Asuntos económicos

martes, 6 de diciembre de 2016 0 comentarios

@jhcastelano

Podrá desmentirme y corregirme cualquier economista certificado o aficionado si me equivoco; pero creo que de repente se crean tantas expectativas por los hechos que tienen que ver precisamente con esos asuntos de las finanzas y en el fondo del bienestar pretendido para todos. 

Siempre me ha parecido exagerado y hasta risible el que se mezcle el lenguaje de las emociones para explicar los tropiezos, principalmente, y los aciertos en el “comportamiento” de los mercados y de la economía. Así, por ejemplo, nos dicen que hay zozobra en los mercados por el triunfo de Trump y por eso el peso cae. Luego también que la renuncia de Carstens ya provocó volatilidad en los mercados y el peso cae. Si hay un anuncio de índole política nos llegan a decir que hay nerviosismo en los mercados y el peso cae. Si no logran explicarnos cómo es que la economía mexicana nunca crece según las expectativas que el mismo gobierno nos hace tener, apelan a eso, a las emociones —todas malas— de los inversionistas o de los mercados, o de los factores externos que obstruyen u obstaculizan el «perfecto andar de nuestra economía», si es que algún día eso sea posible.

Nunca he escuchado decir a político alguno en el poder —y a lo mejor tampoco a algún empresario— que están haciendo las cosas muy mal en lo que hace a la economía. No dirán jamás algo como “perdón, nos equivocamos, no era mejor aumentar los impuestos”, o “es que de verdad nuestra política de control de precios no le ayuda a los productores”, o bien “hemos implementado una errónea campaña de abaratamiento de los insumos y nuestros productos son caros sólo por la marca y no por la calidad de los mismos”, por decir algo. En asuntos macroeconómicos no cabe la autocrítica. 

En asuntos de microeconomía o finanzas personales o familiares, sin embargo, sí pudiera darse la queja: “ya gastamos más de la cuenta”, “no estamos ahorrando nada y todo se nos va en gastos superfluos”. Eso si hubiese el hipotético caso de una buena formación o cultura financiera. La realidad es que no la hay, ni en lo micro, ni en lo macro. Aceptar un mal uso de los recursos daría cuenta de un estado ideal de cosas; pero sabemos que no es así y que más bien el despilfarro, la falta del cuidado de los recursos, la falta de planeación y programación y el mal empleo de lo monetario, o sea, el consumo sin ton ni son, dan cuenta de las causas más probables de la debacle económica a todos niveles. Sin contar, claro está, a la tan trillada idea de la causa de esa debacle enraizada en la corrupción y la clandestinidad de las mafias con sus recursos ilícitos.

Mucho se ha dicho también que nuestra generación nunca ha conocido otro estado de cosas más que la de la crisis económica. En efecto, quienes nacimos desde los 70’s del siglo pasado hasta la fecha no hemos visto más que una tras otra de las crisis que se suceden sin cesar, así que podemos tranquilamente permanecer inmunes ante los temores de otra turbulencia económica, mientras los pillos de siempre, o los que se supone que saben mucho de economía y operan desde los grandes consorcios financieros, empresas y gobiernos, no parece que tengan en sus grados de sofisticación, la fórmula para detener cualquier eventual caída de la economía mundial. Por lo tanto, nos siguen diciendo que todo se debe a causas oscuras, indeterminadas o misteriosas y que todo se entreteje e influye para que nada esté como deba estar, amén del nerviosismo de los mercados y la volatilidad e interdependencia de un montón de factores. El monstruo sigue allí y nadie puede explicar nada. La economía es un desastre y depende de las emociones de los inversionistas. 

Así caricaturizando nos podemos imaginar a los magnates dueños de tantas empresas o a los corredores de bolsa, o bien en las islas Caimán o en sus mansiones de incalculable valor descansando en sus camastros flotantes de las albercas y tomando bebidas exóticas, rodeados de los más indecibles placeres y dirigiéndole la palabra al mundo atormentado para pedirle no molestar porque se puede poner de malas y cambiar unos cuantos bonos para que cierren diez empresas, provoquen diez mil desempleos directos, unos cien mil indirectos y un tropezón en tal o cual economía con consecuencias en otras de otros países emergentes o que dependen de los tratados de libre comercio y son interdependientes cual simbiosis celular; o a los corredores de bolsa salir en un mal día, desconcentrados porque estaban nerviosos por cualquier disputa íntima con quien sea y, entonces sí, causar pérdidas en las acciones de las empresas con la consecuente cadena de anomalías ya descrita. Es el miedo que tal vez quieren infundirnos a quienes ignoramos las complicadas tramas de los movimientos financieros o económicos.

Los temores se acrecientan pues, ante los signos de la “enfermedad”: el efecto Trump y sus restricciones comerciales, además de la amenaza de la renegociación del TLC y la no menos riesgosa deuda externa creciente que ha alcanzado niveles nunca antes vistos, entre otros muchos factores. Hay periodistas, analistas y “expertos” que no dejan de advertirnos sobre el límite peligroso que estamos viviendo entre una relativa estabilidad y el colapso financiero.

¿Se cumplirán los más catastróficos presagios en materia económica? Probablemente. ¿Deberíamos estar asustados? Como siempre. ¿Qué podremos hacer? Para paliar la crisis internacional y las finanzas públicas subsanar, nada; eso le toca a los políticos, economistas y funcionarios, si es que pueden. Para cuidar nuestras finanzas personales o familiares, mucho. Podríamos, por ejemplo, planear bien nuestros gastos por período, cuidando lo más posible despilfarrar en bienes de consumo superfluos y dando prioridad a lo ineludible, además de comparar precios y elegir adecuadamente. Suena trillado, pero el ahorro, aunque sea en pequeñas cantidades es importante. Requiere una disciplina diaria y continua de control de gastos, pero es posible y a la larga da mayores satisfacciones.

En lo referente a los temores macroeconómicos también se requiere para hacerles frente mayor audacia de nuestras autoridades políticas. Ahora que Trump amenaza con la revisión del TLC quiero recordar que el discurso de no pocos políticos izquierdosos ha sido en México el mismo que el de Trump: que el TLC no nos beneficia y que pretender competir comercialmente con Estados Unidos sólo les beneficia a ellos y que habría que revisar ese acuerdo comercial. Si Trump es coherente con su discurso, le va a cumplir los sueños a esos grillos de ocasión. La audacia se habrá de aplicar anticipándose a la revisión y buscando con ello desahogar otros acuerdos u otros socios comerciales allende los Estados Unidos. Se me dirá que no es fácil y que implica mucho tiempo, afinar estrategias, etc; y yo diría que precisamente por eso implica mucha audacia.

Otra de las amenazas de Trump es la de impedir a empresas de su país para invertir en el nuestro. Ahí aplica y procede lo del fortalecimiento del mercado interno y lo del aumento de la planta productiva local. ¿Cuántos jóvenes de nuestro país estarán ideando ahora mismo poner ellos su propia empresa antes de depender o emplearse gracias a las inversiones extranjeras o las corporaciones ajenas? En las escuelas no sólo no enseñamos a que tengan autonomía y busquen innovar y proponer, sino que los hacemos dependientes y serviles; a lo más que aspiran es a ser empleados y tener buenos puestos, es decir, que les paguen otros; pero nunca les inculcamos que busquen ser ellos mismos los patrones y que puedan presumir de ser lo agentes activos de la economía y que por sus acciones muchas familias tengan el sustento mediante el trabajo y el salario. Es verdad que ante estas posibilidades están siempre los obstáculos de las trabas burocráticas para iniciar o emprender negocios por parte del gobierno, amén de los impuestos y la corrupción en las dependencias públicas y aun así creo que es necesario luchar y pugnar porque la mentalidad cambie y haya más iniciativas para los emprendedores.

Por algo hay que comenzar.

Julián Hernández Castelano
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.
6 de diciembre de 2016.

"El festival de la palabra"

jueves, 1 de diciembre de 2016 0 comentarios

@jhcastelano

Para Yitzi, por su gran esfuerzo.
Y para la maestra Yolanda, por lo mismo.

Fui testigo de un hecho bochornoso, casi impregnado de surrealismo: un concurso de oratoria de nivel de secundaria:

El ambiente era propicio para un espectáculo de finura y manifestación de las habilidades retóricas. Los ingredientes fueron puestos a placer para deleitarnos con lo que llamaron así: “el festival de la palabra”. Así lo repetían constantemente, tanto los jovencitos participantes en el certamen, como el flamante conductor del mismo. Hasta el jurado y la “autoridad” de la SEP ahí presente lo mencionaron en cuanto les dieron la oportunidad de tener el micrófono entre sus manos. La muletilla se apropió de la imaginación de los hablantes.

Había un foro extraordinario, pues, un ambiente con excelente acústica. No entendí por qué el conductor y las autoridades usaban el micrófono, si los mozalbetes podían fácilmente ser escuchados. También se congregaron los participantes: algunos con sus familiares o amigos, otros con sus maestros del área de Español, algunos personajes más, seguramente interesados en la oratoria y unos cuantos directores de las escuelas. Había buena visibilidad de los participantes y la luz, aunque intermitente, engalanaba los momentos de los discursos.

No llegué al inicio. Lo confieso. La necesidad de cumplir con ciertas tareas burocráticas inherentes a mi función directiva me lo impidió; pero vi más de la mitad de participantes en plena actuación. Muy deficientes los discursos en cuanto a la técnica y al contenido de los mismos. Es la triste realidad del nivel educativo: poca disciplina y nulo manejo de las técnicas propias en este arte de la retórica. Los jovencitos en este caso no tienen la culpa en cierto sentido, pues más bien los maestros encargados del área, o no saben exigirles, o no tienen nivel para exigir mejores resultados, o no saben nada de nada. Alumnos con gestos muy sobreactuados, sin énfasis apropiado en las partes de su discurso, sin concordancia sintáctica en lo que decían, etc. Y lo peor: discursos para nada cuidados, repitiendo ideas muy superficiales, acusando al gobierno por todos los males, muletillas intelectuales seguramente dictadas por esos mismos maestros que los prepararon, manifestaciones de ideologías de moda, alineados con lo políticamente correcto y la ideología de género. En fin. El catálogo de temas a exponer, ciertamente, así les determinaron a emitir juicios someros y sin verdaderos fundamentos sobre sus dichos. Nada convincentes, pues.

Digna ganadora
Eso no fue lo peor, empero, sino el jurado tan deficiente que premió no sabemos qué, pues aquellos que manifestaron un poco de mejor nivel en la ronda preliminar, ya no fueron seleccionados para la ronda final y los otros, los más deficientes fueron extrañamente favorecidos y de entre ellos filtraron a los “mejores”, según su muy abyecto y miope juicio. ¿Pruebas? A dos de ellos se les trabó la lengua en la ronda de improvisación. Señal de las carencias en la estructura del discurso y en el manejo de la técnica. Pudieron haber memorizado y hasta practicado los movimientos para salir avante en esa ronda; pero un buen método de selección puede darse porque se detecta muy bien cuando saben hablar sin sobreactuar, o cuando su dicción, modulación de la voz, postura, gestos y timbre son adecuados, según el discurso y el énfasis que pueden dar al momento de la participación. A dos se les trabó la lengua, pues, otros dos cantinflearon y la ganadora dijo un discurso muy pobre de ideas, lleno de muletillas y de plano hasta baladí. Su única virtud fue la imponente voz y los constantes ademanes, o sea, mostró seguridad.

Autoridades a la izquierda. Los jueces,  a la derecha
El rostro de los asistentes lo decía todo: incredulidad, desánimo y desconcierto total. Un puñado de directoras me trataba de persuadir para tomar el micrófono y protestar, pero no cedí, pues haría sentir mal a los jóvenes de la ronda final. De todos modos me pidieron una foto con sus alumnos. Y todavía de salida del lugar un prestigiado campeón nacional de oratoria me saludó y manifestó el malestar, descalificando al jurado, que por cierto eran ellos del ámbito empresarial y “coaching”, o una de esas rimbombantes pseudo técnicas. No eran oradores, ni maestros, ni expertos de la palabra. Tan mal vestidos y peor expresados, pues uno de ellos, sin mayor protocolo se atrevió a decir que ya sin “más largas”, darían los resultados y los premios (unos estorbosos y pesados arreglos florales), en lugar de decir que “sin más preámbulos”. Otro incluso aprovechó para tomarse una selfie mientras una de las alumnas finalistas se acercaba para elegir el papelito con su tema a disertar. Disertar, por cierto, y no discernir, como en una ocasión dijo desde el micrófono quien con voz de espléndido locutor dirigió el programa del evento.

No sé por qué sospecho que es una verdad de Perogrullo que estamos ante una verdadera emergencia educativa. Así es la vida.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.
1 de diciembre de 2016.

Ortega y Gasset: un año más.

lunes, 24 de octubre de 2016 0 comentarios

@jhcastelano

El 18 de octubre se cumplió un año más del fallecimiento de uno de los más célebres filósofos del siglo XX, no sólo en España, ni en el mundo de habla hispana, sino en y para todo el mundo: José Ortega y Gasset, quien desarrolló una larga trayectoria como referente en la construcción, no nada más de la filosofía de su tiempo, sino incluso de buena parte de la opinión pública, pues en el ámbito periodístico hubo también una muy prolífera participación de su parte.

Su pluma inquieta dio origen a un sinnúmero de artículos, ensayos, conferencias y estudios durante unos cincuenta años, a saber, desde 1906 hasta el año de su muerte en 1955. Se puede encontrar casi de todo tipo de temas en sus Obras Completas: desde reflexiones sobre la caza y los toros hasta teoría política; desde un simple modo de apreciación del arte hasta una teoría sobre la democracia y la europeización, por mencionar algunos temas. Los más importantes tal vez sean aquellos que se refieren a sus propios intentos por definir su filosofía, como las Meditaciones del Quijote, ¿Qué es filosofía?, Unas lecciones de metafísica, En torno a Galileo, La Rebelión de las Masas, España Invertebrada, Europa y la idea de nación, El hombre y la gente, etc.

Un saber casi enciclopédico manifiesta en sus múltiples obras; sin embargo mantiene un estilo fresco y hasta elegante en su expresión literaria. No ha faltado quien lo catalogue como el digno sucesor de Montaigne en el cultivo del género ensayístico.

No pocos intelectuales considerados “de vanguardia” en nuestros días suelen citarlo. Sus máximas son citables, es verdad, y la manera como expresaba sus ideas atrapa y tienta al intelectual de nuestra época a invocarlo de vez en cuando para opinar sobre casi cualquier cosa como el fundador de la escuela de Madrid lo hacía. Muchas de sus citas citables resultan fuera de contexto, sin embargo, porque no se reduce a eso su producción, sino a no tan cortas discusiones y argumentaciones sobre los temas que abordaba. No es un Pascal y sus Pensamientos como para citarlo sin más y el reducto del pensamiento enunciado tenga la fuerza que le imprimía el autor de las Provinciales. Ni siquiera en eso se parece al mismo Montaigne, quien sí gustaba de citar él mismo a los clásicos latinos, principalmente. Ortega es más bien un experto sintetizador del conocimiento: allí donde hacía falta tener claridad sobre algún asunto, estaba él para clarificarlo. No por ello era un “opinador” de ocasión, sino casi un erudito y, sobre todo, alguien que dictaba las ideas y señalaba los senderos a seguir en el pensamiento y la opinión pública. Era un referente, ciertamente, pero como él mismo lo advertía siempre, sólo trataba de llegar a un público muy específico y muchas veces a sus congéneres españoles. Eso no quiere decir tampoco que no deba tomársele para interpretar nuestro tiempo y, como él mismo hubiera dicho, nuestra circunstancia. Lo cierto es que no podrían soltarse sus frases célebres a diestra y siniestra sin antes pasarlas por el escrutinio del contexto en el que las pronunciaba.

Puede identificarse en una primera etapa aquello llamado “germanocentrismo” de Ortega, su admiración por la civilización germana, derivada de sus estudios con los neo kantianos Cohen y Natorp. Luego por sus lecturas de Nietzsche. Por estas mismas fechas —entre 1905 y 1910— se habla de una cierta preocupación naciente por el tema de España y de la Modernidad.

Su primera obra filosófica en forma fue Las meditaciones del Quijote, en 1914, después de haber conseguido por oposición dos importantes cátedras en la Universidad de Madrid. Vino el cambio de El Imparcial a El Sol, dos periódicos de la época y sus entregas de la España Invertebrada y La Rebelión de las masas. Para el que esto escribe las dos grandes obras de la entrada a la madurez por parte del pensador español. Quizá las dos fundamentales y de las cuales lo anterior y lo posterior no son más que preparaciones o glosas, respectivamente. Discutible, si es preciso, pero lo cierto es la fuerza y la importancia de ambas en la totalidad de sus obras.

Casi paralelamente a la producción de estas obras fue que fundó la Revista de Occidente, importante órgano de difusión de las ideas que permearon el espectro filosófico durante décadas.

Una de sus ideas originales es la de la teoría de las generaciones. Muy sui géneris, porque supone una especie de “ciclicidad” en el ánimo vital de los grupos pertenecientes o nacidos en un mismo año o conjunto de años. Después de lo dicho por él, pensadores como Julián Marías en España, o como Enrique Krauze, en México, le han sacado jugo para explicar a su manera y persiguiendo sus propios objetivos, un poco de la realidad de allá y de acá.

En algún punto de su vida incursionó en la política como diputado de las Cortes Constituyentes de la II República. Tal vez fracasó en esa área. Tuvo que exiliarse desde 1936 a Francia y visitar otros países. Por un lado su exilio da cuenta o responde a una falsa acusación que ignorantemente se la ha hecho, a saber, su franquismo; por otra parte ese exilio nos dejó un Ortega pleno, claro y vigoroso hasta el punto de dejar escuela, tanto en Europa, como en América, tal como lo expone Tzvi Medin en un importante libro.[1]


Su legado sigue más que vivo. En España hay una fundación que lleva su nombre y promueve su obra. Los tentáculos del alcance de su pensamiento y su influencia se prestan para tener incluso una Revista de estudios orteguianos. En México y Latinoamérica no han sido pocos sus seguidores y los libros que se han escrito sobre su obra o influenciados por ella: desde un Leopoldo Zea, un Samuel Ramos y las celebraciones por el centenario de su nacimiento en 1983 y un libro publicado en 1985 por parte del compilador Manuel Durán, de la Universidad Veracruzana. Ya en nuestros días se acaba de publicar por parte de la Universidad Autónoma de Querétaro con la editorial Fontamara el Ortega Pensador, coordinado por Juan Carlos Moreno Romo, primero de tres volúmenes dedicados al pensador español y antes habiendo sido presentados los trabajos en distintos coloquios dedicados al mismo, por citar claros ejemplos.

A pesar de haber estudiado buena parte de su formación con los jesuitas en Málaga y en Bilbao, no profesaba abiertamente la religión católica. Se han hecho estudios sobre su aversión a la religión o a la fe; pero, ¿no será muy cristiano el ideal profundo de salvar las circunstancias con su máxima conocida de “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”?

Digo, pregunto y propongo esa reflexión. Déjese reposar en la mente, medítese y no se precipite en contestar sin el debido análisis, pues lo contrario da pie a las citas citables fuera de contexto, como al principio decíamos…

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.




[1]Medin, Tzvi, Ortega y Gasset en la cultura hispanoamericana, México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

La inquisición de lo políticamente correcto tiene nueva víctima

viernes, 2 de septiembre de 2016 0 comentarios

@jhcastelano

No estoy de acuerdo con el linchamiento mediático contra Nicolás Alvarado, el recién cesado director de TvUNAM. No es que me haya gustado su artículo. De hecho lo considero como se despidió en el mismo: muy snob. Lo reprobable es esta nueva forma de tratar mediáticamente las cosas por medio del linchamiento y el vituperio por algo tan banal erigido hasta lo más alto de los nuevos altares seculares como es el expresarse de ciertas minorías.

Ahora resulta que los inquisidores son esas instituciones que señalan y pontifican sobre lo que sí se puede o no se puede decir en una publicación. ¿Dónde queda entonces la tan cacareada “libertad de expresión”? Ya ni un sentimiento se puede expresar entonces, si a juicio de otros se atenta contra quien se quiera sentir aludido por un juicio pretendidamente estético.

Insisto: puedo diferir y disentir de las ideas de Nicolás Alvarado; pero creo que no es justo que se le linche por algo así como lo ocurrido. Si él mismo pudo haber sido un militante más de la ideología de lo políticamente correcto (al menos esa impresión me había dado), hoy ha caído en esa hoguera de las vanidades carente de sentido en aras de la búsqueda del llamado respeto a la diversidad.

Se puede decir todo… lo políticamente correcto. Si no es así, viene la inquisición del CONAPRED, los derechos humanos y todo el séquito de partidarios de esta terrible e intolerante ideología.

“Es que se mete con los sentimientos del pueblo”, dicen unos, como ignorando los estragos del "Volksgheist" alemán en el nazismo. “Es que ha faltado a la ética profesional del buen comunicador”, dicen otros, como si sinónimo de buen comunicador sea pertenecer a la liga de la decencia. “Es que no puede usar vocablos como ‘naco’ o ‘jotas’, dicen otros”, atentando así contra el catálogo de los vocablos indecibles de esta corriente de pensamiento barato que es lo políticamente correcto. Sea, pues, si les satisface tener la razón, empero, ¿es necesario, justo o proporcional el despido de TvUNAM? ¿No es esta una casa de estudios que se presume la punta de lanza o la vanguardia de las llamadas libertades laicas y seculares? Sospecho que se han llenado de la más ramplona y pueril hipocresía. La máxima casa de estudios del país, o la pandilla que la domina desde el poder parecieran ser los peones de la ideología aquí denunciada, ya no digamos verdaderos próceres de esas libertades que pretenden hacernos creer que promueven.

Ya desde que Alain Finkielkraut escribió “La derrota del pensamiento” a principios de los 80’s, se nos anunciaba una nueva oleada de puritanismo con esto de la “religión secular”. Hoy vemos los resultados de ese penoso proceso con la aparición de una nueva inquisición y con una nueva víctima.

Una urgencia histórica

viernes, 8 de julio de 2016 0 comentarios

Dedicado a mis alumnos del Colegio Sor Juana Inés de la Cruz, Tlaxcala.
Dedicado a todos los alumnos que terminan sus estudios en estos días.
Dedicado a todos aquellos que no se conforman ante la mediocridad del ambiente.

Muy queridos alumnos:

Siempre hay la oportunidad de expresarles algunas ideas sobre su inminente despedida de nuestra escuela. Podría entonces limitarme a enumerar una serie de buenos deseos y congratularme mediante una acción de gracias por todo lo que ustedes han sido y representan para nuestra escuela: una generación única, sin duda, un grupo como pocos de los que hemos tenido la ocasión de apreciar y conocer. Cada uno de ustedes son poseedores de múltiples talentos y sus personalidades, más sus ganas de sobresalir y principalmente de cumplir, dan cuenta de su grandeza y genialidad. Son únicos y seguramente habrán de triunfar a donde vayan, pues esa actitud de responsabilidad y la nobleza que los caracteriza serán suficientes para sobresalir y obtener buenos frutos.

En el buen deseo del éxito no está el éxito. En el buen deseo de solamente el bien, ya está el bien. El deseo del oro no es oro. El deseo de bien, ya es un bien.  Podemos desearles entonces no el oro, ni el éxito siquiera, sino el bien. Sean buenos, ante todo. Sean buenos, pero no sólo desde el punto de vista moral. Sean buenos con los demás; pero sean buenos sobre todo en lo que hagan. Sean los mejores. Sean perfectos, como nos dice Jesús a través del Evangelio de San Mateo en el capítulo 6. Y ser perfectos implica desarrollar todas las capacidades en aras de realizar de la mejor manera lo que se haga, en hacer todo de manera que no haya nadie ni nada que pueda hacerlo mejor que nosotros. Esa es la urgencia de nuestros tiempos.

En buscar la perfección estriba el secreto de la mejor defensa contra todos los males y las injusticias que cunden por doquier en un mundo tan enredado, tan confuso y tan tormentoso como el que nos ha tocado habitar en estos tiempos de zozobra y dificultad. No aspiren a ser los líderes o las lideresas que se estilan en nuestros días: gente sin escrúpulos o sin un mínimo de preparación que llegan a ocupar cargos de servicio público o de representación popular sin ningún mérito propio que el clientelismo y el engaño. Así es como llegamos a la corrupción y las injusticias vividas. Así es como nos estancamos y perdemos la oportunidad de procurar lo mejor para todos, es decir, la verdadera justicia colectiva.

En la medida en que te prepares para ser el mejor médico, arquitecto, ingeniero, administrador o administradora, en suma, en la medida en la que sean mejores profesionistas, será como logremos un status de mayor y mejor justicia para todos.

Decía José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Salvarme significa salvar mis circunstancias y salvar mis circunstancias significa darme con lo mejor que tengo para mejorar lo que hay a mi alrededor, así salvo mi entorno, así salvo a mi familia, como aspiraba Santa Paula Montal y así salvo a mis semejantes, amigos y enemigos, en el duro combate de la relación cotidiana con el otro, pues a pesar de ser distintos y opinar distinto y procurar distintas cosas, ya el hecho de compartir la circunstancia nos obliga a vivir con nobleza y ejercer con profesionalismo lo que cada uno de nosotros está llamado a ser.

Tal es la urgencia histórica de estos días: vivir en plenitud entregando lo que somos y lo que podemos hacer para salvar nuestras circunstancias. Así podremos perpetuarnos. Así no se olvidarán de nosotros por mucho tiempo cuando ya no estemos aquí. Se podrá decir que aquí vivimos, que por aquí pasamos y que nuestra vida no fue en vano. Se acordarán de nosotros así: por haber dado todo para ser perfectos.

No se den el lujo de la mediocridad y de la pérdida de tiempo. De funcionarios y profesionistas mediocres ya estamos hartos. De padecer torpezas y advertir corruptelas ya hemos sufrido bastante. Sean exigentes consigo mismos y con los demás. No toleren la pasividad de las instituciones prisioneras de instrumentos legaloides; antes bien denle la vuelta a la desesperanza y brillen ustedes mismos y muestren mejores caminos, pues sus intenciones no están viciadas y sus corazones permanecen inmunes a los bombardeos de las suspicacias y las mezquindades de quienes se han sumido en el egoísmo.

Los grandes personajes de nuestra historia tuvieron la virtud de ganarle al tiempo su marcha implacable mediante las acciones que los inmortalizaron. Busquen ustedes mismos ser inmortales con sus acciones, de tal manera que no encuentren otra razón de lograrlo que la libertad de la aspiración a la trascendencia vital, de la perpetuación por la vía de la más transparente honestidad intelectual y espiritual. No se dejen llevar entonces por la ramplonería y el vacío propios de las generaciones huecas que dominan el espectro histórico de nuestros tiempos.

Marquen ustedes la diferencia. No rompan con su pasado, es decir, con sus raíces, es decir, con sus familias, pues en la familia encontramos la savia que nos nutre de elementos para subsistir ante la posible hostilidad del entorno.

En ustedes está la posibilidad de comprometerse dentro de la sociedad para hacerla mejor y no para perjudicarla tomando partido por tal o cual ideología. Analicen, estudien, comprométanse con algo que les ayude a sentirse útiles y a sentirse vivos.

No se olviden de esta su escuela que les habrá de esperar con los brazos abiertos siempre que así lo busquen o lo necesiten. Incluso si los embates del descrédito hacia lo que represente el sustento espiritual sean verdaderamente insoportables, no renieguen de su fe. Recuerden los momentos de oración y de retiro. Recuerden que aún en medio de la más tremenda dificultad, siempre hay una esperanza para quienes nos concebimos como creyentes y en medio de nuestras oraciones buscamos el remanso necesario en medio también de la tormenta o simplemente agradecemos el don de la vida por considerar esta una oportunidad para seguir hasta la eternidad.

Bien nos lo recuerda, por último, la filósofa profundísima y mística Simone Weil cuando dice que «No hay más fuerza ascendente que Dios, y Dios viene cuando se le mira. Mirarle quiere decir amarle. No hay más relación entre el hombre y Dios que el amor. Pero nuestro amor a Dios debe ser como el amor de la mujer a un hombre, que no osa expresarse por iniciativa propia, que es tan sólo espera. Dios es el esposo, y como tal debe venir hacia la que él ha elegido, para hablarle y llevarla consigo. La futura esposa debe únicamente esperar. El hombre no tiene que buscar, ni siquiera tiene que creer en Dios. Debe solamente negar su amor a todo cuanto es distinto de Dios. Esta negativa no supone ninguna creencia. Basta constatar lo que es una evidencia para el espíritu: que todos los bienes de este mundo, pasados, presentes  futuros, reales o imaginarios, son finitos y limitados, radicalmente incapaces de satisfacer el deseo de bien infinito y perfecto que arde perpetuamente en nosotros.»[1]

Julián Hernández Castelano.
Tlaxcala de Xicohténcatl, Tlax.
8 de julio de 2016.




[1] Weil, Simone, Escritos esenciales, (Colección «El pozo de Siquem», número 109), Santander, Editorial Sal Terrae, 2000, introducción y edición de Eric O. Springsted, pp. 104 – 105.

Sobre la teoría antropológica en Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno

viernes, 29 de abril de 2016 0 comentarios

Muy queridos amigos seminaristas y participantes del diplomado sobre la Persona en Querétaro.

Lo prometido es deuda y les agrego y comparto acá entonces el material que tuve ocasión de presentarles el pasado miércoles 27 del presente allí en el Seminario.

Va primero la presentación:



Un Papa al contentillo (II)

viernes, 19 de febrero de 2016 0 comentarios



Ya se fue de México el Papa y aún resuenan los ecos de sus palabras. 

Para quienes de verdad desean conocer, estudiar, reflexionar y rumiar mentalmente sus mensajes hay un e-book con todo lo que pronunció, incluso las palabras fuera de los discursos oficiales y las improvisaciones emitidas por Francisco.

Mucho se seguirá escribiendo sobre el asunto, tanto por las palabras, como por los actos, los gestos y el fervor religioso con el que fue recibido, acompañado y despedido. Se dirá algo de las coberturas televisivas y sus propósitos, sobre las personas que pudieron verlo y dar su testimonio y hasta de las posibles y muy probables triquiñuelas de quienes se las arreglaron para verlo, aun sin merecerlo o estar programados para hacerlo.

El que esto escribe lo pronosticó antes: los comecuras, ateos gracias a Dios, agnósticos, jacobinos, "expertos", los políticamente correctos habrían de interpretar los gestos, palabras y obras del Papa según su contentillo, o bien, manifestarían su decepción porque el Papa no habló sobre lo que ellos querían que hablara, porque no recibió a quienes ellos querían que recibiera, no condenó a los que ellos querían que condenara o no hizo lo que ellos querían que hiciera. También pude afirmar que el Papa hablaría y actuaría conforme a la fe cristiana y al Evangelio. Así fue, nadie lo puede dudar, aunque los intelectuales resentidos o francamente hostiles seguirán buscando motivos para tensar la cuerda.

No ha faltado quien diga, por ejemplo, que cuando el Papa les pide a los Obispos arreglar las cosas como hombres es porque la Iglesia siempre ha marginado a las mujeres. O bien, quien todavía reclama en su espacio periodístico por qué no habló de Marcial Maciel, la pederastia y demás asuntos polémicos de actualidad. Hay quienes afirman que el Papa pasó por alto lo que ellos consideran insoslayable, como reunirse con los papás de los 43 de Ayotzinapa.

Pasó de noche para ellos esta histórica visita. No se dan cuenta que en los mensajes que dio se refirió constantemente a los problemas más importantes del país: la corrupción, la inseguridad, la falta de oportunidades, etc. Asimismo logró actualizar y adaptar el mensaje evangélico a la realidad actual de nuestro país, amén de los gestos y lo entrañable que resultó, además de lo simbólico, el haber estado con los vulnerables, desprotegidos, los presos, los niños, los jóvenes, las familias, los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, los obispos y hasta con los políticos. Todos necesitados de las palabras del Papa y del mensaje de Jesús.

No es lo mismo hacer ruido estruendoso, recalcitrante y obstinado desde los propios afanes de hostilidad versus la Iglesia y la Religión, que hacer eco de los mensajes papales.

Semanas antes de la visita, rescaté de entre mis libros el de la entrevista que concedió Benedicto XVI al periodista Peter Seewald para editar el volumen "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos". Publicación cercana a la renuncia de Benedicto. Allí se ve cómo el entonces Papa responde sobre la figura papal, la noción errónea que tenemos sobre el asunto de la infalibilidad y el papel de la Iglesia en nuestros tiempos. 

Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, nos preparó el camino para entender hoy a Francisco y disfrutar de su vitalidad, su entrega y la capacidad para dinamizar la vida de la Iglesia. Francisco, como buen vicario de Cristo es luz del mundo, aún con todos los errores que como ser humano pueda tener o las posturas que resultan polémicas para todos los lados extremos de las ideologías imperantes en nuestro mundo. Es el Espíritu Santo quien le asistirá a pesar de ello, tal vez.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.
19 de febrero, Año Santo de la Misericordia, 2016.

@jhcastelano

"Ven y salva mi corazón"

miércoles, 17 de febrero de 2016 0 comentarios

Me ha conmovido hasta el tuétano la imagen y los gestos del Papa Francisco en la cárcel de Chihuahua. Me ha conmovido en especial la escena en la que se acerca a saludar al coro del penal. Fue algo hermoso. Lo fue por todo lo que alrededor se dio. Lo fue por lo que tuvo que confluir para que se diera ese momento sublime. Lo fue por la extraordinaria belleza con la que los instrumentos, la voz y la inspiración de los presos hacía brotar esa desgarradora melodía llena de esperanza.

Fue especialmente conmovedor para mí porque al parecer en esa cárcel se encuentra un amigo mío, un compañero de escuela de mi juventud. Si este amigo pudo ver al Papa, hay esperanza. Lo pensé y lo sentí mientras observaba la repetición por televisión esta misma noche, mientras me tomaba mi esposa de la mano y en mi brazo mi hija buscaba refugio contra el frío y la posibilidad de dormir así, en mis brazos. "Yo, aquí, pensé, rodeado del amor de Dios con mis mujeres, y mi amigo ahí, entre la ignominia de la pena por su error y la visita del mensajero de la Misericordia". Es Dios. Lo sentí.

Lo confieso avergonzado: nunca lo he ido a visitar. Tuvo que venir el Papa desde tan lejos para hacerlo él.

Cuántos de nosotros no hemos hecho un pequeño acto de misericordia como ese, el de visitar a los presos, máxime si son algo nuestro, incluso un amigo, por ejemplo.

Analistas van y vienen. Teclas se oprimen. Pensamientos se plasman. Opiniones se emiten. Artículos se publican. Reclamos se expresan. Críticas se desparraman. ¿Y cuánto hacemos realmente para abonar a la misericordia? 

Basta de palabras. Las obras son las que deben dar el testimonio. Por si la nada nos aguarda, no debemos olvidar que las obras pueden hacer que nos eternicemos. El Papa lo tiene claro y por eso no perdió la oportunidad de estar ahí con los presos y con mi amigo Jorge, al que imaginé cantando con el coro del penal: "Ven y salva mi corazón".

Julián Hernández Castelano.
17 de febrero, año santo de la Misericordia, 2016.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

Un Papa al contentillo.

jueves, 11 de febrero de 2016 0 comentarios

Y resulta que ahora todos son vaticanólogos otra vez, igual que cuando renunció Benedicto XVI. Todos son expertos en geopolítica internacional, relaciones entre la Iglesia y el Estado y más aún, en la figura papal, en los signos de los tiempos y hasta en Derecho Canónico. Todos los que escriben, los expertos de la pluma y de la opinión, los que salen en los noticieros adoptando poses de erudición y sapiencia espectacular. Todos pontifican y piden un Papa al contentillo.

“Tu me defendas gladio, ego te defendam calamo”, decían los primeros “intelectuales” al servicio del poder en turno. Hoy los opinócratas no necesariamente sirven al poder del partido político o grupo que lo detenta en su forma jurídica, sino al poder de lo políticamente correcto, a esta corriente (incluso en el sentido peyorativo del término) de pensamiento que se deja llevar por las formas y el fondo de la moda, de lo actual, de lo pasajero. En política o sociedad, es lo políticamente correcto. Ese es al poder al que sirven y desde el púlpito donde reclaman un Papa a la medida de sus gustos, de sus intereses, o de los intereses del poder temporal.

Que el Papa diga esto. Que el Papa diga aquello. Que reciba a los familiares (y compinches y servidores y jilgueros y pegotes) de los 43 de Ayotzinapa. Que reciba a las víctimas de la pederastia eclesial. Que hable de Marcial Maciel y de una vez por todas lo condene y sacuda el vetusto parecer de los jerarcas eclesiales de México. Que revolucione la Iglesia en México para que deje de ser prohibicionista y dé testimonio de amor para que se legalice el consumo y el tráfico de mariguana porque sólo así acabará la violencia y las muertes en México. Que el Papa abra la posibilidad de los “gaymonios” y cambie la estructura anquilosada y retrógrada de la Iglesia que él mismo representa. Que cargue contra Peña Nieto, su falso matrimonio, la casa blanca, la violencia desmedida, la corrupción, etc.

Son algunas de las (im) posturas de nuestros preclaros “intelectuales” y “expertos”. Quieren un Papa al contentillo. Todavía no llega y ya tienen expectativas de todo tipo. Se relamen los bigotes pensando que hablará pestes contra la jerarquía católica.

Pueden llevarse una decepción y cargar contra el Papa cuando por fin diga lo que vendrá a decir. O pueden interpretar todo de modo que con sus dotes hermenéuticas decidan lo que el Papa dijo, según sus propias expectativas.

Anticipo el futuro y le hago al clarividente sin ánimos de quitarles la primicia del profetismo en el que se han erigido estos opinócratas: 

El Papa hablará muy bien y lo hará acorde con la fe cristiana. Y si escucharan a los obispos de México o leyeran los documentos que se van generando en el trabajo pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano, encontrarían ya un anticipo, una armonía y una concordancia con el mensaje que nos traerá el Papa. O si leyeran acaso las innumerables encíclicas de los predecesores de Francisco o la vasta y extensa obra de Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, o por lo menos las ya existentes cartas, exhortaciones, encíclicas y mensajes del propio Francisco, verían más allá de sus chatas expectativas y transformarían ipso facto sus actitudes mercenarias. 

Lo nuevo serán los gestos del Papa entre nosotros, su presencia y la actualización del mismo discurso de amor que desde Jesucristo encontramos en los Evangelios.

Lo demás es ruido.

Julián Hernández Castelano.
11 de febrero. Año Santo de la Misericordia 2016.
@jhcastelano

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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