tierras ejidales del bajío queretano. No pudo haber mejor manera de comenzar
una carrera de simbiosis con los libros que leer a Juan Rulfo. El triunfo de
las letras y del espíritu estaba garantizado, pues esa sencillez aparente y la
soltura en la expresión más la combinación del lenguaje coloquial con la
pericia en el ritmo de sus expresiones, ya no digamos de la ficción retratada y
el realismo entresacado de sus obras fundamentales, terminaron por atraer este
espíritu inquieto al maravilloso mundo de los libros.
Nos
hemos dado cuenta de esa realidad que hace retorcer las entrañas cuando se le
piensa: todos están muertos en el Pedro
Páramo de Rulfo. Muchas son las observaciones y muchos los análisis que se
pueden hacer a la obra. Yo me quedo con la manera en la que hace “vivir” a los
muertos, cómo cobran vida mientras se relata y se yuxtaponen los pasajes de las
vidas de esos muertos. Me quedo con la descripción de la personalidad de cada
uno de ellos, con el silencio y el repentino tumulto bullicioso, con los ecos de
una realidad mexicana en el campo, en sus supersticiones y sus mitos; en sus
creencias y sus tradiciones; en sus convicciones y sus temores; en suma, en la
manera como Rulfo nos evoca la continuidad de la tradición mexicana que suele
extasiarse con la idea de la muerte porque le desafía y con ello anhela la
eternidad mientras le rinde culto y honor a los que ya partieron. Me quedo con
esa imagen tipo “El Padrino” a la mexicana que proyectaba el cacique Pedro
Páramo, con la idea no resentida de que nuestro origen en más de algún caso estuvo
en el modo como los patrones disponían de las mujeres, engendraban hijos y
poblaban asimismo los caseríos del peonaje que dependía a su vez de los
vaivenes de la vida y la riqueza poseída y administrada por los patrones de las
grandes haciendas. De ese modo podemos ser hijos de Pedro Páramo y nuestro reto
es mirar la realidad sin negarla ni renegar de ella, ni por nuestra cultura, ni
por nuestra fe que nos da verdadera identidad.
Las
voces de los muertos llenan el espectro de la realidad que atestigua Juan
Preciado, quien buscaba a su padre el célebre Pedro Páramo. Todas las vidas y
las historias que se entrelazan en la trama nos hablan de esa suerte de pesadumbre
y de angustia ante la nada. Al final podemos identificarnos con la sed de ser
para siempre, como lo expresa Damiana Cisneros a Juan Preciado refiriéndose al
anuncio que le hizo la madre de éste, doña Dolores Preciado, cuando su hijo
habría de ir a Comala: el deseo de encontrarse allende la muerte «por los
caminos de la eternidad».[2]
5.
Por
si nos aguarda la nada.
A
Don Miguel de Unamuno se le murió un hijo de dos años en 1902. Fue entonces que
su filosofía, ya de por sí excelsa, se tornó puntillosa y verdaderamente
existencial; pero además deseosa de eternidad:
«¡Oh,
quién pudiera prolongar este dulce momento y dormirse en él y en él
eternizarse! ¡Ahora y aquí, a esta luz discreta y difusa, en este remanso de
quietud, cuando está aplacada la tormenta del corazón y no me llegan los ecos
del mundo! Duerme el deseo insaciable y ni aun sueña; el hábito, el santo
hábito reina en mi eternidad; han muerto con los recuerdos los desengaños, y
con las esperanzas los temores.» Como un eco de lo que San Agustín decía del
tiempo y la eternidad, don Miguel nos hace contemplar el momento presente y la
certeza de sabernos vivos en el aquí y en el ahora y de sustraernos a la
posibilidad del fin de esto, anhelando así la eternidad. Así podemos estar, si
tomamos conciencia de que hay lo contrario al estar aquí y al estar vivos y
sentir la ausencia de quien ya no está con nosotros. Asimismo se duele por la
latente evidencia de que algún día dejará de ser carne y pasar la vida así:
«Tiemblo ante la idea de tener que desgarrarme de mi carne; tiemblo más aún
ante la idea de tener que desgarrarme de todo lo sensible y material, de toda
sustancia. Si acaso esto merece el nombre de materialismo, y si a Dios me
agarro con mis potencias y mis sentidos todos, es para que Él me lleve en sus
brazos allende la muerte, mirándome con su cielo a los ojos cuando se me vayan
estos a apagar para siempre.»
Dice
Unamuno que Kant se preocupó del problema más apremiante e importante de la
vida humana, a saber, la inmortalidad del alma; la perpetuación eterna, o no,
de la vida más allá de la muerte carnal.
«Kant reconstruyó —nos dice— con el corazón lo que
con la cabeza había abatido. Era un hombre muy preocupado del problema, del
único verdadero problema vital, del que más a las entrañas nos llega, del
problema de nuestro destino individual y personal, de la inmortalidad del
alma. El hombre Kant no se resignaba a morir del todo. Y porque no se resignaba
a morir del todo, dio el salto aquel, el salto inmortal de una a otra crítica.»[3]
El
papel de la memoria es muy importante para poder sentirse a uno mismo a través
de los recuerdos, por el anhelo y el afán de lograr que los recuerdos perduren
para siempre, porque perseveren y tiendan al porvenir al lado de la propia
conciencia.
En
sintonía con el pensamiento pascaliano, quien no entiende como pudiese haber
personas en el mundo que jamás se hayan planteado la posibilidad de la
persistencia del alma allende el tiempo vital en este mundo, Unamuno dice que
no podemos concebirnos a nosotros mismos como no existentes; no le es posible a
nuestra conciencia la nada de sí misma, la no existencia. El anhelo de
eternidad, es, como última consecuencia, el amor, pues el que ama algo o a
alguien es porque quiere en ello eternizarse.
«¡Todo pasa! —nos dice— Tal es el estribillo de los
que han bebido de la fuente de la vida, boca al chorro, de los que han gustado
del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. ¡Ser, ser siempre, ser
sin término, sed de ser, sed de ser más!, ¡hambre de Dios!, ¡sed de amor
eternizante y eterno!, ¡ser siempre!, ¡ser Dios!, y toda religión arranca
históricamente del culto a los muertos, es decir, a la inmortalidad.»[4]
No
podemos dejar de preguntarnos si estas manifestaciones del deseo de la
eternidad no son otra cosa que el tremendo deseo que podría tener don Miguel
para acercarse a los terrenos de la mística, de la experiencia fundamental de
contacto con Dios.
El
afán de las civilizaciones por sepultar a sus muertos y preservar sus restos,
concentrándolos y realizando ritos diversos, es, para Unamuno, una señal de lo
que realmente se ha buscado siempre, es el anhelo de inmortalidad. El culto a
los muertos no es un culto a la muerte, sino un culto a la perpetuación y a la
inmortalidad.
Y nos propone nuestro autor un ejercicio para
imaginarnos la nada que nos esperaría si no anhelamos la inmortalidad: «Recójete,
(sic) lector, en ti mismo, y figúrate un lento deshacerte de ti mismo, en que
la luz se te apague, se te enmudezcan las cosas y no te den sonido,
envolviéndote en silencio, se te derritan de entre las manos los objetos
asideros, se te escurra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en
desmayo los recuerdos, se te vaya disipando todo en nada y disipándote también
tú, y ni aun la conciencia de la nada te quede siquiera como fantástico
agarradero de una sombra.»[5]
En efecto, un pensamiento así, llevado hasta sus últimas consecuencias,
asumiéndolo con viva imaginación, no puede resultar menos que perturbador. No
podemos concebirnos como una nada así, como no existiendo. Terrible el temor
que manifiesta Unamuno.
Mas todas esas pruebas existentes acerca de la
inmortalidad del alma tampoco dejan satisfecho a nuestro autor, pues no son más
que raciocinios y lo que él pide es saciar la sed vital que tiene de no morirse
nunca: «Fue el sereno Platón, el que, en su diálogo sobre la inmortalidad del
alma, dejó escapar de la suya, hablando de lo dudoso de nuestro ensueño de ser
inmortales, y del riesgo de que no sea vano aquel profundo dicho:
¡hermoso es el riesgo! hermosa es la suerte que podemos correr de que no se nos
muera el alma nunca, germen esta sentencia del argumento famoso de la apuesta
de Pascal. Frente a este
riesgo, y para suprimirlo, me dan raciocinios en prueba de lo absurda que es
la creencia en la inmortalidad del alma; pero esos raciocinios no me hacen
mella, pues son razones y nada más que razones, y no es de ellas de lo que se
apacienta el corazón.»[6]
El anhelo de inmortalidad no es para Unamuno
solamente el anhelo de la perpetuación del alma personal, ni la mística unidad
del alma con Dios, sino el deseo, la voluntad de no morirse nunca: «con razón,
sin razón o contra ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera,
si es del todo, no me habré muerto yo, esto es, no me habré dejado morir, sino
que me habrá matado el destino humano. Como no llegue a perder la cabeza, o
mejor aún que la cabeza, el corazón, yo no dimito de la vida; se me destituirá
de ella.»[7]
Nuestro autor suscribe la idea de quienes piensan
que para darle sentido a nuestra vida, a nuestra existencia es necesario que se
tenga que creer en la vida allende la muerte. También en ello se fundamenta el anhelo
de inmortalidad: «Hay que creer en la otra vida, en la vida eterna de más allá
de la tumba, y en una vida individual y personal, en una vida en que cada uno
de nosotros sienta su conciencia y la sienta unirse, sin confundirse con las
demás conciencias todas en la Conciencia Suprema, en Dios; hay que creer en esa
otra vida para poder vivir esta y soportarla y darle sentido y finalidad. Y
hay que creer acaso en esa otra vida para merecerla, para conseguirla, o tal
vez ni la merece ni la consigue el que no la anhela sobre la razón y, si fuere
menester, hasta contra ella.»[8]
¿Cuál es nuestra verdad cordial y antirracional? La
inmortalidad del alma humana, la de la persistencia sin término alguno de
nuestra conciencia, la de la finalidad humana del Universo. ¿Y cuál su prueba
moral? Podemos formularla así: obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a
juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas
morir. O tal vez así: obra como si hubieses de morirte mañana, pero para
sobrevivir y eternizarte. El fin de la moral es dar finalidad humana, personal,
al Universo; descubrir la que tenga -si es que la tiene- y descubrirla obrando.[10]
[1]
Cfr. Fray Bernardino de Sahagún, Historia
general de las cosas de Nueva España, («Colección “Sepan cuántos…, número 300»),
México, Porrúa, 2013.
[2]
Cfr. Rulfo, Juan, Pedro Páramo,
(«Colección popular, número 58»), IX reimpresión, México, FCE, 1993, p. 17.
[3]
Cfr. Del sentimiento trágico, op.
cit., p. 100.
[4] Op. cit., p. 146.
[5]
Del sentimiento trágico, op. cit., p.
149.
[6] Op. cit., p. 153.
[7] Op. cit., p. 267.
[8] Op. cit., p. 428.
[9] Op. cit., p. 432.
[10] Cfr. Op. cit., pp. 432 – 433.
Fabian Copalcua. Es una lectura llena de un fetén excelente que hace ponerte en reflexión acerca de la meta de la vida que llega a su fin y como también era vista en otros tiempos a través de la perspectiva de dioses o incluso Frailes. Buena lectura
ResponderEliminarFabian Copalcua. Es una lectura llena de un fetén excelente que hace ponerte en reflexión acerca de la meta de la vida que llega a su fin y como también era vista en otros tiempos a través de la perspectiva de dioses o incluso Frailes. Buena lectura
ResponderEliminarEn lo personal pienso que si deseas vivir después de la muerte o conseguir la vida eterna, lo puedes hacer, siempre y cuando tu lo desees y seas una buena persona en tu vida actual, pues nadie nos asegura que existe algún otro mundo despues de la muerte, como estas teorías lo relatan. Más bien lo que yo pienso es que podemos conseguir la vida eterna en el corazón de las personas que dejamos al morir, haciendo buenas acciones, respetando a tu prójimo y deseando vivir la vida eterna, por que como lo dice Unamuno "el que ama algo o a alguien es porque quiere en ello eternizarse".
ResponderEliminarAgradezco la lectura
ResponderEliminarEs una lectura muy interesante ya que si bien lo dice,la muerte tiene muchas terias y todas son con el fin de que nuestra cultura crezca,se puede imaginar una vida después de la muerte y es algo maravilloso poder verlo de esa manera,llenarnos de imaginación y que queramos vivir después de la vida
ResponderEliminarEsta lectura me hizo reflexionar demasiado en el valor de la vida, y en como los seres humanos podemos llegar a tener un sin fin de pensamientos, que desde ante pasados hemos tenido, del como los dioses lo veían, lo tenían presente, lo pensaban, lo vivían. Desde mi punto de vista me encantó poder reflexionar mucho más sobre la vida y plantearme preguntas sobre que habra más allá.
ResponderEliminarLa lectura me pareció muy importante incluso donde dice La verdadera tragedia de la existencia para Unamuno consiste en saber por la razón que la inmortalidad es una fantasía inexistente, y desde la fe creer en la persistencia de la vida después de la muerte siento que muy importante cuando nosotros descansemos en pa nadie nos dira que existe otro mundo después de la muerte.
ResponderEliminarKaren Guadalupe Ramirez Morales. Esta lectura me ayudó a extender más mis expectativas que tenía acerca de el concepto de la muerte, en qué no solo consiste en lo religioso si no también en las teorías que se tenían. Me hizo reflexionar en los ideales que se tenían en distintas épocas pero creo que cada quien se queda con la que mejor le convenga o llene sus estándares con el fin de llenar el estrecho vacío que tienen en su interior por la perdida de un ser querido.
ResponderEliminarKaren Guadalupe Ramirez Morales, La lectura me ayudó a expandir mis expectativas que tengo acercas de la muerte, este concepto lleno de incógnitas nos da distintas teorías que podrían dar una definición concreta;sin embargo, considero que cada individuo conserva aquel que mejor le convenga o llene el vacío que tiene por la perdida de un ser querido.
ResponderEliminarNos habla de cómo la muerte tiene diferentes maneras de ver dependiendo de cada costumbre o tradición y de que la muerte pasa a ser una transcedencia de vida ya que es una etapa dónde es un adiós y en qué ya no estarás en éste mundo y en qué tus seres queridos té recuerden de diferentes maneras y siempre te llevarán en el corazón
ResponderEliminarLa muerte es una manera de transcender el mundo para otra vida en el cielo cómo le decimos pero hay diferentes formas dé pensar sobre la muerte depende a cada persona
ResponderEliminarLa lectura se centra en la pregunta ¿Qué es lo que pasa después de la vida? En donde existen diferentes puntos de vista de índole religioso o cultura que responden a esa pregunta pero tienen algo en común en donde nadie a comprobado el hecho de que existe algo después de la vida. Desde mi perspectiva pienso que después de la vida existe la nada, somos y dejamos una esencia en la vida de las personas de las cuales nos rodeamos para que así se transformen en recuerdos únicos e incomparables en donde tú y solo tú fuiste el protagonista y creador de ese recuerdo.
ResponderEliminarLa lectura se centra en la pregunta ¿Qué es lo que pasa después de la vida? En donde existen diferentes puntos de vista de índole religioso o cultura que responden a esa pregunta pero tienen algo en común en donde nadie a comprobado el hecho de que existe algo después de la vida. Desde mi perspectiva pienso que después de la vida existe la nada, somos y dejamos una esencia en la vida de las personas de las cuales nos rodeamos para que así se transformen en recuerdos únicos e incomparables en donde tú y solo tú fuiste el protagonista y creador de ese recuerdo.
ResponderEliminar"La muerte de algo, es el origen de la vida de otro" una frase que fue creída debido a los sacrificios que realizaban hace mucho tiempo, la muerte se presenta de distintas formas en la vida, se cree que al morir existen lugares al que vas como puede ser el infierno, el paraíso o al cielo, muchos morimos pero no aceptamos la idea en el que ya no estamos más en este mundo, ya que trascendemos a una nueva vida.
ResponderEliminarMa. Elena Lima Rocha
ResponderEliminar"La muerte de algo, es el origen de la vida de otro" una frase que fue creída debido a los sacrificios que realizaban hace mucho tiempo, la muerte se presenta de distintas formas en la vida, se cree que al morir existen lugares al que vas como puede ser el infierno, el paraíso o al cielo, muchos morimos pero no aceptamos la idea en el que ya no estamos más en este mundo, ya que trascendemos a una nueva vida.
La lectura se centra en la pregunta ¿Qué es lo que pasa después de la vida? En donde existen diferentes puntos de vista de índole religioso o cultura que responden a esa pregunta pero tienen algo en común en donde nadie a comprobado el hecho de que existe algo después de la vida. Desde mi perspectiva pienso que después de la vida existe la nada, somos y dejamos una esencia en la vida de las personas de las cuales nos rodeamos para que así se transformen en recuerdos únicos e incomparables en donde tú y solo tú fuiste el protagonista y creador de ese recuerdo.
ResponderEliminarTodos tenemos diversos ideales sobre el tema de la muerte, muchos creemos en el ideal que la religión nos marca o algunos otros en ideas que les generen los libros o diversos autores en diferentes épocas pero, cada quien se debe de quedar con el ideal que mejor le parezca pues no todos pensamos de la misma manera y al hablar de la muerte suele ser un tema bastante desconcertante pero la gran inmensa mayoría se queda con el ideal de la eternidad que presenta la religión, sin embargo nadie nos asegura que después de esta vida existe otra, pues este tema es un misterio muy grande y nos idealizamos de esa manera para cubrir el vacío que genera el pensar en "la muerte" pero considero que si queremos vivir después de dejar este plano debemos dejar una buena historia de vida en aquellos que no conocieron pues vivimos en la memoria de las personas que siguen en la vida ya que nadie nos asegura otra vida para aquellos que ya murieron.
ResponderEliminar"Vivimos después de la muerte en los recuerdos de aquellos que nos conocieron eso es lo único que considero se puede asegurar". María Guadalupe García Pérez.
Todos tenemos diferentes ideales sobre la muerte, algunos creen el los ideales que la religión marca y otros en las ideas que muestran los libros o diversos autores en diferentes épocas como lo muestra este artículo, pero cada uno debe de creee en lo que mejor le parezca en este tema pues no todos pensamos de la misma manera, la gran inmensa mayoría se quedan con el ideal de la eternidad que muestra la religión pues muchos son creyentes a ello, son embargo cada cabeza es un mundo y cada quien debe de quedarse con el mejor pensamiento para poder llenar ese vacío que genera el desconcertante tema de "la muerte" pues nadie asegura que despues de esta vida existe otra, considero que la verdaddera inmortalidad de la que todos hablamos alguna vez se logra solo apartir de dejar una buena historia de vida en aquellos que nos conocen pues es de lo que ellos se acordarán cuando nosotros ya no estemos en este plano solo viviremos en la memoría de ellos.
ResponderEliminar"La verdadera eternidad considero que se logra solo viviendo en los recuerdos de aquellos que nos conocieron en vida".
Nadie sabe lo que le espera despues de la muerte y cada quien tiene su ideal sobre la muerte, desde mi punto de vista esta lectura nos invita a reflexionar y ponernos a pensar sobre este tema y generar preguntas que nos ayuden a comprender la muerte y verla desde diferentes posturas no solo quedarnos con un solo ideal, pues leyendo es como nosotros podemos generar nuestro punto de vista y no quedarnos solo con los que nos muestra una cosa. María Guadalupe García Pérez.
Vanesa Valencia Nava. Considero que es una lectura interesante ya que explora temas relacionados con la vida, la inmortalidad del alma y la importancia de la moral en la existencia humana por la creencia en la vida más allá de la muerte como un medio para dar sentido a la vida presente y considero que la conducta moral es la prueba de este anhelo de inmortalidad, incluso enfatiza la idea de que la virtud y la moralidad se basan en las acciones.
ResponderEliminarVanesa Valencia Nava. Considero que es una lectura interesante ya que explora temas relacionados con la vida, la inmortalidad del alma y la importancia de la moral en la existencia humana por la creencia en la vida más allá de la muerte como un medio para dar sentido a la vida presente y considero que la conducta moral es la prueba de este anhelo de inmortalidad, incluso enfatiza la idea de que la virtud y la moralidad se basan en las acciones.
ResponderEliminarApolinar Chanes :Este texto aborda el tema de la muerte desde una perspectiva filosófica, explorando diferentes ideas, creencias y concepciones relacionadas con la mortalidad y la inmortalidad del alma. A lo largo del texto, se destacan varios puntos clave:
ResponderEliminar1. La inevitabilidad de la muerte: Se plantea la certeza de que la muerte es una realidad inminente que todos debemos enfrentar en algún momento de nuestras vidas. Se sugiere que aceptar esta realidad es una parte fundamental de estar vivo.
2. Mitología griega: Se menciona la creencia en la vida después de la muerte en la mitología griega, con referencias a figuras como Hades, Caronte y los Campos Elíseos. Se enfatiza la importancia de la memoria en la búsqueda de la inmortalidad.
3. Rituales y sacrificios: Se destaca el papel de los sacrificios en diferentes culturas como un intento de redimir la muerte y crear nueva vida. La muerte se ve como una fuente de vida en estas concepciones rituales.
4. Perspectiva "mexicana": El texto explora las creencias prehispánicas relacionadas con la muerte en la cultura mexicana, incluyendo la idea de diferentes destinos para las almas de los muertos. También se menciona la influencia de la religión católica en la tradición mexicana.
5. Juan Rulfo: Se discute la obra de Juan Rulfo, especialmente "Pedro Páramo", que trata la vida de personas fallecidas y sus historias. La obra de Rulfo muestra cómo los muertos pueden "cobrar vida" a través de la narración y cómo la muerte está presente en la historia de las personas.
6. Miguel de Unamuno: Se presenta la perspectiva de Miguel de Unamuno sobre la inmortalidad del alma y el anhelo de eternidad. Unamuno argumenta que el deseo de la inmortalidad es fundamental para dar sentido a la vida y que la conducta moral es la mejor prueba de este deseo.
En resumen, el texto aborda la muerte desde diferentes perspectivas filosóficas y culturales, destacando el deseo humano de inmortalidad y la búsqueda de sentido en la vida a través de la creencia en la vida después de la muerte. También se destaca la importancia de la memoria y la conducta moral en esta búsqueda de la eternidad.
En lo personal me pareció una gran lectura; y a su vez tiene síntesis de reflexiones hacía el ser humano, desde lo que hay desde la vida hacia la muerte; así mismo la negación del echo de la inminencia, misteriosa y espantosa realidad de la muerte, y no poder negar que habremos de morir y si de hechos se trata, algún día llegará el fin con eso que llamamos muerte.
ResponderEliminarCómo un medio pará dar sentido a la vida presente y considero que la conducta moral es la prueba de este anhelo de inmortalidad incluso enfatiza la idea que la virtud y la moralidad se basan en las acciones
ResponderEliminarBueno esta lectura te hace, reflexionar y pensar como en diferentes ámbitos influye mucho este tema sobre la muerte, de cómo va cambiando también el concepto. También de los autores que menciona la gran diferencia que hacen, entre la vida y la muerte . Algo tan importante es como tu le ves o le das sentido a ti vida.
ResponderEliminarel texto plantea la idea de que el deseo de la inmortalidad y la persistencia de la conciencia más allá de la muerte son temas fundamentales en la filosofía y la reflexión humana, y cómo estas ideas influyen en nuestra moral y conducta en la vida.
ResponderEliminarMENDOZA MONTEALEGRE RAFAEL.
ResponderEliminarEn lo personal esta lectura nos explica muchas formas de ver tanto la vida como la muerte, nos habla de diferentes autores y de dientes países y cultura, nos enseña cómo vemos la muerte un claro ejemplo es donde algunas culturas mexicana nos muestra que el perro es nuestro guía para cruzar el río.
El ver la vida y muerte de otra forma porque la mayoría de nosotros le tenemos miedo a morir pero como por hay dicen hay que vivir para morir porque no estamos ni somos inmortales, mi opinión persona la muerte es otra forma de vivir y es el descanso eterno
En la lectura el anhelo de inmortalidad en el tema nos habla de como cada costumbre y tradiciones tiene un diferente significado de la muerte, por ello diversos autores han reflexionado sobre este deseo humano de trascender la mortalidad, explorando las emociones y los pensamientos que surgen al confrontar nuestra propia finitud.
ResponderEliminarComo mexicanos se nos inculta el pensamiento permanente a la muerte y a esperar esos momentos de agonía, lo curioso de la inmortalidad es que tal ves la hemos alcanzado en la memoria de nuestros conocidos y familia de manera positiva o negativa en su memoria, ya no es algo que aspiremos alcanzar, simplemente llegamos como en un juego al azar, por lo que qué tal ves solo estemos destinados a flotar y recorrer lo menos esperado en los pensamientos de los demás a divagar y crear la inmortalidad de otros.
ResponderEliminarRosa María García Serrano. Resulta interesante ver como la muerte tiene distintas maneras de ser concebida, algunos pensando que hay algo más alla de la tumba, que el alma puede llegar a ser inmortal para ser eternos. Lo que me resulta más interesante es como se menciona que en realidad el culto a los muertos no es un culto a la muerte, sino un culto a la perpetuación y a la inmortalidad. Pues pienso que mediante el culto se sigue recordando a aquel ser querido, por lo cual puede llegar a ser inmortal tanto en nuestra mente como en nuestro corazón.
ResponderEliminarDianely Pérez mejia La muerte de cada uno de ellos es diferente sentido a nuestra vida, a nuestra existencia es necesario que se tenga que creer en la vida allende la muerte.
ResponderEliminarlas entrañas cuando se le piensa: todos están muertos en Muchas son las observaciones y muchos los análisis que se pueden hacer a la obra.
Marco Antonio Morales, En lo personal está lectura nos puede hablar en primera, como es que muchos siguen buscando la inmortalidad aprisionandose en el tiempo aprendiendo a no vivir después de la muerte y por otra parte nos habla o mejor aún, nos enseña aprender a vivir después de morir a no ver la muerte como una desgracia si no como un premio que uno mismo va creando y mentalizando para vivír mejor que está vida.
ResponderEliminarAna Karen Toriz Perea.
ResponderEliminarLa lectura nos habla de la muerte y de cómo hay varias maneras de verla, y estas diversas formas de verla hacen que nuestra cultura permanezca y prevalezca.
En mi opinión fue muy bueno el artículo porque hizo que mis pensamientos se ampliarán más y me hicieron ver la muerte de otra manera
Me ageado mucho la lectura ya que habla sobre la relación y las ideas que hay sobre la muerte de algunos filósofos o civilizaciones, de lo mexicano y de lo prehispánico y algunas religiones.
ResponderEliminarAlondra Hernández Hernández
ResponderEliminarEsta lectura trata de algo muy peculiar que es la muerte nos ayuda a entender que es la muerte y que pasa después de esta
Esta lectura te habla sobre el valor de la vida, y en como los seres humanos podemos llegar a tener un sin fin de pensamientos, que desde ante pasados hemos tenido, del como los dioses lo veían
ResponderEliminarLa lectura me pareció muy interesante, ya que el anhelo de inmortalidad no es para Unamuno solamente el anhelo de la perpetuación del alma personal, ni la mística unidad del alma con Dios, que así mismo que papel de la memoria es muy importante para poder sentirse a uno mismo a través de los recuerdos, por el anhelo y el afán de lograr que los recuerdos perduren para siempre..
ResponderEliminarCristhian Moisés Díaz Salomé
ResponderEliminarEs una lectura peculiar e interesante, dónde te da a entender que es la muerte y es lo que pasa después de está. El anhelo de la inmortalidad no es para Unamuno solamente el anhelo de la perpetuación del alma personal.
Está lectura hizo que mis pensamientos de ampliarán y ver la muerte de otra manera.
Luz Daniela Sanchez Calderon
ResponderEliminarLa lectura nos habla de un tema muy profundo como lo es la muerte, para empezar nos habla de tratar de entender o saber qué es la muerte y cómo se puede entender en la filosofía, si bien también toca el tema de dos versiones particulares, cómo lo es la versión prehispánica y la cristiana, incluso cómo es que esto es una tradición mexicana al celebrarse el día de muertos. Nos da diferentes definiciones o puntos de vistas de distintos autores y nos hace reflexionar sobre lo que es realmente la muerte y qué sigue después de esta, si hay algo más o sino es así.
La lectura en lo personal me pareció muy interesante y hasta cierto punto nos hace pensar y meditar sobre lo que realmente es la muerte, nos habla de la muerte en la cultura prehispánica y la muerte en la religión cristiana, incluso de la muerte como una tradición mexicana. Compara definiciones de diferentes autores, como han manejado este tema y como lo ven ellos incluso nos hace ver y cuestionarnos sobre lo que hay después de la muerte y como esta puede tener distintas definiciones o formas de verse desde la filosofía.
ResponderEliminarMerith Morales Mejía
ResponderEliminarLa lectura es interesante, fascinante el conocer y leer como la muerte no es el fin y que la inmortalidad es una nueva manera de vivir, cambio por completo mis pensamientos.
Merith Morales
ResponderEliminarEs fascinante el leer como la idea de la muerte y la inmortalidad nos hace pensar y creer en que la vida nunca acaba.
Una lectura muy interesante
ResponderEliminarReflexionar sobre nuestra muerte es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida, la muerte es el acontecimiento esencial en la aventura humana. La muerte es un misterio, la consideramos como el momento de decir adiós a todo, es el viaje de irás y no volverás. ¿Por qué nacimos, si vamos a morir? Cuando el cuerpo enfermo siente sensación de declive, de fragilidad, desarmonía, malestar, disolución… se vislumbra un momento trágico de desaparición con pérdida de todo: familia, posición social, patrimonio, fortuna… La muerte se produce al cesar las funciones fundamentales: actividad cardíaca y actividad respiratoria, lo que representa el cese de las funciones cerebrales. Existe la muerte biológica o muerte cerebral y la muerte total de todo el organismo. Nos preguntamos si existe la vida después de la vida u incluso, ¿Morir es pasar a otra dimensión?, sin duda una lectura que deja mucho que pensar.
Luis Alberto López Hernández
ResponderEliminarReflexionar sobre nuestra muerte es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida, la muerte es el acontecimiento esencial en la aventura humana. La muerte es un misterio, la consideramos como el momento de decir adiós a todo, es el viaje de irás y no volverás. ¿Por qué nacimos, si vamos a morir? Cuando el cuerpo enfermo siente sensación de declive, de fragilidad, desarmonía, malestar, disolución… se vislumbra un momento trágico de desaparición con pérdida de todo: familia, posición social, patrimonio, fortuna… La muerte se produce al cesar las funciones fundamentales: actividad cardíaca y actividad respiratoria, lo que representa el cese de las funciones cerebrales. Existe la muerte biológica o muerte cerebral y la muerte total de todo el organismo. Nos preguntamos si existe la vida después de la vida u incluso, ¿Morir es pasar a otra dimensión?, sin duda una lectura que deja mucho que pensar.