Un Papa al contentillo (II)

viernes, 19 de febrero de 2016 0 comentarios



Ya se fue de México el Papa y aún resuenan los ecos de sus palabras. 

Para quienes de verdad desean conocer, estudiar, reflexionar y rumiar mentalmente sus mensajes hay un e-book con todo lo que pronunció, incluso las palabras fuera de los discursos oficiales y las improvisaciones emitidas por Francisco.

Mucho se seguirá escribiendo sobre el asunto, tanto por las palabras, como por los actos, los gestos y el fervor religioso con el que fue recibido, acompañado y despedido. Se dirá algo de las coberturas televisivas y sus propósitos, sobre las personas que pudieron verlo y dar su testimonio y hasta de las posibles y muy probables triquiñuelas de quienes se las arreglaron para verlo, aun sin merecerlo o estar programados para hacerlo.

El que esto escribe lo pronosticó antes: los comecuras, ateos gracias a Dios, agnósticos, jacobinos, "expertos", los políticamente correctos habrían de interpretar los gestos, palabras y obras del Papa según su contentillo, o bien, manifestarían su decepción porque el Papa no habló sobre lo que ellos querían que hablara, porque no recibió a quienes ellos querían que recibiera, no condenó a los que ellos querían que condenara o no hizo lo que ellos querían que hiciera. También pude afirmar que el Papa hablaría y actuaría conforme a la fe cristiana y al Evangelio. Así fue, nadie lo puede dudar, aunque los intelectuales resentidos o francamente hostiles seguirán buscando motivos para tensar la cuerda.

No ha faltado quien diga, por ejemplo, que cuando el Papa les pide a los Obispos arreglar las cosas como hombres es porque la Iglesia siempre ha marginado a las mujeres. O bien, quien todavía reclama en su espacio periodístico por qué no habló de Marcial Maciel, la pederastia y demás asuntos polémicos de actualidad. Hay quienes afirman que el Papa pasó por alto lo que ellos consideran insoslayable, como reunirse con los papás de los 43 de Ayotzinapa.

Pasó de noche para ellos esta histórica visita. No se dan cuenta que en los mensajes que dio se refirió constantemente a los problemas más importantes del país: la corrupción, la inseguridad, la falta de oportunidades, etc. Asimismo logró actualizar y adaptar el mensaje evangélico a la realidad actual de nuestro país, amén de los gestos y lo entrañable que resultó, además de lo simbólico, el haber estado con los vulnerables, desprotegidos, los presos, los niños, los jóvenes, las familias, los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, los obispos y hasta con los políticos. Todos necesitados de las palabras del Papa y del mensaje de Jesús.

No es lo mismo hacer ruido estruendoso, recalcitrante y obstinado desde los propios afanes de hostilidad versus la Iglesia y la Religión, que hacer eco de los mensajes papales.

Semanas antes de la visita, rescaté de entre mis libros el de la entrevista que concedió Benedicto XVI al periodista Peter Seewald para editar el volumen "Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos". Publicación cercana a la renuncia de Benedicto. Allí se ve cómo el entonces Papa responde sobre la figura papal, la noción errónea que tenemos sobre el asunto de la infalibilidad y el papel de la Iglesia en nuestros tiempos. 

Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, nos preparó el camino para entender hoy a Francisco y disfrutar de su vitalidad, su entrega y la capacidad para dinamizar la vida de la Iglesia. Francisco, como buen vicario de Cristo es luz del mundo, aún con todos los errores que como ser humano pueda tener o las posturas que resultan polémicas para todos los lados extremos de las ideologías imperantes en nuestro mundo. Es el Espíritu Santo quien le asistirá a pesar de ello, tal vez.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.
19 de febrero, Año Santo de la Misericordia, 2016.

@jhcastelano

"Ven y salva mi corazón"

miércoles, 17 de febrero de 2016 0 comentarios

Me ha conmovido hasta el tuétano la imagen y los gestos del Papa Francisco en la cárcel de Chihuahua. Me ha conmovido en especial la escena en la que se acerca a saludar al coro del penal. Fue algo hermoso. Lo fue por todo lo que alrededor se dio. Lo fue por lo que tuvo que confluir para que se diera ese momento sublime. Lo fue por la extraordinaria belleza con la que los instrumentos, la voz y la inspiración de los presos hacía brotar esa desgarradora melodía llena de esperanza.

Fue especialmente conmovedor para mí porque al parecer en esa cárcel se encuentra un amigo mío, un compañero de escuela de mi juventud. Si este amigo pudo ver al Papa, hay esperanza. Lo pensé y lo sentí mientras observaba la repetición por televisión esta misma noche, mientras me tomaba mi esposa de la mano y en mi brazo mi hija buscaba refugio contra el frío y la posibilidad de dormir así, en mis brazos. "Yo, aquí, pensé, rodeado del amor de Dios con mis mujeres, y mi amigo ahí, entre la ignominia de la pena por su error y la visita del mensajero de la Misericordia". Es Dios. Lo sentí.

Lo confieso avergonzado: nunca lo he ido a visitar. Tuvo que venir el Papa desde tan lejos para hacerlo él.

Cuántos de nosotros no hemos hecho un pequeño acto de misericordia como ese, el de visitar a los presos, máxime si son algo nuestro, incluso un amigo, por ejemplo.

Analistas van y vienen. Teclas se oprimen. Pensamientos se plasman. Opiniones se emiten. Artículos se publican. Reclamos se expresan. Críticas se desparraman. ¿Y cuánto hacemos realmente para abonar a la misericordia? 

Basta de palabras. Las obras son las que deben dar el testimonio. Por si la nada nos aguarda, no debemos olvidar que las obras pueden hacer que nos eternicemos. El Papa lo tiene claro y por eso no perdió la oportunidad de estar ahí con los presos y con mi amigo Jorge, al que imaginé cantando con el coro del penal: "Ven y salva mi corazón".

Julián Hernández Castelano.
17 de febrero, año santo de la Misericordia, 2016.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

Un Papa al contentillo.

jueves, 11 de febrero de 2016 0 comentarios

Y resulta que ahora todos son vaticanólogos otra vez, igual que cuando renunció Benedicto XVI. Todos son expertos en geopolítica internacional, relaciones entre la Iglesia y el Estado y más aún, en la figura papal, en los signos de los tiempos y hasta en Derecho Canónico. Todos los que escriben, los expertos de la pluma y de la opinión, los que salen en los noticieros adoptando poses de erudición y sapiencia espectacular. Todos pontifican y piden un Papa al contentillo.

“Tu me defendas gladio, ego te defendam calamo”, decían los primeros “intelectuales” al servicio del poder en turno. Hoy los opinócratas no necesariamente sirven al poder del partido político o grupo que lo detenta en su forma jurídica, sino al poder de lo políticamente correcto, a esta corriente (incluso en el sentido peyorativo del término) de pensamiento que se deja llevar por las formas y el fondo de la moda, de lo actual, de lo pasajero. En política o sociedad, es lo políticamente correcto. Ese es al poder al que sirven y desde el púlpito donde reclaman un Papa a la medida de sus gustos, de sus intereses, o de los intereses del poder temporal.

Que el Papa diga esto. Que el Papa diga aquello. Que reciba a los familiares (y compinches y servidores y jilgueros y pegotes) de los 43 de Ayotzinapa. Que reciba a las víctimas de la pederastia eclesial. Que hable de Marcial Maciel y de una vez por todas lo condene y sacuda el vetusto parecer de los jerarcas eclesiales de México. Que revolucione la Iglesia en México para que deje de ser prohibicionista y dé testimonio de amor para que se legalice el consumo y el tráfico de mariguana porque sólo así acabará la violencia y las muertes en México. Que el Papa abra la posibilidad de los “gaymonios” y cambie la estructura anquilosada y retrógrada de la Iglesia que él mismo representa. Que cargue contra Peña Nieto, su falso matrimonio, la casa blanca, la violencia desmedida, la corrupción, etc.

Son algunas de las (im) posturas de nuestros preclaros “intelectuales” y “expertos”. Quieren un Papa al contentillo. Todavía no llega y ya tienen expectativas de todo tipo. Se relamen los bigotes pensando que hablará pestes contra la jerarquía católica.

Pueden llevarse una decepción y cargar contra el Papa cuando por fin diga lo que vendrá a decir. O pueden interpretar todo de modo que con sus dotes hermenéuticas decidan lo que el Papa dijo, según sus propias expectativas.

Anticipo el futuro y le hago al clarividente sin ánimos de quitarles la primicia del profetismo en el que se han erigido estos opinócratas: 

El Papa hablará muy bien y lo hará acorde con la fe cristiana. Y si escucharan a los obispos de México o leyeran los documentos que se van generando en el trabajo pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano, encontrarían ya un anticipo, una armonía y una concordancia con el mensaje que nos traerá el Papa. O si leyeran acaso las innumerables encíclicas de los predecesores de Francisco o la vasta y extensa obra de Benedicto XVI, aún Papa, aunque emérito, o por lo menos las ya existentes cartas, exhortaciones, encíclicas y mensajes del propio Francisco, verían más allá de sus chatas expectativas y transformarían ipso facto sus actitudes mercenarias. 

Lo nuevo serán los gestos del Papa entre nosotros, su presencia y la actualización del mismo discurso de amor que desde Jesucristo encontramos en los Evangelios.

Lo demás es ruido.

Julián Hernández Castelano.
11 de febrero. Año Santo de la Misericordia 2016.
@jhcastelano

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