En mi papel de director del Colegio Sor Juana Inés de la Cruz,
Tlaxcala, tuve el honor y el privilegio de expresar este discurso en el marco
del Día Internacional de la mujer.
Debo aclarar que, pese a mis reticencias a celebrar no sólo este
día, sino el día de esto y el día de aquello, accedí con gusto y alegría para
decirlo.
Soy de los que creen que es innecesario exaltar el papel de un
personaje, un rol o identidad; máxime si es el producto de una ideologización.
Prefiero lo espontáneo, profundo y comprometedor de la caridad cristiana para
con todos; pero ya que me dieron la palabra y mi función era dar un mensaje,
dije lo siguiente:
UN MENSAJE PARA EL
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
07 DE MARZO DE
2014
¿Qué se podrá decir de la
mujer, que no sea motivo de admiración, de orgullo, de solemnidad y sensación
de experiencia de lo sagrado?
Desde la excelsa Madre de
Dios, quien quiso entregar precisamente su ser mujer a cuidar, cultivar, educar
a Jesús para ser luego reconocida como Madre de Dios y de los hombres; hasta la
más anónima y humilde de las mujeres, todas ellas merecen la total admiración,
respeto, cariño, amor…
¿Qué tributo se le puede
rendir al ser más bello de la creación?
Es difícil dirigir un mensaje
por el día internacional de la mujer, sin ser mujer. ¿Con qué autoridad,
entonces, se puede tener la certeza de que el mensaje sea el idóneo?
Quizá con la única de ser hijo
de una madre ejemplar que tuvo once hijos y a ellos ha dedicado su vida entera.
Y al igual que todas las madres de familia saben y entienden la esencia de ser
mujeres en plenitud. Quizá por ser esposo de una excelsa mujer; o también por
ser padre de una tierna, pura, inteligente y hermosa hija; o por ser hermano de
cinco distintas mujeres que saben escuchar, apoyar, respaldar, inventar, reír,
etc.
Con la única autoridad, tal
vez, de estar en medio de una escuela cuya inspiración proviene de una mujer
santa, de Paula Montal, quien tuvo el atino y las agallas para promocionar a la
mujer en un momento histórico adverso. La única autoridad que tengo para hablar
de la mujer es quizá la de saberme parte de ese proyecto en el servicio que
realizo en esta escuela.
La única autoridad que tengo
para dirigirles un mensaje a las mujeres proviene de ser el privilegiado
compañero de tan capaces, heroicas y entregadas mujeres que son maestras y son
madres; o que, no siendo madres de familia, dan lo que tienen con todo su
corazón en la entrega en el trabajo y brillan para los demás.
La única autoridad que tengo
para hablar de la mujer es ser compañero de las mujeres que han dejado sus
familias de origen, su tierra y que han respondido a un llamado que Dios les
hizo para que su vida fuera una entrega constante a los demás, a nosotros. Son
las madres escolapias.
La única autoridad que puedo
tener para dirigir este mensaje es la de saber que en esta escuela existen, en
cada grupo, desde preescolar hasta bachillerato, un buen número de mujeres
bellas por su espíritu, por su carácter, porque Dios las puso en nuestra
historia, en nuestro camino y circunstancia para recordarnos que la vida es más
dulce, plena y llevadera al lado de ellas. Porque saben proyectar lo mejor de
la creación: ellas mismas.
No puedo decir más. Tendría
que ser un poeta para tejer con mis palabras lo más acertado para ofrecerles
como mensaje. Que vivan. Que amen la vida propia y la de los demás. Las
necesitamos enamoradas de la vida para que la cuiden y la preserven. Que vivan
realmente y brillen con todo su esplendor, su ternura, su tenacidad y su
excelencia las mujeres. En su día y siempre que vivan. Las amamos.
Julián Hernández
Castelano.
Tlaxcala, Tlax.
Twitter:
@jhcastelano
