Señor Obispo

domingo, 22 de septiembre de 2019 0 comentarios



@jhcastelano

Ha causado alto grado de efervescencia en la diócesis de Querétaro el nombramiento publicado apenas para que el hasta ahora obispo del lugar, su Eminencia Don Faustino Armendáriz Jiménez haya sido nombrado arzobispo de la provincia eclesiástica de Durango, ya en la zona norte de la república mejicana.

Resultado de imagen para faustino armendáriz jiménezSituados e influenciados como nunca en esta era de las comunicaciones sociales gracias a la World Wide Web, se puede apreciar un sinnúmero de impresiones de los usuarios de las redes sociales. En parte porque se le percibe fuerte, presente y hasta cierto punto innovador, fervoroso e impulsor de un esfuerzo misionero a este obispo en especial. La misma diócesis ya ofreció una conferencia de prensa para hablar sobre este hecho.

Ya volveremos sobre los juicios sobre su trabajo. Antes quiero atosigar a los lectores que se dejen con unas cuantas experiencias personales sobre la figura del obispo, con la idea de espejear, como siempre, algo válido para la circunstancia colectiva y, desde luego, una buena dosis de reflexión sobre la misión episcopal.

Resultado de imagen para concilio vaticano iiAntes, empero, hay que apuntar algunas ideas sobre la esencia de esta tarea; y no hay mejor fuente que la propia Iglesia a través del Concilio Vaticano II, más específicamente en la Constitución Dogmática «Lumen Gentium» (Luz de las naciones), en sus números del 18 al 29 abunda sobremanera en la esencia y misión de los obispos. Habría mucho que decir, entonces, pero para abreviar consideremos que «los Obispos recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los sacerdotes y diáconos, presidiendo en nombre de Dios la grey, de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno. Este sagrado sínodo enseña que los Obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envió» (Número 20).

Después se han favorecido los trabajos por regiones episcopales para interpretar y actualizar el mensaje evangélico con las conferencias llevadas a cabo y los sínodos en los continentes, de tal manera que los obispos han tenido una relevancia suma para continuar la misión encomendada desde los tiempos apostólicos.

Resultado de imagen para evangelii gaudiumYa en nuestros días se ha vuelto célebre la petición del Papa Francisco a los sacerdotes y especialmente a los obispos para que sean «pastores con olor a oveja», es decir, que sepan estar codo a codo con los agentes de pastoral de todos los niveles y especialmente que laboren en medio de los feligreses, incluso entre aquellos que, habiendo o no sido bautizados, no ejercen ni de cerca, ya no digamos una espiritualidad profunda, sino la más mínima acción sacramental o de vida de fe, los desplazados, los olvidados del sistema, los relegados, los descartados, las víctimas de los excesos del mundo ultramoderno con todo y las desigualdades que puede provocar a través de tantos sistemas e ideologías que subyugan a las personas. Ahí es donde el obispo, el sacerdote, el laico comprometido debe estar: en medio de los necesitados de la Palabra divina o la Buena Nueva que Cristo trajo, dejó y espera de nosotros. Eso resuena e infunde los impulsos episcopales por doquier.


Cualquier hermano ex seminarista, sacerdote o los fieles laicos que han conocido a don Faustino podrían abundar en anécdotas sobre él y su acción como obispo. No pretendo abundar o ganar la primicia de tener mayores experiencias sobre él. Sólo quiero consignar algunas muy personales y no de don Faustino o con él, sino con los anteriores obispos de la diócesis queretana.

Corría el año de 1982 y, al celebrar en el segundo domingo del año en enero la fiesta patronal de Jesús María, en ese tiempo en honor de la Virgen de Guadalupe, sucedió que, como era una costumbre, se organizaba lo que llamaban “el encuentro”, y que consistía en organizar una procesión con la imagen de la Virgen, cargada por doncellas vestidas de blanco y precedidas por un contingente de niños y mujeres mayores que llevaban las velas en pleno día y escoltada por los varones del lugar, atrás los coheteros y la banda de viento, a veces acompañaba alguna danza de concheros, se recorrían unos dos kilómetros para encontrar al señor Obispo, en ese año el muy ilustre Dr. Alfonso Toriz Cobián, ya un tanto senil, bajó de su vehículo, tronaron los cohetes, la banda tocó fanfarrias, todos aplaudimos, se lanzó confeti, el Obispo se acercó y comenzó a saludar a los niños, a los más pequeños, entre los que se encontraba entonces el que les escribe. No olvidaré ese hermoso gesto, porque acarició mi cabeza y continuó caminando a nuestro lado, mientras la gente aplaudía, rezaba, cantaba y caminaba para iniciar ya en el pueblo la celebración de la fiesta patronal.

Resultado de imagen para mario de gasperin gasperin biografiaCuando Don Mario de Gasperín llegó a la diócesis se tenían muchas expectativas sobre su trabajo. Una de las primeras observaciones que la gente hacía era que no parecía tener mucha prisa por visitar las comunidades rurales como lo hacía el anterior. De repente don Mario ya tenía una imagen un tanto elitista.

La primera vez que me lo topé fue en el mes de propedéutico que nos acompañaron en agosto de 1993 para el ingreso al menor. Ahí en el pasillo interno del seminario, ese que corría desde el comedor del lado de lo que era el menor, hasta la base del edificio de lo que era el mayor, por la parte de adentro del seminario, allí apareció caminando con el entonces padre rector don Domingo Díaz Martínez, no recuerdo con quiénes caminaba yo, todos nos asustamos y el padre Domingo nos dijo con su voz de mando: “¿No van a saludar a su señor Obispo?”, a lo que no tuvimos más remedio que acercarnos para besar su mano, todos tembeleques y sin saber qué decir.

Al año siguiente en la casa de Pasteur 36 norte, en el Centro de la ciudad de Querétaro, donde provisionalmente estuvo el menor un tiempo, voy a subir las escaleras para la hora del estudio por la tarde a los salones, silbando una melodía de José Luis Perales y en el recodo de la escalera veo de frente a don Mario acompañado del padre Felipe Mandujano, me detengo y Felipe nos dice: “No te espantes, Julián. Esos pelos ya los traía parados, don Mario, no crea que es porque se asustó”, saludé ambos con el gesto, besé la mano del obispo y me subí a lo que iba. No hablé palabra alguna.

Después ya lo encontré en otras circunstancias menos difíciles para mí, presté el servicio del altar con los colegas, tanto en catedral, como en otros lugares, presidiendo el obispo las celebraciones. Incluso alguna vez, mientras el padre Saúl Ragoitia era asistente del obispo, fui a su casa y conviví un poco más de cerca, sin ser nunca realmente cercanos. Yo creo que nunca me identificó plenamente. Eso no lo sé.

Lo que sí sé es que su imagen de elitista se fue borrando un poco, no del todo; pero emergió más la imagen del gran comunicador que fue en mancuerna con el señor Jaime Septién, para la creación del periódico de la diócesis y después EL Observador. Luego también se hizo de la imagen de quien procuró una formación más exigente, diversificada y especializada de su presbiterio.

Y ya ahora con don Faustino, pues todos lo saben: su talante fervoroso, peregrino y en constante movimiento, amén de su imagen un tanto juvenil y de fortaleza lo hacen tener imagen de un buen pastor, justo como el Papa los pide: con olor a oveja. No sólo ha visitado la mayoría de las comunidades y parroquias de la diócesis, tomándose fotos y saludando a la feligresía, sino que además se ha hecho partícipe como peregrino al Tepeyac y a la Basílica de Soriano. Ha coordinado igualmente los trabajos de revisión del trabajo pastoral en los decanatos y se le percibe activo en general. Ha continuado, además, impulsando la formación del presbiterio, enviándolos a estudiar a Roma o favoreciendo que aquí mismo en el país o en el estado sigan con su formación en ciertas universidades. Su papel ha sido el de un pastor que parece poner al día los trabajos de la diócesis en el contexto del crecimiento industrial de la zona metropolitana de la capital, así como en el desarrollo al interior de los municipios y hasta de la zona serrana de la diócesis. Parece impulsar el fervor religioso y pone a la vanguardia el trabajo pastoral. No es poca cosa.

Y como nadie es perfecto, también habremos de señalar y aportar algún juicio —simple percepción, tal vez— sobre el desempeño de nuestro señor obispo. Trataremos de expresarlo lejos de cualquier pasión que nos haga perder objetividad, desde la caridad y la pretensión de la corrección fraterna, pues como cristianos debemos madurar esta posibilidad de señalar lo que se podrá mejorar: he notado que no han sido pocos los sacerdotes suspendidos. Sólo ellos y seguramente el pastor saben las razones; pero detrás de la estadística parece haber una constante conducta: la falta de diálogo; y quizás algo que podría ser harto más grave: la falta de acompañamiento, especialmente espiritual, de orientación y de paciencia para estos sacerdotes. Desde luego a todos nos toca la oración por ellos y por el obispo.

Cuando se han celebrado las evaluaciones o reuniones para escudriñar los avances al plan de pastoral en las parroquias y decanatos, de repente parece haber una actitud más bien fiscalizadora y no tanto de escucha, diálogo y corrección fraterna. Simple percepción puede ser también; pero no se debe caer en la inercia de clasificar o calificar todo bajo la perspectiva de la moral industrial, esa que busca los estándares de calidad por la vía de las certificaciones. Ni el trabajo eclesial puede reducirse al modo de un esquema laboral, por mucho que los gobiernos en turno sean hostiles a la Iglesia, ni se puede tampoco extirpar la entraña espiritual en aras del cumplimiento de objetivos. Dudo que esto lo lea algún día don Faustino; pero ojalá Dios le ilumine para que a donde vaya esté preparado para estas u otras contingencias o amenazas en lo referente al trabajo de su importante misión.

Resultado de imagen para queretaro hoy¿Qué esperar ahora para la diócesis de Querétaro? Fácil: un pastor que esté a la altura de las circunstancias. Difícil, más bien, porque la meta será de muy alta exigencia. El listón está muy alto. Siendo una diócesis de un fervor religioso muy arraigado y de una participación muy activa de los laicos, amén del crecimiento poblacional vía la inmigración, principalmente, se antoja una empresa por demás exigente para cualquier obispo que sea nombrado. El nuevo pastor tendrá que combinar con maestría la excelencia intelectual, la promoción y la elevación en la calidad de la formación de los seminaristas y sacerdotes, la inclusión de laicos especializados, bien formados y dispuestos para la misión evangelizadora, el diálogo ameno, paciente y dedicado con el presbiterio y, desde luego, un buen plan de acción pastoral para atender las demandas de una feligresía en medio de un ambiente de expansión en todos los sentidos y con los desafíos que ello trae consigo en los temas de la más convivencia elemental, la práctica de los sacramentos, el culto y todas las demás exigencias eclesiales para un Querétaro de pujanza y relevancia nacional.

El Papa Francisco ha dado buenos pasos en cuanto a la selección de los obispos, privilegiando el talante misionero en ellos. Ojalá que tenga para Querétaro un digno sucesor de don Faustino, de don Mario, de don Alfonso y de los anteriores obispos que ya no nos tocó conocer. Mientras se da la sucesión deberá haber un administrador episcopal, que por canon parecería corresponder al Vicario General. No está ajena la posibilidad de que inclusive pudiera ser nombrado un miembro del presbiterio diocesano. Hay gente con la capacidad intelectual y el liderazgo que se requiere; pero eso no depende de los deseos propios, sino de quien a juicio del Vaticano tenga los elementos para ser nombrado obispo de esta ilustre diócesis.

Nuestra oración por ello.

Julián Hernández Castelano
22 de septiembre de 2019
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

Victimismo

sábado, 1 de junio de 2019 0 comentarios

@jhcastelano


El victimismo es camaleónico. Es patético. Es ridículo. Es pueril. Es falaz. Es el reflejo velado del chantaje. Es perverso. Es impío e indolente. El victimismo es el arma preferida del hipócrita. Es la bandera tramposa del malévolo. Es el rostro engañoso del impúdico, del charlatán, del engañabobos. Es, para decirlo ya, el deleite ignominioso de la ideología izquierdista.

Cuando las corrientes izquierdistas medran fuera del poder, se asocian en torno de un mito y tratan de hacer comunidades unidas por la supuesta defensa de las víctimas. Sea que les hagan creer a los sectores vulnerables que son oprimidos, que no son valorados y que pueden hacerse de "los medios de producción o de dominio", o sea que les hagan creer que ellos son sus redentores, los gestores de su verdadera libertad. Entonces les siembran la idea de que son víctimas y así los reducen para exaltarlos. Utilizan a los sectores vulnerables como carnada para sus intereses por demás mezquinos, oscuros y sedientos del poder.

El izquierdismo, tanto el radical, como el moderado, es provocador: manda por delante ejércitos de adoctrinados, sedientos de la supuesta justicia, de la idea de ella que les han sembrado esos líderes de pacotilla y si en la campaña emprendida "por la causa", hay lesionados, heridos o, mejor aun, muertos, el éxito es total porque entonces ya tienen el pretexto perfecto para legitimar su movimiento. Ya tienen con eso los falsos mártires que necesitan para embestir a costa de la violencia; pero más eficazmente, por medio de ese victimismo, su razón de ser, su pretexto para avanzar en torno de los verdaderos fines que persiguen.

Su lógica es perversa. Coincide plenamente con lo que René Girard ha señalado como el "ciclo de la violencia mimética": crean una víctima, señalan o acusan al culpable de esa pretendida violencia contra la víctima y entonces desencadenan el proceso violento para legitimar, exaltar y defender a la víctima, pasando a la ofensiva, violentando; pero eso sí, con una violencia que pretenden legítima. Como buenos acusadores, se vuelven comparsas del mal y toda su acción no es más que maldad y perversidad.

No pretendo insinuar que cuando el izquierdismo no está en el poder en realidad no haya opresión ni injusticias, pues ningún sistema de gobierno o de organización pública, ningún poder mundano está exento de caer en la injusticia. De hecho pretendo denunciar que la gran mentira de nuestro tiempo es la de creer que un Estado Moderno nos puede salvar y bajo su cobijo lograremos la anhelada justicia en la tierra. El Estado Moderno es el "Gran Animal", es el poder del mundo, siempre corrupto y opresor, tal como lo distingue Simone Weil; pero eso es otro tema. Digo y juzgo que el izquierdismo es ruin por utilizar para sus fines un ciclo como el que Girard conceptualiza en sus obras e investigaciones.

Mas hay un peligro y una calamidad peor: que cuando están en el poder, como ahora en nuestro país, utilizan el victimismo todavía, como si continuasen fuera del poder y blancos de —les encanta decirlo— sus "adversarios". De esa manera buscan aglutinar simpatía por "su causa" y sembrar el odio contra todo lo que no es el poder que ahora detentan. Es su estrategia. Así buscan perpetuarse en el hueso, en el dominio, en el poder. Así buscan eliminar a todos los que no piensan como ellos o no se les someten.

Resulta curioso, pues, o muy sospechoso que recientemente hayan coincidido varios montajes de victimismo: tanto el circo pueril y mal sembrado del mentado libro bomba en el senado, como la extraña amenaza contra el porro que cobra como diputado, ya no digamos la histeria de la suegra de cierto senador de los tuppers. No pasará mucho antes de que comiencen a señalar personas determinadas que serán —ellas sí— sus víctimas. Y lo seguirán haciendo principalmente en vísperas de elecciones o de alguna votación importante en las cámaras legislativas.

Si habremos de esperar este tipo de espectáculos, desestimemos sus historias, sus rabietas, sus poses patéticas de víctimas inventadas y sus reclamos paranoicos, así como sus acusaciones. Exijámosles lo que les toca en realidad hacer: trabajar y hacer bien las cosas para todos, no sólo para sus amos.

La fe precisa el encuentro

miércoles, 24 de abril de 2019 0 comentarios

@jhcastelano


Carta para mi amigo Rafael.
Sobre los intríngulis de la fe


Estimado amigo:

Un tuit no basta. Una respuesta breve, aunque sea en un medio electrónico cuyas proporciones puedan contener mayor número de palabras, tampoco. Hace falta una carta como ésta para expresar algunas consideraciones sobre el asunto de la fe. Si has de tenerme paciencia, no podemos quedarnos con unas cuantas afirmaciones, sino con algo un poco más profundo; por eso es menester abundar de cierta manera en una entrada de blog como la de ahora para remitirnos a ligas externas y a la vez alcanzables desde la red del Internet y para asentar nuestra postura. Cierto que la inquietud me fue manifestada en un mensaje privado, sin embargo, las implicaciones de la respuesta parecen ameritar un tratamiento abierto.

He notado que en varios mensajes de tuiter expresas unas genuinas dudas sobre cuestiones de fe. No me asusta pensar en tus reticencias o tus posibles contraposiciones al hecho religioso o a las posturas que, generalmente en el terreno de lo moral, parecen extraerse como consecuencia de la fe religiosa. Te considero una persona muy analítica, profunda, nada banal, de un juicio muy agudo y, sobre todo, sediento de ir en pos de la verdad. En especial veo con buen agrado tu combatividad y la búsqueda de argumentos certeros, contundentes y propicios para cada cuestión a la que te acercas. Todas estas virtudes no se encuentran a la vuelta de la esquina. Amén de tu inteligencia y la inquietud de tu espíritu. 

Debo agregar que esas tus dudas y esos tus cuestionamientos en el terreno de la fe son para mí un desafío interno, pues con lo que encuentro en ti puedo espejear mis posturas y puedo revisar los pilares de mis propias creencias, para ver si están bien cimentados o para yo mismo cuestionarlo. La verdad es que siempre he sido así: siempre he cuestionado incluso mi propia fe, mi sistema de creencias y lo que creo que son mis convicciones. Por eso no puedo ser indiferente a lo que tú mismo expresas siempre con esa agudeza y me apresto a contestar y atender tu petición, sobre todo porque creo que al contestarte a ti, estoy también atendiendo a una serie de preocupaciones comunes a ciertos espíritus como el tuyo: inquietos y hasta cierto punto sedientos; sé, además, que son tiempos en los que es preciso ofrecer ciertas aclaraciones, y más en el terreno de la fe, así que aquí vamos.

Todo esto nace, pues, de la petición que me haces para compartirte algunas fuentes o links sobre mi afirmación esa de que "toda fe precisa de la experiencia del encuentro", y ahora debo agregar que se trata del encuentro con lo divino, con lo trascendente, con el absoluto, como quieran decirle. Con Dios, pues.

La verdad es que las fuentes son numerosas, por lo que no resulta tan sencillo arrojar por ahí algunas referencias, sino hasta cierto punto las selectas para mí. Comenzaría por decirte que precisamente sobre este tema fue mi tesis de Maestría en Filosofía, sobre el problema de lo sagrado, que incluye o implica el asunto de la fe como encuentro y no como denominación. Ya tan solo con ello podríamos invertir un buen rato para su lectura. Acá te la dejo con gusto.

Desde luego en la misma tesis hago referencia a ciertos autores, de los cuales tengo que decir algo ahora; pero antes quisiera manifestar que los mismos evangelios tienen todos ellos una multiplicidad de ejemplos sobre la experiencia del encuentro, en este caso con Jesús. Yo resaltaría uno de los más paradigmáticos, que es el pasaje de los peregrinos de Emaús, en Lucas 24, del 13 al 35. Sobre todo puede calar hasta el tuétano cuando lo reconocen y dicen: "¿Acaso no sentíamos arder nuestro corazón cuando nos explicaba las escrituras?", en el versículo 32, pues en ese momento reconocieron que se había dado el encuentro y no lo habían notado.

Importante obra sobre la experiencia del encuentro
Sobre la idea del encuentro como tal en la experiencia de la cristiandad hay ideas abundantes en la obra del filósofo español Juan Martín Velasco. Puedes leer acá "La experiencia cristiana de Dios". En lo personal tengo en mi poder, además, "El encuentro con Dios" (ver imagen). También puedes no sólo leer, sino meditar el Memorial, de Pascal, y en general algunas de sus obras, como los célebres Pensamientos.

Para los místicos cristianos o de talante cristiano (es decir, todos los que de algún modo, aunque no profesen directamente la fe de los bautizados, pero que saben o han oído hablar de la revelación cristiana, o en otras palabras: los que culturalmente están bajo el cobijo de la cristiandad), lo místicos, pues, reconocen que los espíritus inquietos y ávidos de la experiencia de Dios son aquellos que han notado la ausencia total del mismo Dios. La no presencia de Dios. Su sed de la experiencia de Dios, su hambre de Dios los lleva a disponerse interiormente y a darse cuenta de la indigencia propia espiritual y cuando eso sucede... ¡pueden darse cuenta del encuentro! Es como la tierra reseca, sin agua, que fue removida y en donde se deposita la semilla, que en cuanto cae la lluvia y en conjunción con el factor solar produce el milagro de la germinación de esa semilla para dar fruto: ¡la tierra otrora reseca produce el fruto! Esta analogía la he tomado de Simone Weil, precisamente una mujer, una muchacha de espíritu inquieto y no profesa de la religión, que tuvo sendas experiencias místicas y que escribe pensamientos muy profundos sobre Dios. En su obra La Gravedad y la Gracia, expone esta y otras analogías. Allí también habla de la ausencia de Dios, del silencio. Dice que la armonía sólo es posible gracias al silencio entre las notas musicales. Dice también que Dios debe estar ausente porque no resistiríamos sentir su presencia todo el tiempo. San Juan de la Cruz lo expresaba de esta manera:

¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?,
como el ciervo huíste
habiéndome herido,
salí tras ti, clamando y eras ido.

Sólo cuando el alma se da cuenta de su indigencia, de su vacío, de su nada, es cuando está lista para ser preñada por el Todo. Lo entendía el maestro Eckhart cuando hablaba del "vaciamiento" de sí.

Otra experiencia importante es la de Manuel García Morente, que relata cómo fue ese encuentro que él tuvo con lo divino en el exilio, durante la guerra civil española.

Sobre la idea del hambre de Dios hay un buen libro también de mi maestro y amigo el filósofo Juan Carlos Moreno Romo, donde explora la situación de las relaciones entre la razón y la filosofía en nuestros días y en nuestra circunstancia, sin perder de vista el asunto de la necesidad del encuentro con Dios en el terreno de la fe.

En fin. Podríamos extendernos largas horas escribiendo sobre el particular asunto. No pretendo atosigarte, sino darte sólo algunas ideas, algunas fuentes a donde acudir. Ya habrá tiempo para la retroalimentación, el intercambio y la conversación.

Te mando un saludo muy cordial.

Tu amigo:

Julián Hernández Castelano.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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