Mes de la Biblia

martes, 25 de septiembre de 2018 0 comentarios

@jhcastelano

Bien lo sabemos ya los cristianos: septiembre es el mes de la Biblia. Lo es por la figura de San Jerónimo, a quien el día último del mes se le festeja. Fue este gran santo quien hizo el esfuerzo por traducir el corpus bíblico del griego al latín. Autor de la versión clásica llamada «La Vulgata», versión oficial bíblica de la Iglesia hasta la llegada de las traducciones a las lenguas vernáculas en el mundo católico después del Concilio Vaticano. Ahora existen varias versiones adaptadas en el lenguaje a ciertas regiones y destinatarios concretos. Para la lengua española sigue siendo un referente la versión llamada «Biblia de Jerusalén», por su aparato crítico y su fidelidad a la traducción apegada a la versión de San Jerónimo.

Sería una tarea no titánica, sino imposible consignar todo o lo más importante que se haya dicho en torno a la Biblia, a sus libros, a sus palabras, a sus enseñanzas. Toda la literatura religiosa o espiritual, catequética, exegética, etc., es resultado de la lectura de las Sagradas Escrituras.

Quienes hemos tenido el privilegio de haber escuchado desde la niñez en las lecturas de la misa o en las catequesis una serie de lecturas emanadas, ya sea del Evangelio, el resto del nuevo o del antiguo testamento, podemos aventurar siempre o acometer una lectura actualizada sin tanta dificultad y encontramos en los comentarios y expresiones del Magisterio de la Iglesia las guías pertinentes para alimentar nuestra vida de fe. La gran interrogante o cuestión será para los cristianos hacer vida esa palabra, responder con el testimonio y el compromiso a los retos de haber sido destinatarios del mensaje de la Buena Nueva. Es toda una tarea que debe renovarse día con día.

Hay, sin embargo, quienes suspiran por poder encontrar una manera de acercarse a las Sagradas Escrituras y suelen ser víctimas de la confusión por la sobreabundancia de «estudios» al margen de la Tradición y del Magisterio eclesial. No faltan las agencias de noticias o las academias seculares que tratan de dar su propia versión de lo que consideran que representa la Biblia. Siembran dudas, tratan de ejercer una visión escéptica y provocadora de lo que se encuentran en los libros contenidos en la Biblia.

Si ya de por sí es todo un reto lograr que el cristiano común logre manifestar con sus obras el mensaje que recibe del Evangelio y la Biblia, pues resulta aún más complicado lograr que el cristiano desorientado vea cómo acercarse a la lectura bíblica. Hay varias fuentes muy a la mano y algunas consideraciones necesarias para estos casos:

Prácticamente todos los santos, sabios, pastores y hombres de Iglesia que han escrito algo, lo hacen inspirados en la Biblia. Así San Agustín, por ejemplo, de quien se dice guardaba memoria de todos los textos bíblicos y era partidario de la lectura al azar de las mismas Sagradas Escrituras. Dicho método no puede resultar tan eficaz —si es que de verdad lo utilizaba— para cualquier persona que se acerque a la Biblia, pues se habrá de necesitar la agudeza y la fineza de espíritu como la del obispo de Hipona.

Un documento imprescindible para sopesar el valor de la Sagrada Escritura en nuestro tiempo es la Constitución Dogmática Dei Verbum, del Concilio Vaticano II, precisamente por cuanto abunda en explicaciones sobre la Revelación del Verbo Encarnado. Llama la atención el trabajoso proceso por el cual se llegó a una redacción definitiva mientras se celebraba el Concilio, tal como se expone en la introducción a la edición de 1965 para la lengua española a cargo de la Biblioteca de Autores Cristianos . Ahí se afirma entre muchas otras importantes cuestiones que: «Tradición y escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia y, adhiriéndose a ese depósito el Pueblo de Dios persevera en la enseñanza de los Apóstoles. El oficio de interpretar la Palabra de Dios, escrita o transmitida, está confiado al Magisterio de la Iglesia, el cual no es superior a la Palabra de Dios, sino que sirve a ésta, enseñando solamente aquello que ha sido transmitido. Sagrada Escritura. Tradición y Magisterio están así unidos de tal forma, que no pueden subsistir independientemente, y todos ellos juntos contribuyen a la salvación de las almas». 

Otra guía importante puede ser también la obra de un santo varón que vive aún en nuestros días y que fue Papa Benedicto XVI. Mucha de su obra, pero en especial esa Exhortación Apostólica postsinodal llamada Verbum Domini, de 2010, ha de ser una excelente introducción para entender la importancia de la Sagrada Escritura en nuestra vida. No recuerdo que en su momento se le haya dado difusión como sí la hubo para sus encíclicas y algunos de sus mensajes polémicos como el Discurso de Ratisbona en 2006; ni mucho menos por sus posturas de gestión interna de la Iglesia y, por supuesto, por su renuncia; pero este documento es de vital importancia por la luz que arroja para orientar y para guiar tanto el contexto de la Revelación Divina, como las fuentes de la Palabra y la manera como podemos acercarnos a ella.

Sobra decir que hay otras fuentes adicionales para acercarnos con la debida orientación a la Sagrada Escritura, como es el caso del rezo de la Liturgia de las Horas, el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica o de manera más estructurada al esquema propuesto por el método de la Lectio Divina, donde se plantea una cita bíblica y por medio de una serie de preguntas muy concretas se va guiando una meditación, no sin antes pasar por la oración de invocación al Espíritu Santo y las oraciones intercaladas para rumiar en la mente y hacer eco de lo dispuesto por el texto al que se acerca con la intención de dejarlo hablar para nosotros en nuestro corazón.

Siempre se requiere, en fin, no sólo la intención por acercarse a la lectura de la Sagrada Escritura o la curiosidad del estudioso o del exegeta, sino una capacidad de escucha y una sensibilidad interna del corazón para acoger cual la tierra buena la semilla del Verbo para hacerla vida y dar los frutos que como cristianos se espera de nosotros.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlax. 
23 de septiembre de 2018. 
Festividad de los Santos Mártires de Tlaxcala.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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