@jhcastelano
Cumple años hoy y da luz,
en su silencio forzado,
Eduardo Martínez Cruz,
aún lucha por ser sanado.
Emma Godoy escribió una de tantas biografías existentes sobre Mahatma Gandhi. Allí consigna una práctica del muy admirado paladín de la no violencia en el primer tercio del siglo XX, a saber, su hábito del silencio los días lunes. Dicho día de la semana lo consagraba al silencio. La filósofa guanajuatense sentía admiración por ese hecho, porque podía distinguir el origen de la actitud y el liderazgo del célebre hindú.
El silencio es exaltado, tanto en la tradición de la mística en la cristiandad, como en otras religiones. Su práctica, cuando procede de la pretensión de la profundidad en la oración, suele ser el terreno fértil para el encuentro con lo divino. Muchos de los santos de la Iglesia fueron místicos; y de ellos no pocos exaltaron el valor del silencio, emulando los pasajes evangélicos donde encontramos el retiro de Jesús, su oración en el más profundo y fructífero silencio y los signos que acompañaban su labor y testimonio.
De los muchos ejemplos citables, podemos evocar el del celebérrimo testimonio de los Relatos de un peregrino ruso, obra anónima, referente de quien persigue la ascesis mediante la oración. Allí el peregrino nos relata cómo la oración en silencio es menester para las almas profundas; pero también enfatiza la necesidad de acompañar el silencio con la recitación suave, dedicada y profunda de la oración continua invocando el nombre de Jesús. Tanto en el ritmo de la respiración, como en el de los latidos del corazón, repitiendo incesantemente: «Señor Jesús, ten misericordia de mí», o bien: «Señor Jesús, ten piedad de mí». Esta sencilla fórmula puede acompañar, tanto el silencio, como los rezos ya conocidos por el cristiano devoto.
La filósofa judía afín a la cristiandad por la experiencia mística que tuvo, Simone Weil, diserta en varias de sus obras sobre la manera como el silencio acompaña la armonía en la música y, con esa analogía, explica cómo el alma humana necesita el silencio, incluso la sensación de abandono, de ausencia de Dios, para poder sentir la armonía en la propia vida, la armonía provista por la misericordia de Cristo, por lo cual el silencio viene a ser el tiempo y el espacio perfecto y deseable para poder sentir mediante esa «ausencia» y «vacío» ¡la acción misericordiosa de Cristo en el corazón!. Paradoja del encuentro del alma mística con Dios que sólo puede entenderse gracias al silencio.
Así podríamos seguir sin parar, citando múltiples fuentes y testimonios de pensadores, santos y gentiles, sobre la importancia del silencio. Blas Pascal, por ejemplo, habla en uno de sus célebres Pensamientos sobre la procedencia de la desdicha humana, a entender, sobre la imposibilidad de quedarse solos en sus habitaciones, en silencio, consigo mismos.
Apenas hace unos pocos años el Cardenal Sarah nos ha legado un espléndido libro intitulado «La fuerza del silencio». Cargado de ejemplos sobre los efectos nocivos del ruido para el alma y los beneficios de saber procurarse un silencio fecundo y abierto a la experiencia de Dios.
Cuando los idiotas hablan —repite duramente José Ingenieros— los sabios callan. Y también dice que en las épocas de mediocridad ramplona y de alcornocamiento, esos mediocres no paran de hablar, mientras que los sabios guardan silencio. Aprender a guardar silencio, aunque no fuese por un itinerario de ascesis para llegar a la experiencia del Misterio ofrece, por lo menos, la ventaja de poder mirar a la distancia para comprender los acontecimientos.
La desesperación del que juzga precipitadamente puede ser la causa de caer en sesgos, tanto innecesarios, como erróneos. Vale la pena dejar que la zozobra nos muestre sus cartas, mientras el silencio nos nutre de las respuestas justas sobre las congojas que se ciernen sobre este alocado mundo.
Julián Hernández Castelano
4 de junio de 2025

El silencio reflexivo es activo no pasivo, en el silencio hay encuentros con uno mismo, con la avalancha de pensamientos y emociones, con la potencia de la creatividad, con el diseño de proyectos y esperanzas, con lo divino, con el placer de estar en soledad, con la reflexión personal de sabernos limitados, pero no solos, sí con Dios. Rogamos por Lalo y su buena salud.
ResponderEliminarMuy atinado. Muchas gracias.
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