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lunes, 21 de abril de 2025

Francisco

 

Sólo Dios conoce el destino del alma del Papa Francisco. Como cristianos, toca encomendarla y pedir por ella. Es de elemental caridad, tal como lo dictan las obras de misericordia. Mucho se le puede admirar y, con toda libertad, algo o mucho se le podrá criticar. Ambas opciones son posibles; pero si se da la primera, deberá acompañarse de la oración para que Dios, en su misericordia infinita, reciba su alma y le otorgue la Gloria; mas si es la segunda opción, debe acompañarse también por la oración y hasta la purificación, tanto de las intenciones para criticar su legado, como por aquello que eventualmente se señale.

 

Cuando vino a México como Papa, no faltaron críticas. De eso pude escribir algo acá en dos entregas, de la que transcribo la primera:

 

Y resulta que ahora todos son vaticanólogos otra vez, igual que cuando renunció Benedicto XVI. Todos son expertos en geopolítica internacional, relaciones entre la Iglesia y el Estado y más aún, en la figura papal, en los signos de los tiempos y hasta en Derecho Canónico. Todos los que escriben, los expertos de la pluma y de la opinión, los que salen en los noticieros adoptando poses de erudición y sapiencia espectacular. Todos pontifican y piden un Papa al contentillo.

 

“Tu me defendas gladio, ego te defendam calamo”, decían los primeros “intelectuales” al servicio del poder en turno. Hoy los opinócratas no necesariamente sirven al poder del partido político o grupo que lo detenta en su forma jurídica, sino al poder de lo políticamente correcto, a esta corriente (incluso en el sentido peyorativo del término) de pensamiento que se deja llevar por las formas y el fondo de la moda, de lo actual, de lo pasajero. En política o sociedad, es lo políticamente correcto. Ese es al poder al que sirven y desde el púlpito donde reclaman un Papa a la medida de sus gustos, de sus intereses, o de los intereses del poder temporal.

 

Que el Papa diga esto. Que el Papa diga aquello. Que reciba a los familiares (y compinches y servidores y jilgueros y pegotes) de los 43 de Ayotzinapa. Que reciba a las víctimas de la pederastia eclesial. Que hable de Marcial Maciel y de una vez por todas lo condene y sacuda el vetusto parecer de los jerarcas eclesiales de México. Que revolucione la Iglesia en México para que deje de ser prohibicionista y dé testimonio de amor para que se legalice el consumo y el tráfico de mariguana porque sólo así acabará la violencia y las muertes en México. Que el Papa abra la posibilidad de los “gaymonios” y cambie la estructura anquilosada y retrógrada de la Iglesia que él mismo representa. Que cargue contra Peña Nieto, su falso matrimonio, la casa blanca, la violencia desmedida, la corrupción, etc.

 

Son algunas de las (im) posturas de nuestros preclaros “intelectuales” y “expertos”. Quieren un Papa al contentillo. Todavía no llega y ya tienen expectativas de todo tipo. Se relamen los bigotes pensando que hablará pestes contra la jerarquía católica.

 

Pueden llevarse una decepción y cargar contra el Papa cuando por fin diga lo que vendrá a decir. O pueden interpretar todo de modo que con sus dotes hermenéuticas decidan lo que el Papa dijo, según sus propias expectativas.

 

Anticipo el futuro y le hago al clarividente sin ánimos de quitarles la primicia del profetismo en el que se han erigido estos opinócratas:

 

El Papa hablará muy bien y lo hará acorde con la fe cristiana. Y si escucharan a los obispos de México o leyeran los documentos que se van generando en el trabajo pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano, encontrarían ya un anticipo, una armonía y una concordancia con el mensaje que nos traerá el Papa. O si leyeran acaso las innumerables encíclicas de los predecesores de Francisco o la vasta y extensa obra de Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, o por lo menos las ya existentes cartas, exhortaciones, encíclicas y mensajes del propio Francisco, verían más allá de sus chatas expectativas y transformarían ipso facto sus actitudes mercenarias.

 

Lo nuevo serán los gestos del Papa entre nosotros, su presencia y la actualización del mismo discurso de amor que desde Jesucristo encontramos en los Evangelios.

 

Lo demás es ruido.

 

Julián Hernández Castelano.

11 de febrero. Año Santo de la Misericordia 2016.

@jhcastelano

 

Y, como el ruido mediático no cesaba, sino que más bien se recrudecía, especialmente para mal, continuamos con esto:

 

Ya se fue de México el Papa y aún resuenan los ecos de sus palabras.

 

Para quienes de verdad desean conocer, estudiar, reflexionar y rumiar mentalmente sus mensajes hay un e-book con todo lo que pronunció, incluso las palabras fuera de los discursos oficiales y las improvisaciones emitidas por Francisco.

 

Mucho se seguirá escribiendo sobre el asunto, tanto por las palabras, como por los actos, los gestos y el fervor religioso con el que fue recibido, acompañado y despedido. Se dirá algo de las coberturas televisivas y sus propósitos, sobre las personas que pudieron verlo y dar su testimonio y hasta de las posibles y muy probables triquiñuelas de quienes se las arreglaron para verlo, aun sin merecerlo o estar programados para hacerlo.

 

El que esto escribe lo pronosticó antes: los comecuras, ateos gracias a Dios, agnósticos, jacobinos, "expertos", los políticamente correctos habrían de interpretar los gestos, palabras y obras del Papa según su contentillo, o bien, manifestarían su decepción porque el Papa no habló sobre lo que ellos querían que hablara, porque no recibió a quienes ellos querían que recibiera, no condenó a los que ellos querían que condenara o no hizo lo que ellos querían que hiciera. También pude afirmar que el Papa hablaría y actuaría conforme a la fe cristiana y al Evangelio. Así fue, nadie lo puede dudar, aunque los intelectuales resentidos o francamente hostiles seguirán buscando motivos para tensar la cuerda.

 

No ha faltado quien diga, por ejemplo, que cuando el Papa les pide a los Obispos arreglar las cosas como hombres es porque la Iglesia siempre ha marginado a las mujeres. O bien, quien todavía reclama en su espacio periodístico por qué no habló de Marcial Maciel, la pederastia y demás asuntos polémicos de actualidad. Hay quienes afirman que el Papa pasó por alto lo que ellos consideran insoslayable, como reunirse con los papás de los 43 de Ayotzinapa.

 

Pasó de noche para ellos esta histórica visita. No se dan cuenta que en los mensajes que dio se refirió constantemente a los problemas más importantes del país: la corrupción, la inseguridad, la falta de oportunidades, etc. Asimismo logró actualizar y adaptar el mensaje evangélico a la realidad actual de nuestro país, amén de los gestos y lo entrañable que resultó, además de lo simbólico, el haber estado con los vulnerables, desprotegidos, los presos, los niños, los jóvenes, las familias, los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, los obispos y hasta con los políticos. Todos necesitados de las palabras del Papa y del mensaje de Jesús.

 

No es lo mismo hacer ruido estruendoso, recalcitrante y obstinado desde los propios afanes de hostilidad versus la Iglesia y la Religión, que hacer eco de los mensajes papales.

 

Semanas antes de la visita, rescaté de entre mis libros el de la entrevista que concedió Benedicto XVI al periodista Peter Seewald para editar el volumen "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos". Publicación cercana a la renuncia de Benedicto. Allí se ve cómo el entonces Papa responde sobre la figura papal, la noción errónea que tenemos sobre el asunto de la infalibilidad y el papel de la Iglesia en nuestros tiempos.

 

Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, nos preparó el camino para entender hoy a Francisco y disfrutar de su vitalidad, su entrega y la capacidad para dinamizar la vida de la Iglesia. Francisco, como buen vicario de Cristo es luz del mundo, aún con todos los errores que como ser humano pueda tener o las posturas que resultan polémicas para todos los lados extremos de las ideologías imperantes en nuestro mundo. Es el Espíritu Santo quien le asistirá a pesar de ello, tal vez.

 

Julián Hernández Castelano.

Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

19 de febrero, Año Santo de la Misericordia, 2016.

@jhcastelano

 

Un poco antes de eso, el que escribe manifestó su emoción por lo que considero la escena más representativa del pontificado de Francisco, rompiendo protocolos, disruptivo, impredecible; pero, sobre todo, cercanísimo con aquellos a los que la sociedad tiende a descartar. Un Papa, como diría mi estimado amigo y Maestro, el Dr. Juan Carlos Moreno Romo: “del arrabal”. Esa escena es la de los presos. Esto escribí entonces:

 

Me ha conmovido hasta el tuétano la imagen y los gestos del Papa Francisco en la cárcel de Chihuahua. Me ha conmovido en especial la escena en la que se acerca a saludar al coro del penal. Fue algo hermoso. Lo fue por todo lo que alrededor se dio. Lo fue por lo que tuvo que confluir para que se diera ese momento sublime. Lo fue por la extraordinaria belleza con la que los instrumentos, la voz y la inspiración de los presos hacía brotar esa desgarradora melodía llena de esperanza.

 



Fue especialmente conmovedor para mí porque al parecer en esa cárcel se encuentra un amigo mío, un compañero de escuela de mi juventud. Si este amigo pudo ver al Papa, hay esperanza. Lo pensé y lo sentí mientras observaba la repetición por televisión esta misma noche, mientras me tomaba mi esposa de la mano y en mi brazo mi hija buscaba refugio contra el frío y la posibilidad de dormir así, en mis brazos. "Yo, aquí, pensé, rodeado del amor de Dios con mis mujeres, y mi amigo ahí, entre la ignominia de la pena por su error y la visita del mensajero de la Misericordia". Es Dios. Lo sentí.

 

Lo confieso avergonzado: nunca lo he ido a visitar. Tuvo que venir el Papa desde tan lejos para hacerlo él.

 

Cuántos de nosotros no hemos hecho un pequeño acto de misericordia como ese, el de visitar a los presos, máxime si son algo nuestro, incluso un amigo, por ejemplo.

 

Analistas van y vienen. Teclas se oprimen. Pensamientos se plasman. Opiniones se emiten. Artículos se publican. Reclamos se expresan. Críticas se desparraman. ¿Y cuánto hacemos realmente para abonar a la misericordia?

 

Basta de palabras. Las obras son las que deben dar el testimonio. Por si la nada nos aguarda, no debemos olvidar que las obras pueden hacer que nos eternicemos. El Papa lo tiene claro y por eso no perdió la oportunidad de estar ahí con los presos y con mi amigo Jorge, al que imaginé cantando con el coro del penal: "Ven y salva mi corazón".

 

Julián Hernández Castelano.

17 de febrero, año santo de la Misericordia, 2016.

Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

 

Tertulias, especiales reportajes, “coberturas”, foros van a sobrar a partir de ahora para hablar de su legado o de los pendientes que dejó; de sus aciertos y de las eventuales ambigüedades de su trabajo. Difícilmente alguien podría quedar indiferente u omiso. La personalidad del Papa y, sobre todo, lo que representa en la tierra, habrán de constituir sus huellas. Nos toca entender la obra del Espíritu Santo en su legado; pero además, hacer eco de sus mensajes y de su testimonio. No hay réquiem que termine de dejarnos quietos, ni palabras que representen homenajes, sino la de nuestros pastores y quienes atinadamente manifiestan ideas y conceptos sobre él, sobre el Papa Francisco, tal como lo hizo hoy, a tiempo y pertinentemente mi buen amigo el Padre Filiberto Cruz Reyes desde su página:

 

Papa Francisco: su pascua

El martes 15 de abril del presente 2025 se anunciaba que el Papa Francisco  prepararía Él mismo las meditaciones del Viacrucis1, pues en otros años había delegado esta misión a diversas personas; y que sería publicado el viernes 18 a las 12:00 hrs., tiempo de Roma. Y así fue.

 

En la X estación, Jesús es despojado de sus vestiduras, leemos:

 

“Libro de Job (1,20-22)

 

Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!». En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

 

No te desnudas, te desnudan. La diferencia está clara para todos nosotros, Jesús. Sólo quien nos ama puede acoger nuestra desnudez entre sus manos y en su mirada. Tememos, en cambio, la mirada de quien no nos conoce y sólo sabe poseer. Estás desnudo y expuesto a todos, pero tú transformas incluso la humillación en familiaridad. Quieres revelarte íntimo incluso a quien te destruye, miras a quien te desnuda como a una persona amada que el Padre te ha dado. Aquí hay más que la paciencia de Job, incluso más que su fe. En ti está el Esposo que se deja tomar, tocar y trueca todo en bien. Nos dejas tus vestiduras, como reliquias de un amor consumado. Están en nuestras manos, porque has estado en casa, has estado con nosotros. Nosotros tomamos tus vestiduras y ahora las echamos a suerte, pero la suerte, aquí, no favorece a uno, sino a todos. Nos conoces uno a uno, para salvar a todos, todos, todos. Y si la Iglesia te parece hoy como una vestidura rasgada, enséñanos a recoser nuestra fraternidad, fundada sobre tu entrega. Somos tu cuerpo, tu túnica indivisible, tu Esposa. Lo somos juntos. Para nosotros la suerte ha caído en un lugar de delicias, estamos contentos con nuestra herencia (cf. Sal 16,6)”.

 

Amado Papa Francisco, llegaste a Roma sin nada, ibas al cónclave pensando regresar pronto a tu amada Argentina, apenas una pequela maleta con tus enseres personales que tú mismo fuiste a recoger después de la elección y a cubrir los gastos de tu estancia. Luego apareciste en la balcón de San Pedro, desde donde hablan los sucesores de Pedro. Tus primeras palabras fueron: “Hermanos y hermanas, buenas tardes”. El día de ayer, Domingo de la Resurrección del Señor, sacando fuerza de la fe y del amor de Padre y Pastor, te asomaste nuevamente al balcón y promunciaste las mismas palabras de tu primera presentación como Pontífice: “Queridos hermanos y hermanas, ¡felices pascuas!”, la misma sencillés, la misma cercanía; y después como el gran Patriarca del nuevo pueblo, nos has dejado tu bendición (cfr. Gn 49, 28ss.). Estabas preparado, habías hecho con anterioridad tu testamento espiritual, en el cual manifiestas tu firme y sencilla voluntad:

 

“Testamento espiritual del Papa Francisco2

 

Miserando atque Eligendo

 

En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

 

Sintiendo que se acerca el ocaso de mi vida terrena, y con viva esperanza en la Vida Eterna, deseo expresar mi voluntad testamentaria sólo en cuanto al lugar de mi sepultura.

 

Mi vida y mi ministerio sacerdotal y episcopal los he confiado siempre a la Madre de Nuestro Señor, María Santísima. Por tanto, pido que mis restos mortales descansen esperando el día de la resurrección en la Basílica Papal de Santa María la Mayor.

 

Deseo que mi último viaje terrenal termine en este antiquísimo santuario mariano, al que acudía en oración al inicio y al final de cada Viaje Apostólico, para encomendar confiadamente mis intenciones a la Madre Inmaculada y agradecerle sus dóciles y maternales cuidados.

 

Pido que se prepare mi sepulcro en el nicho de la nave lateral entre la Capilla Paulina (Capilla de la Salus Populi Romani) y la Capilla Sforza de la citada Basílica Papal, como se indica en el anexo adjunto.

 

El sepulcro debe estar en la tierra; sencillo, sin decoración particular y con la única inscripción: Franciscus.

 

Los gastos para la preparación de mi entierro serán cubiertos por la suma del benefactor que he dispuesto, que será transferida a la Basílica Papal de Santa María la Mayor y para la cual he encargado las oportunas instrucciones al Arzobispo Rolandas Makrickas, Comisario Extraordinario del Capítulo Liberiano.

 

Que el Señor dé una merecida recompensa a quienes me han amado y seguirán rezando por mí. El sufrimiento que se hizo presente en la última parte de mi vida lo ofrecí al Señor por la paz mundial y la fraternidad entre los pueblos.

 

Santa Marta, 29 junio 2022

 

FRANCISCO”

 

 

Desde el principio de tu pontificado has querido una Iglesia pobre y has querido un sepulcro pobre, sencillo, con sólo tu nombre inscrito, nombre que será pronunciado en el último día: “Francisco, ven bendito de mi Padre”. Los pobres ha sido tu pasión, los más débiles e indefensos tus consentidos, pero has amado a todos, como el Maestro has pueto tu mirada de amor para atraer a todos a a casa del Padre.

 

Has creído de verdad en la fraternidad, la has vivido, la has anunciado; una fraternidad muchas veces rasgada, como has dicho en el viacrucis, pero siempre posible porque la koinonía (comunión) es una realidad ontológica que supera cualquier sentimiento. Sabías de divisiones y exclusiones, por eso en tu viaje a nuestra patria mexicana dijiste a los Obispos mexicanos, improvisando,: “La misión es vasta y llevarla adelante requiere múltiples caminos. Y, con más viva insistencia, los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes. Esto es esencial, hermanos. Esto no está en el texto pero me sale ahora. Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decirse cosas, se las digan; pero como hombres, en la cara, y como hombres de Dios que después van a rezar juntos, a discernir juntos. Y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón, pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. Comunión y unidad entre ustedes. La comunión es la forma vital de la Iglesia y la unidad de sus Pastores da prueba de su veracidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de Obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la Palabra del Señor, alimentada con su Cuerpo y guiada por su Espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia (13 de febrero de 2016, Catedral Metropolitana, Ciudad de México). Sabías, con Santo Tomás de Aquino que el infierno es la eterna soledad, por eso tu constante mensaje de no descartar a nadie. ¿podría imaginarse a un Obispo promoviendo a sus presbíteros excluir a algún hermano?

 

 

Defendiste la dignidad de la personas amenazadas por el régimen militar en tu patria, y tuviste que pagar el presio de tal osadía, entre otras cosas compareciendo ante un tribunal para que dijeras lo que sabías “en calidad de quien tuvo conocimiento de las cosas”; si bien no como indiciado, fue con al afán de humillarte. Tu valentía hizo que muchas veces quedaras expuesto, desnudo como Job, como Jesucristo en la cruz.

 

¿Y cómo olvidar otra de tus improvisaciones en nuestra patria, en Morelia, dirigida a los niños del coro que le habían dedicado una canción?: “Los felicito, los felicito en serio. El arte, el deporte ensanchan el alma y hacen crecer bien, con aire fresco y no aplastan la vida. Sigan siendo creativos, sigan así, buscando la belleza, las cosas lindas, las cosas que duran siempre, y nunca se dejen pisotear por nadie. ¿Está claro?” (16 de Febrero de 2016, Catedral de Morelia). Sí, tu palabra y mirada puestas en la dignidad de la persona humana hacen que surja una cierta rebeldía frente a lo feo y lo injusto, lo que llamaste la “revolución de la ternura”, y dijiste sobre ella: “Nos hace bien entonces mirarnos en la paternidad de José que es un espejo de la paternidad de Dios, y preguntarnos si permitimos al Señor que nos ame con su ternura, transformando a cada uno de nosotros en hombres y mujeres capaces de amar así. Sin esta “revolución de la ternura” —hace falta, ¡una revolución de la ternura!— corremos el riesgo de permanecer presos en una justicia que no permite levantarnos fácilmente y que confunde la redención con el castigo” (Audiencia General, 19 de enero de 2022).

 

En el rito del Lucernario o Solemne comienzo de la Vigilia Pascual se bendice el fuego nuevo, con el cual se enciende el Cirio Pascual, el cual se marca con un punzón trazando una cruz, luego las letras griegas  alfa y omega, posteriormente los números del año en curso. Mientros esto se hace. Se va diciendoi: “Cristo ayer y hoy, principio y fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A Él la goria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén”. Tenía que ser en Pascua tu pascua, entrañable Papa Francisco, has recorrido el camino  de tu vida con el cierre final de la carrera en la cruz de la enfermedad, por eso el Señor de la historia, Jesucristo resucitado te ha cuidado y bendecido de principio a fin, Él ha sido tu Alfa y tu Omega.

 

 

Amado Papa Francisco, hace unos días un grupo de amigos quetanos nos reunimos pensando en ti y en tu salud, se tomó la iniciativa de mostrarte nuestra fidelidad filial haciendo y enviándote un retrato tuyo al acrílico, obra del Maestro Gabriel García Aguas, fotografiado por el Maestro Arturo Pérez y Pérez, fue llevado hasta Roma por Sergio Rivera Guerrero, habiendo participado también Maribel Miranda Peñaloza, Nayely Rosas, Enrique Díaz Hernández, Antonio Martínez, Saúl Rogoitia Vega, Mons. Arz.  Domingo Díaz Martínez. Rodrigo Guerra fue el canal para hacértelo llegar. No sabemos si llegaste a contemplarlo pero sí estamos ciertos de tu amor por nosotros y por tu amada Iglesia que se esfuerza por ser lo que haz pedido, como un hospital de campaña, y sabemos que en una batalla nadie sale indemne y eso nos anima y consuela, por eso querido Papa reza por nosotros ahora desde el cielo.

 

Pbro. Mtro. Filiberto Cruz Reyes

 

Santiago de Querétaro, Qro. México, 21 de abril de 2025

 

Pascua del Papa Francisco

 

En fin, nuestra tarea seguirá siendo la de dejarnos guiar e iluminar por quienes tienen la encomienda de señalar el camino de Cristo, bajo los signos de los tiempos, con la certeza y la idea, como dijo Rémi Brague, de que las anclas están en el Cielo.


Julián Hernández Castelano.

Jesús María, El Marqués, Qro.

21 de abril de 2025.

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