Un accidente le provocó
amputación de su pierna derecha hasta el muslo cuando tenía treinta y cinco años.
En plena flor de su juventud y máxima fortaleza de su cuerpo. Ya para entonces
era casado y tenía cinco hijos. Fue soldado raso en los años sesenta. Los militares
le habían alterado el acta de nacimiento para decir que había nacido el
veintiocho de enero de mil novecientos cuarenta y cuatro y poder alistarse en
las filas del ejército sin problema. Estuvo con ellos en Mérida, Yucatán, cerca
del Caribe por si a Fidel Castro se le ocurría invadir la Península.
En el ejército aprendió muchas
tareas y quehaceres: desde los básicos que la disciplina exige, hasta otros que
la necesidad le trajo, como cocinar, por ejemplo.
Fue forjador de piedras de
topacio para hacer adornos en la época de los hippies. También aprendió lo
mismo con las piedras de recinto y de cantera. Sabía esculpir molcajetes y
metates.
Fue intendente en la Universidad
Autónoma de Querétaro, en la Facultad de Derecho, como trabajador eventual. Rencillas
en el sindicato terminaron por provocar su salida y allí quedó la posibilidad
de forjar una carrera de base. Su estancia en esa labor le acercó a los libros.
Tenía consigo sendos manuales y monografías de las diversas ramas del Derecho.
Le apasionaba aprender por su cuenta sobre esos temas. Tenía facilidad de
palabra y solía resolver pleitos por su cuenta en la imaginación. Incluso los
de talante investigador de crímenes y delitos.
Leía al menos un periódico al
día. Se enteraba de todo lo que acontecía. Conocía nombres de líderes,
políticos, artistas y deportistas. Seguía con atención los acontecimientos del
país. Era un hombre bien informado, además de culto y autodidacta.
Tenía mucha pasión y curiosidad
por examinar aparatos eléctricos, motores, microcircuitos, etc. A veces
arreglaba algunos porque su interés le llevaba a entender cómo funcionaban las
cosas. A veces descomponía otros porque simplemente no tenía la ciencia
suficiente para salir avante.
Acumulaba toda suerte de
herramientas, armatostes, utensilios y artilugios que el mismo creaba para las
necesidades de manipulación de materiales que encontraba o detectaba.
Sólo fue a la escuela hasta tercer
año de primaria. Le enseñó a leer su mamá, quien había aprendido de su esposo.
Fue huérfano de padre desde el
año de nacido. Nunca conoció a su papá; aunque no le falto quien le contara
sobre él. Se sentía extasiado y eclipsado por el brillo de aquel, quien fue
autoridad ejidal, sabía leer en tiempos en los que eran pocos quienes lo sabían
también y, murió por la tierra y en medio de disputas agrarias.
Fue peón de albañil. Trabajó en
diversas obras grandes de hace décadas, como el Palacio de los Deportes en la
ciudad de México.
Fue velador. Cuidaba escuelas,
pozos, haciendas, etc. Algunas de las obras que cuidó fueron los puentes vehiculares
que se construyeron en la década de los ochentas.
Mucha gente lo conocía. Era jovial
y sabía charlar con la mayoría de las personas. Sus amigos lo admiraban mucho. Incluso
algunos de ellos, temidos por la gente, con él eran mansos y sabían tratarse
mutuamente.
El accidente y la amputación
de su pierna no lo detuvieron nunca. Siguió trabajando siempre, madrugando y
esforzándose en todo para hacer lo mejor que podía en cada tarea, por minúscula
e insignificante que pareciera. Él la convertía en magnífica y admirable.
Era muy ordenado y disciplinado.
Nadie le enseñó nunca ningún método de organización; pero él por su cuenta lo
buscaba y así lo hacía cumplir. Nada estaba fuera de su lugar donde él estaba.
Amaba los perros y trataba
bien a los animales. Siempre cuidaba algo, una paloma, un periquillo, unas
gallinas, unos pollos, unos pichones, unos totoles, etc.
Sabía interpretar los cielos
para el temporal de la tierra. Observaba el comportamiento de los animales y
las señales en la naturaleza y entonces predecía: “este año será frío”; “este
será de sequía”; “este de inundaciones”, etc.
Fumaba mucho tabaco. Desde adolescente.
Nadie le advirtió los peligros. Un día se lo prohibieron y, con toda la
fortaleza y disciplina que le caracterizaban dijo: “ni uno más”. Y así fue. Así
se mantuvo.
Su tez morena, su ralo bigote,
su mirada firme, sus ojos claros, su voz grave, su fortaleza física eran
características inmarcesibles.
Era bohemio. Cantaba con sentimiento
viril. Tomaba cerveza y tequila. Se sabía canciones bravías. Era experto
tirador. No manejaba vehículos desde su accidente. Antes de eso logró hacerlo
con camiones grandes. Sin manejar maquinaria, sabía cómo hacerlo. Le gustaba
hurgar y saber todo lo que podía.
El día de su accidente logró
salvar la vida de dos personas mayores, por eso quedó atrapado. Era un héroe
sin reconocimiento como tal. Ayudó por lo menos a dos personas a solventar sus
gastos para estudiar y le favoreció el tiempo a un querido maestro para que,
mientras éste trabajaba de noche, pudiera completar su tiempo y sus tareas de
su carrera magisterial.
A sus hijos les dio todo
cuanto pudo. Ayudó a su esposa a vender comida en los tiempos de mayor crisis
económica. A sus hijos les enseñó a leer aun fuera del tiempo escolar. Compartía
con ellos las noticias. Estimulaba sus habilidades del pensamiento.
Era firme devoto de la Virgen
María de Guadalupe. Sus anécdotas podrían contarse por cientos y de todas
aprenderíamos algo que no cabe en este breve espacio. Era un amor.
Hoy, 16 de febrero de 2026,
cumpliría ochenta años. Se nos fue el 2 de febrero de 2017. Que su alma descanse en paz y que Dios le dé el eterno premio. Loor por él. Hurras
y vivas no alcanzarían a darle un homenaje. Me conformo con retazos de admiración
por él y quedo comprometido a escribir muchas de esas anécdotas y más grandezas
suyas. Era don Julián. Mi padre. In memoriam.
JHC

~ 4 comentarios: ~
at: 16 de febrero de 2026 a las 18:04 dijo...
Un gran hombre.... aprendió mucho, quería y amaba la vida... la disfrutó... un buen y noble padre y a la vez un gran esposo.
Bien ganado el cielo
at: 16 de febrero de 2026 a las 18:33 dijo...
Excelente Julian también tengo una anécdota que cambio la vida de nosotros la familia hernandez
at: 17 de febrero de 2026 a las 11:27 dijo...
Agradezco a Dios por mi Papi, por la esposa que eligió y los hermanos que me dio!
at: 21 de febrero de 2026 a las 10:31 dijo...
Lo he leído de principio a fin. Muy hermoso lo que has escrito sobre tu padre. Yo hace tiempo que perdí al mío y le echo de menos todos los días.
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