Mira, Ilenia:
Dice nuestra filósofa que estaba recitando este poema inglés, cuando Cristo bajó de la cruz para tomarla en éxtasis místico:
El Amor me acogió,
mas mi alma se apartaba, culpable de polvo y pecado.
Pero el Amor que
todo lo ve, observando mi entrada vacilante se acercó a mí, diciéndome con
dulzura: ¿hay algo que eches en falta?
Un invitado,
respondí, digno de encontrarse aquí.
Tú serás ese
invitado, dijo el Amor.
¿Yo, el malvado, el
ingrato? ¡Ah, mi amado! Yo no puedo mirarte.
El Amor tomó mi
mano y replicó sonriente: ¿quién ha hecho esos ojos sino yo?
Es cierto, señor,
pero yo los ensucié; que mi vergüenza vaya donde se merece.
¿Y no sabes, dijo
el Amor, quién ha tomado sobre sí la culpa?
¡Mi amado!
Entonces, podré quedarme…
Siéntate, dijo el
Amor, y degusta mis manjares.
Así que me senté y comí.No puedo agregar nada. Todo lo dice el poema.

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