@jhcastelano
Es el tiempo en el que despedimos a nuestras generaciones de adolescentes y jóvenes de nuestra escuela. Provistos o desprovistos de un mínimo de herramientas intelectuales, afectivas y hasta espirituales se lanzan a nuevas etapas.
En el caso de nuestros alumnos de tercero de secundaria creí pertinente hablarles o aludir a los grados del amor, con tal de que recuerden su vocación, aun en estos tiempos de convulsión para ellos y para el mundo. Acá mis palabras del pasado 14 de julio:
Hoy culmina para ustedes una etapa, un grado. Pasan de un grado último de secundaria y se perfilan para un grado más avanzado al que le llamamos “Bachillerato”, palabra de origen incierto; pero asociada a la etapa previa a los estudios de Universidad; palabra entonces que puede tener su origen en el latín baccalaureus, de baculum, que significa fuerza, y laureus, que hace referencia a lo alabado, es decir, a lo “laureado”. El Bachillerato entonces en su origen etimológico vendría a ser una apología de la fuerza, de la intensidad, del frenesí de la juventud. En un sentido positivo, tendría que ser la etapa del libre fluir de las capacidades. Ese es el grado al que ahora se enfrentarán.
Hay de grados a grados, empero, y si nos apegamos a ello, podemos encontrar otra escala de grados que va más allá del academicismo, es decir, del mero formalismo de la escuela.
Se trata de los grados de asimilación vital del mundo, de apropiación del entorno que nos rodea por parte de la conciencia particular de ser, de estar en él. Cada uno de estos grados a los que me refiero representa un logro en la conquista de nuestro fuero interno, un logro del espíritu. Lo deben recordar bien, pues los vivieron en su retiro grupal. Uno de ellos es la valoración propia, pues por sobre todas las cosas y ante todos los embates de una cultura que nos empuja a no querernos a nosotros mismos, este grado, este triunfo del espíritu nos dota del suficiente cariño por nosotros mismos y entonces procuramos cuidarnos y apapacharnos.
Ya saben que estoy hablando de los grados del amor. No necesito repetir todo el retiro. Sólo quiero que lo recuerden y lo lleven como el verdadero logro, como los verdaderos grados que avanzan a donde quiera que vayan, sigan o no con nosotros en el Bachillerato. Ese elogio de la fuerza de su juventud tendrá que ser un elogio, un canto a la vida que fluye en ustedes, pues el carisma de este grupo y de cada uno de sus integrantes es de tal magnitud que en todos fluye potencialmente esa vida, es decir, esa capacidad de amar por grados y sin condiciones.
La verdadera conquista, entonces, que ustedes deben lograr, es la de ganarse a sí mismos, como advierte el evangelio, y no ganarse al mundo. El verdadero triunfo es el amor y ustedes pueden lograrlo. Dios bendiga su camino, su familia y su fuerza, es decir, su talento, es decir, su persona, su pensamiento, sus palabras, sus acciones.
Muchas felicidades.
Julián Hernández Castelano
Tlaxcala, Tlax.

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