La huella. In memoriam: Amada Grijalva Díaz

lunes, 23 de noviembre de 2015 0 comentarios

La gente muere a la postre. Ya lo sabemos todos. Algún día llegará ese dolor para los vivos, para esta generación sabedora de su existencia. Nos queda la fe en la vida eterna y esperamos que sea siempre nuestro consuelo o nuestro anhelo. Nos resistimos a pensar que al final sólo quedará la nada. Por si nos aguarda la nada, por si la fe no fuese suficiente porque queremos la certeza de la vida eterna; por eso es menester pronunciar hoy unas palabras de fe.

La gente muere, decíamos. La gente parte. Se va. Ya no veremos a quien se va, a quien fenece. Así es la vida: llega el fin. Hay quien afirma, a la luz de la fe, que la muerte no es el final. En realidad no morimos, nos dicen, porque nuestra alma o nuestra conciencia o como quiera que se le conciba y se le llame, permanece en una suerte de vigilia. Ese es el paso, esa es nuestra Pascua particular, nuestra experiencia de encuentro definitiva con lo trascendente, con la Verdad, con Dios. Terrible paradoja, pues le podemos desear y llegar a experimentar en vida, y es con la muerte como parece que se nos permite la experiencia definitiva de Dios.

Luego está el dolor de quienes se quedan y sienten la partida de los que mueren. Sus "deudos", les llaman, aquestos seres queridos que son testigos del "Paso". Si estos tienen fe, el consuelo llega pronto, porque ofrecen el alma de quien se va, para que sea recibida por el Altísimo. No es fácil, empero, alcanzar ese consuelo. Se vuelve entonces necesario orar, no sólo por el alma de quien falleció, sino por los seres queridos en su afán por lograr el pronto consuelo. Así el creyente. Así la persona de fe en el contexto de la cristiandad. 

Quedan los recuerdos y las sensaciones para quienes conocimos a quien fallece. Son sus huellas.

Ha muerto una señora de mi pueblo de origen. Una especie de tronco en el árbol genealógico tan extenso y tan lleno de vida, por ello mismo. Doña Amada Grijalva Díaz nos dejó hoy. Todo un referente para hablar del pueblo de Jesús María, El Marqués, Qro. Referente por su piadosidad, por su devoción, por su fervor religioso. Referente porque sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y hasta tataranietos pudieron tomar ejemplo de fe, de religiosidad. Referente porque fue semilla de la fe para muchas personas en el pueblo. Referente porque no se le conoció una pizca de egoísmo o de mala fe, o de intrigas, o de odio, o de dificultad. Referente porque, como buena heredera del carácter de su madre, doña Severa Díaz, de feliz memoria, siempre fue apacible, serena, ecuánime y prudente, cuando menos. Referente porque sus descendientes son personas de bien, son inteligentes, protagonistas, participativos, amigueros, nobles, educados y muy alegres. Referente porque a ella se le debe mucho en ese pueblo, por todo lo anotado y lo no escrito aquí y que sus hijos y nietos lo sabrán mejor que quien esto escribe.

Si pudiéramos tomar como analogía el árbol, para referirnos al árbol genealógico, al árbol de la vida que es la familia Grijalva, de la cual el menda forma parte de sus ramas, aunque ya no lleve el apellido, diría que la tía Amada no era un retoño, o una simple rama, sino un tronco grande y fuerte, que transmitía su savia, su elixir, su nutriente a todo el resto de las ramas que dependían de ese tronco que era su vida y su ejemplo, para dar lo que pudo dar: el amor de madre y de mujer excelsa para bien de los demás. Hoy ese tronco queda en manos de Dios. No es poca cosa.

Dice el Evangelio de San Lucas, en el capítulo 10, que cuando Jesús mandó a sus discípulos a predicar, a los setenta y dos, que fueran de dos en dos, ellos volvieron y le contaron cómo en su nombre hacían milagros y expulsaban demonios; y en el versículo 18 Jesús les dice: "Sí, yo veía a Satán caer del cielo como el relámpago: pero no se alegren por eso, sino porque sus nombres están escritos en el cielo". No me queda duda: el nombre de Amada Grijalva Díaz está escrito en el cielo, donde ya está ella también.

Con cariño y con respeto.

Julián Hernández Castelano.
Un sobrino nieto.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala. 23 de noviembre de 2015.

Sobre el Día Internacional de la Filosofía

jueves, 19 de noviembre de 2015 0 comentarios

Desde el año 2002 el Día Internacional de la Filosofía se celebra el jueves tercero del mes de noviembre. Así lo declaró la UNESCO, según sé.

No me gusta celebrar el día de esto o el día de aquello, ya lo he expresado, sin embargo, con esta celebración del gremio filosófico tengo una historia curiosa. La expongo y opino sobre la práctica filosófica y la enseñanza de la Filosofía en nuestros días..

Corría el año de 2002. Estudiaba yo el segundo año de la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Querétaro. Tenía un profesor admirable por su erudición mostrada en nuestras clases sobre Aristóteles. Fue en una de sus clases y de sus intervenciones sobre la práctica filosófica y lo poco dado que somos los filósofos a celebrar acontecimientos, que le solté la pregunta: "¿Y no hay un día del filósofo o de la Filosofía?". Lo saqué con ello de su absorta exposición y disertación, que se quedó callado, pensativo, meditabundo y cambió la expresión de su rostro para decirnos que nunca lo había pensado y probablemente nunca se imaginaría algo así. Yo le hice la pregunta porque recién había conocido a mi novia, quien sería después mi esposa, y en nuestras largas conversaciones salió el tema de los festejos; ella, que es Química, me decía que se festejaban en diciembre; y yo, aprendiz de filósofo, no le supe dar razón.

Un tiempo después la UNESCO decretó la celebración aludida de la Filosofía y este mismo profesor lo anunció en clase, pues era él el coordinador de la carrera y además hizo notar mis dotes proféticos. Eso me valió ser el maestro de ceremonías en los dos actos fuertes que tuvimos esos días: tanto una mesa redonda con la discusión perenne del para qué la filosofía, como la cena de gala en el antiguo molino de Querétaro, propiedad ahora de la Universidad Marista, donde precisamente estudié mi preparatoria. En esa cena reflexionamos también sobre la función de la filosofía y yo fui el moderador. 

Ya en años siguientes jugué un papel más discreto en la organización como interlocutor; pero más activo porque fui Consejero Universitario Alumno. Siempre han tratado en esa y otras Universidades de armar programas atractivos para esta celebración de la cual resulté profeta autóctono en su momento. Ya no me atrae, empero, acudir a dichas celebraciones; ya no siento la misma efervescencia. Todo cambia, como dicen que dijo Heráclito, "el oscuro".

Mucho se discute ahora sobre la práctica filosófica y sobre la enseñanza de la filosofía en nuestro país. Generalmente se les confunde, siendo de naturalezas distintas. Se dice, por ejemplo, que ha sido un atentado de lesa inteligencia desterrar la materia de Filosofía de los programas de estudio de la SEP y se piensa que este "Capitalismo Salvaje" quiere ver derrumbada la tarea del pensamiento. Ello abona a la confusión, porque se cree que si no se enseña oficialmente la filosofía en las escuelas, no habrá entonces una buena práctica filosófica.

Juzgo que la práctica filosófica en México ya estaba muy deficiente antes de cualquier modificación a los programas oficiales de la enseñanza de la misma en el nivel de Bachillerato. Juzgo también que de igual manera la práctica de la enseñanza de la filosofía es muy pobre desde el punto de vista del rigor intelectual. Una prueba de ello o posible causa es que en la mayoría de los casos son profesionistas de otras áreas quienes imparten las clases de Filosofía en las escuelas del nivel Medio Superior. Los perfiles no son los idóneos. Ello puede deberse a que quienes se especializan en Filosofía no son necesariamente quienes se interesan por la enseñanza, o bien, las corrientes de pensamiento que siguen no son atractivas, pertinentes o idóneas para los centros educativos. Es difícil pensar, por ejemplo, que se contrate a un nihilista para guiar a los jóvenes de Bachillerato por las sendas del pensamiento, si de entrada ya hay una especie de negación de la Tradición. Juzgo también que si el profesional de la filosofía se dedica a comentar simplemente los textos de los escritores "canónicos" o a traducir obras de primer mundo, no habrán los frutos esperados en el área.

Luego está también la necesidad de una "didáctica" de la filosofía para poder enseñar adecuadamente a los jóvenes. Difícil pensar que de inicio ya estén leyendo a Nietszche o a Heidegger; o bien, en el otro extremo, que nos contentemos con que lean "El Mundo de Sofía", o el "Filosofía para principiantes", del monero Rius. Hay que conducirlos por lo básico de la Lógica, la Ética, la Antropología y la Estética, sin caer en ideologías de ocasión y sin sesgar el criterio de los jóvenes a capricho, resentimiento o moda del pedagogo filosófico. Sentadas esas bases, entonces sí, se puede ir recomendando la lectura de filósofos clásicos y eventualmente alguno que otro contemporáneo.

Nada fácil tarea, tomando en cuenta las restricciones irracionales de nuestras inefables autoridades educativas, más preocupadas por el cumplimiento burocrático de formatos y estándares de esta o aquella certificación, que en la verdadera calidad del aprendizaje de los alumnos. Si es menester "brincarse las trancas" y ofrecer por nuestra cuenta un catálogo de actividades que representen un plus en nuestra tarea educativa, con tal de lograr un aumento en la capacidad cognoscitiva y un acercamiento más estrecho al mundo de la filosofía, pues echemos a andar la creatividad y la imaginación y no quedarnos con la simple idea victimista de la pelea "contra el sistema". Puede resultar favorable. Veremos.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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