Hablar de Dios

domingo, 30 de junio de 2013 0 comentarios

Pude ver hace unos días un filme verdaderamente «conmocionante», si puedo proponer esta derivación como neologismo, más que conmovedor. Se llama “Una aventura extraordinaria” (Life of Pi), del director Ang Lee, año 2012. Se trata de un naufragio padecido por un joven hindú; mas no se trata sólo del naufragio, sino acerca del hablar de Dios. El sobreviviente cuenta dos historias paralelas de su hazaña: en una sobrevive milagrosamente con un tigre de bengala; en otra da cuenta del drama de supervivencia vía la desesperación inspiradora de la muerte entre los últimos sobrevivientes, quedando sólo él. El mismo protagonista propone que sus dos historias tienen que ver con Dios porque al final, cuando da a elegir uno de los relatos, él presupone que Dios elegiría la predispuesta por la inercia de la película sobre el espectador. De cualquier manera, haber sobrevivido en tales condiciones no deja mucho espacio para prescindir de lo sagrado.
Es este tema de lo sagrado, el verdadero y mayor de los problemas de la filosofía, según propone un maestro que ha escrito no pocas páginas para estudiar y escudriñar los temas que permean la discusión filosófica de nuestros días. El de la religión es «el» problema por antonomasia en el plano filosófico, y con ello el de lo sagrado, el de Dios. No ha habido un sistema filosófico, una idea, una propuesta, una meditación, un pensamiento por muy alto o profundo que sea, que no se haya topado con el fondo mismo de todo asunto trascendente, es decir, que no haya rozado con el problema de lo sagrado. Hablar de Dios, pues, por muy tema tabú en el ámbito «laico», por mucho que los paladines de la secularización se empeñen en acallarlo, terminan restándole la importancia y los trabajos a un sinnúmero de veros pensadores.
Se sabe, por otra parte, que ciertos pueblos han considerado el tema de lo sagrado  de una manera tan importante que hasta era necesario callarse el nombre de Dios, precisamente por tan sagrado, tan sublime. Por contraparte, en nuestros ámbitos secularizados se banaliza el uso del término que designa a Dios porque se le ha desprovisto de todo contenido inherente a su naturaleza, es decir, se le ha «desacralizado».
Ya ni siquiera se puede hablar de Dios tan abiertamente sin que se levanten sospechas de fanatismo por parte de los no pocos espíritus «ilustrados» o jacobinos de nuestros días.
Urge hablar de Dios. A ver si con ello se despierta un poco más el interés de quienes no sólo le han negado los oídos a su Palabra, sino a los que han cerrado toda posibilidad de su experiencia viva. Urge porque el creyente muchas veces dice serlo; pero se niega a asumirse como “practicante”. Urge porque hasta para opinar sobre religiones resulta ahora que los “expertos” son esos académicos agnósticos vacíos de toda creencia en lo sagrado y propensos a pontificar sobre esos asuntos como si les fuesen propios. Urge porque desde el ámbito secular de un Estado equívocamente llamado «laico» cuando más bien se asume como ateo, desde ahí se pretende invadir el espacio de la religión y juzgar sobre lo más íntimo y sagrado mediante la irritante espada de lo “políticamente correcto”. Urge hablar de Dios porque así se muestra la esperanza de que Dios hable por medio de las palabras de quien desee hablar de Él con toda sinceridad y compromiso. Le entro.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana, Chiautempan, Tlaxcala.

30 de junio, año de la fe, 2013

El miedo al vacío

domingo, 9 de junio de 2013 0 comentarios

Nadie tiene asegurado vivir un sólo día más. Nadie puede, por más que se esfuerce, añadir por propia voluntad un segundo más a su existencia. Nadie puede agregar un milímetro más a su estatura nada más por ocurrencia espontánea.

  Estamos en el mundo y eso es lo único que podemos tener como certeza vital. Algún día ya no estaremos, ciertamente, y no a pocas personas eso les provoca cierta angustia, incertidumbre, dificultad para imaginarlo. Me cuento entre esas personas. Frecuentemente les he llegado a decir a mis alumnos o familiares: "si por alguna razón me muero y ya no puedo decirte esto o aquello, mejor te lo digo ahora", o algo así por el estilo.

  Me está pasando lo mismo ahora; pero pienso en los posibles lectores, incluso los no conocidos por mí en el espacio físico. Pienso que debo decir algo antes de que me sorprenda el fin. Máxime si ese fin es la nada, pues allende mi fe, mis convicciones religiosas, siempre estará este miedo presente.

  Me he dado cuenta que este mismo miedo ha sido experimentado por no pocas personas a lo largo de la historia. Creo que este era el sentimiento de Pascal cuando escribió: "el silencio eterno de los espacios infinitos me aterra". Me parece que era el mismo sentimiento que tenía incluso Miguel de Unamuno cuando escribía sobre la nada y sobre la necesidad de la inmortalidad y de la pervivencia de la consciencia a pesar del fin, del acabóse vital orgánico.

  En fin, pues, no quiero insinuar que soy como estos dos grandes pensadores y genios. Simplemente deseo transmitir algo ahora que se puede; ahora que la civilización ultramoderna nos permite llegar por lo menos a nuestros conocidos por el ciber-espacio. En otros tiempos no era posible. Dice un maestro y amigo mío que, por ejemplo, a José Ortega y Gasset le publicaban absolutamente todo y que, ciertamente era un excelente escritor, pero ya el hecho de ser hijo y nieto de periodistas, empresarios del periodismo, eso le permitía ser publicado aunque en su vasta obra existan algunos escritos francamente infumables. No todos, pues, tenemos la fortuna de apellidarnos Krauze, Junco, Marín, Vázquez-Raña o cualesquiera de los apellidos periodísticos de nuestra circunstancia y por ello habrá que buscar los medios para hacer saber nuestras ideas, si éstas verdaderamente ameritan quién o quiénes puedan apreciarlas y hasta comentarlas. La finalidad es recrear esta vida mientras la tenemos, hacer un poco de comunidad, acompañarnos, regocijarnos por haber coincidido en el tiempo y en el espacio y, ¿por qué no?, enriquecer nuestra estancia en el mundo con ideas, certezas, opiniones, etc.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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