Mis hermanos mayores

lunes, 21 de mayo de 2018 0 comentarios

@jhcastelano

En la fe. En la experiencia. En la sensibilidad.

Conocí a algunos de mis hermanos mayores en la fe el pasado sábado. Algunos rostros ya los había visto antes. Algunos de ellos ya me conocían y a otros en mi vida, jamás los había visto; y sin embargo somos hermanos. Los escuché en sus testimonios tan profundos y tan impactantes. Los reconocí como en un espejo por lo que se siente al haber bebido de la misma savia, del mismo árbol de la formación en el Seminario. Ahí estaban compartiendo su experiencia y exponiendo sus ideas. Testimonios variados y muy hermosos. «El amigo fiel es un apoyo seguro —dice el libro del Eclesiástico— quien lo encuentra, ha encontrado un tesoro» (Eclo. 6, 1) Y más que amigos, para mí el tesoro que representan es el de la hermandad.

Se trata del grupo Moriá —Dios provee — cuya formación responde a la necesidad de agrupar a aquellas personas que por alguna razón no pudimos o no quisimos o no quisieron que siguiéramos con nuestra formación o incluso con el ministerio sacerdotal en la diócesis de Querétaro. En camino de constituirse como Asociación Civil y lograr la personalidad jurídica, el grupo pretende dar un espacio no sólo para la expresión y el testimonio, sino también para la promoción y la actividad de carácter social o de beneficio para el bien común; en otras palabras y en el fondo: continuar con la labor evangelizadora a través de acciones concretas y a pesar de no haber seguido con la vocación sacerdotal.



La personalidad jurídica será fuente de certeza legal; pero la personalidad efectiva ya la tenemos, pues el grupo se conforma con maestros, psicólogos, filósofos, médicos, constructores, etc., amén de la jovialidad, la alegría, el respeto y el aprecio que nos manifestamos y que son unas de las tantas características de quienes nos sabemos hermanos de la experiencia de Seminario y hermanos en la fe.

Ha sido verdaderamente providencial que un grupo de personas otrora dispersas se reúna para hacer algo, para emprender una misión y acciones en común. Es hermoso reconciliarse con su pasado y saber que hay otros en similares circunstancias. La riqueza que podemos encontrar en nuestras experiencias y en nuestras capacidades no se deja esperar ni se regatea.

Por si nos aguarda la nada o por si no hubiera un más allá que trascienda el tiempo y se proyecte hasta la eternidad, yo no me quedé con las ganas de hablarles y decirles lo que siento, así como de admirar y de apreciar cuánta belleza hay en el poder compartir y reconocernos. Nuestros corazones laten al mismo ritmo y al consagrar nuestras acciones y la existencia de nuestro grupo al Señor e invocar su Santo Espíritu, también nos damos cuenta de que compartimos eso, precisamente: un mismo espíritu.

Ya sabrán de nosotros.

Julián Hernández Castelano
Santa Ana Chiautempan, Tlax.

Roberto Gallegos

jueves, 3 de mayo de 2018 0 comentarios

La verdad es que compré un regalo para Roberto por su cumpleaños 40. Mi esposa me insistió tanto porque no le gusta que asista yo a una celebración de esa índole con las manos vacías y con la gorrita puesta. El problema es que la fiesta no se armó y me quedé con el regalo. Pensaba además en esa fiesta improvisar unos versos que en realidad ya había escrito. Y todo se quedó en ascuas. Sin ánimo de resultar cursi, sino más bien con la plena conciencia de que también a mí se me llegan los 40 este año, decidí componer estos ovillejos glosados para Roberto, quien definitivamente se los merece y a quien además tenia yo años, muchos, de no ver, ni a él ni a la palomilla. Compuestos que fueron entre el 26 y el 27 de abril. Van:

Llora el cielo de alegría,
corre hoy la vida lenta,
memorable es este día:
Roberto llega a cuarenta.

—¿Qué sucede en esta hora?
—Llora.

—¿Qué desborda con desvelo?
—El cielo.

—¿Y así hay gozo todavía?
—De alegría.

Ya es de noche, ciertamente,
y agoniza ya este día;
mas la Gracia permanente
priva la melancolía:
es que Dios lo tiene en mente,
llora el cielo de alegría.

—¿Qué pensamiento te doy?
—Corre hoy.

—¿Es conciencia la acaecida?
—La vida.

—¿Corre, en fin, hasta noventa?
—Lenta.

La mitad de la carrera
pareciese lucha cruenta,
vana estancia, cruel quimera;
mas la gana siempre aumenta
y es deseo de primavera,
corre hoy la vida lenta.

—¿A esta edad todo es estable?
—Memorable.

—¿Y hay deseo de lo celeste?
—Es este.

—¿Hay penumbras todavía?
—Día.

No quisiera exagerar
si derrocho algarabía,
simplemente es de admirar
que la Musa todavía
a mi amigo ha de inspirar,
memorable es este día.

—¿Quién es franco, firme, abierto?
—Roberto.

—¿Siempre lucha? ¿Cede? ¿O brega?
—Llega.

—¿Y a cuánto llega la cuenta?
—A cuarenta.

Desde niño siempre ha sido
quien asiste, brilla, alienta,
y Dios le ha favorecido
con talento que hoy ostenta;
la excelencia no se ha ido,
Roberto llega a cuarenta

Llora el cielo de alegría,
corre hoy la vida lenta,
memorable es este día:
Roberto llega a cuarenta.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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