Es sólo un juego

lunes, 30 de junio de 2014 0 comentarios

Pierde México en el mundial de futbol. Por enésima ocasión se queda sin llegar siquiera a los cuartos de final. Pero la verdadera vida no se deja ahí, que sólo es un juego. El mexicano tiene que volver la mirada sobre su trabajo y sus problemas. El escaparate del juego ya se acabó. No puedo dejar pasar la oportunidad de dejar estas impresiones en verso.

Vuelve la burra al trigo,
consciente que al hacerlo le dan palos;
yo siempre se los digo,
que somos unos malos,
y ansiamos nos consientan con regalos.

Cundían optimistas
haciéndonos soñar con ser campeones,
esos comentaristas
y los villamelones
llenábanse de sueños e ilusiones.

Amén de jugadores,
sedientos de, por fin, hacer historia,
buscaron trascender con su talento;
y les quedó la gloria
a nada de saber que son mejores,
sufrientes y gozosos del momento,
y sin remordimiento
cumplieron cabalmente su encomienda,
dejaron una huella inolvidable
que pronto se refrenda,
si asumen que el proyecto es mejorable.

Ya debe darse el día
en que nuestro futbol por fin supere,
con fuerza y gallardía,
aunque con ello altere
aquel status quo que siempre hiere:

lo de “que no se puede”,
e impone en la conciencia cruel estigma,
que embiste, viene, agrede,
deviene en un enigma,
tan sólo superable en el kerigma.

En fin, se acaba el sueño,
y vuelve el mexicano a sus labores,
entiende que hay asuntos más urgentes:
las cargas, los dolores,
demandan el esfuerzo y el empeño,
precisan un talante de valientes;
estoicos y sufrientes,
los hombres y mujeres que trabajan
asumen que la vida se comparte,
por ello no rebajan
su espíritu ante el juego. Eso es arte.

Julián Hernández Castelano
Guanajuato, Gto., 30 de junio de 2014.

@jhcastelano

Pascal, Unamuno y Simone Weil. Apuntes sobre la visión de lo sagrado

sábado, 21 de junio de 2014 0 comentarios

Por si no pudiésemos permanecer ni en la memoria de quienes nos rodean, pongo acá la glosa de mi tesis de Maestría en Filosofía, sobre estos tres excelsos y poco ortodoxos pensadores de la cristiandad. La tesis completa pudiera ser desmembrada en un futuro próximo para ser publicada a cuentagotas, o bien, si hubiera una oportunidad para publicarla por escrito en un libro, así se hará. Mientras tanto aquí está este esfuerzo:

EL PROBLEMA DE LO SAGRADO EN EL PENSAMIENTO DE PASCAL, UNAMUNO Y SIMONE WEIL

Si se ensalza, le humillo,
si se humilla, le ensalzo,
y le contradigo siempre,
hasta que comprenda
que es un monstruo incomprensible.
Pascal.

Desde el principio de nuestra tesis nos propusimos examinar la pertinencia del estudio de estos tres pensadores, muy concretamente acerca de la visión que ellos tuvieron sobre el problema de lo sagrado, así como las consecuencias filosóficas desde sus pensamientos y la interacción en medio de sus respectivos entornos, al igual que los ecos que resuenan en nuestros días sobre el mismo tema. La idea es poner en el centro de la discusión las diversas concepciones sostenidas por nuestros autores en nuestros días, en nuestra propia circunstancia.

Para el propósito del trabajo realizamos un acercamiento a las relaciones entre la filosofía y la religión. Comenzamos enunciando una complicación en el trato y la investigación sobre lo sagrado en nuestros pensadores, dada la vocación laica y muchas veces antirreligiosa de nuestros ambientes académicos. Tratamos de exponer cómo ha resultado difícil acaso plantear desde la filosofía el tema de lo religioso, desde una cierta época hasta nuestros días. No siempre se ha encontrado resistencia desde el ámbito filosófico, empero, pues ya desde el tiempo de la Grecia antigua y con Sócrates como punta de lanza, siempre se había tenido el problema de lo sagrado como algo inherente a la reflexión filosófica. Máxime con la aparición de la cristiandad, cuyo influjo ha permeado por muchos siglos esta relación a la que aludimos y que de algún modo planteó la disyuntiva del origen del conocimiento, ya sea asumiendo que procede sólo de la razón o si de la revelación vía la fe.

Manejamos la idea de que hubo una primera fractura entre el saber científico y cultural respecto del saber y de la práctica de lo religioso, justamente con la llegada de la Modernidad, tal como nos lo sugieren algunos pensadores que identifican el proceso de la modernidad como el de la secularización. La crisis de la modernidad sugerida por otros eminentes pensadores nos da la pista para afirmar que efectivamente fue dada esa fractura. Los diagnósticos de la barbarie parecen estar en sintonía con esta misma idea.

Hubo después una segunda fractura, ahora entre la ciencia respecto de la cultura. Aquí es preciso mencionar la hipótesis de Julien Benda con su célebre “traición de los clérigos” y el olvido de la filosofía por la búsqueda de la verdad, así como la vocación de la ciencia moderna alejada de toda empresa verdaderamente cultural y la deformación o degeneración de los clérigos o pensadores clásicos en ideólogos oportunistas y comparsas del poder temporal. En este divorcio entre ciencia y cultura la gran perdedora fue la educación y la escuela en general, así como la institución universitaria en particular.

Aun con esas fracturas aventuramos la posibilidad de la integración entre la fe y la razón. Desde la experiencia y la postura de un Pascal hasta la observación surgida en la filosofía de Husserl resaltando esta necesidad y, desde luego, las constantes alusiones al mismo tema por parte de Joseph Ratzinger y el diagnóstico de Michel Henry.

En medio de todo ese contexto de disociación entre el saber científico o positivo y el emanado de la práctica religiosa, identificamos el papel de la mística y muy específicamente de algunos místicos que identifican en esas experiencias del misterio una fuente de saber no entendida por el mundo que les rodea. La mística constituye una vía religiosa, entonces para el encuentro simbiótico entre religión y filosofía.

De Pascal identifica Hans Küng al prototipo del hombre moderno situado en medio de la disyuntiva entre la fe y la razón. Los estudios recientes sobre la obra de Unamuno, por otra parte, nos hablan de una continuidad de esta disyuntiva y de la identificación de un cúmulo de contradicciones cuasi trágicas y cómo de ello puede salvarnos el abandono hacia lo más hondo y sagrado. El otro caso, el de Simone Weil, tiene para nuestra circunstancia el valor de una persona cuya vocación inicial alejada de lo religioso abrió paso a una experiencia del misterio en compañía de la lucidez teórica de sus postulados sobre la ciencia y sobre la pedagogía, así como la propia filosofía.

En el caso de la obra de Pascal y su visión acerca de lo sagrado encontramos referencias no sólo en su célebre experiencia relatada n el Memorial, sino desde su niñez, según consta en la biografía escrita por su hermana, así como en distintos documentos y hasta en la controversia de las cartas provinciales. El genio matemático siempre tuvo una conciencia y una sensibilidad muy especial para la experiencia de lo sagrado.

Pascal estuvo dentro del movimiento llamado jansenismo, el cual fue censurado en su momento por la autoridad eclesial por las diferencias dogmáticas en torno del problema de la gracia. El jansenismo influyó sobre Pascal y éste nutrió con su genio al movimiento intestino de la abadía de Port Royal. Sin embargo, a juicio de Aranguren, Pascal fue el más católico de lo que pudieron ser los jansenistas, pues era pretensión suya asumir una ascesis que llenara su sed de Dios. Este rasgo es el que nos interesa sobremanera para asentar la visión pascaliana de lo sagrado, pues fue en Port Royal el lugar en el que Pascal trató de ser genuinamente un cristiano comprometido.

Por medio de las cartas llamadas Provinciales Pascal nos deja un legado de estilo genial de escritura muy admirado por filósofos y literatos; pero nos deja también una vigorosa discusión versus los jesuitas de su tiempo, primeramente en torno del problema de la gracia y luego respecto de la legitimidad de las prácticas religiosas por parte de la Compañía de Jesús y el influjo atribuido por esa relajación de la moral y de la religión, que a juicio de Pascal se impuso erróneamente con resultados desfavorables para la cristiandad. Hay en esas cartas mucho de la visión de lo sagrado en la obra de Pascal y se deja ver su espíritu fino y sensible y su preocupación por lograr y transmitir su idea de lo que es una práctica cristiana encarnada y acorde con la alegría evangélica.

La experiencia mística de Pascal está por él mismo recordada en su célebre Memorial. El conjunto de los enunciados podría dar para mucho análisis y algunos expertos así lo han intentado. En esas frases, por ejemplo, está una alusión a la diferencia entre el Dios de la fe y el Dios de los filósofos, lo que desata toda una teoría y una identificación del problema de la integración de la fe y la razón, así como las vertientes que sobre el problema de lo sagrado se han podido hacer hasta nuestros días. También de esta experiencia se ha dicho que fue un replanteamiento en la vocación apologética de Pascal, un renacer, un momento cumbre de encuentro con lo sagrado.

El acercamiento que hicimos a los Pensamientos nos permitió agruparlos en torno de la fe, de la religión, de la forma de conocer y la gracia; así como algunos de talante existencial. Una muestra más del genio pascaliano fue la escritura de esos enunciados sueltos y los utilizó para tratar de armar su apología del cristianismo. La fe nos otorga certezas que la razón no puede aportar, nos insinúa Pascal, por eso es menester esta integración de la fe y la razón, de la que nos hemos referido con cierta insistencia. Cuando alude Pascal a la defensa de la religión pugna porque la práctica del cristiano sea de un compromiso por encarnar y hacer patente el ideal evangélico de entregarse por completo en la caridad, y no tanto seguir o tratar de fundamentar la primacía de lo religioso por la vía de la racionalización. También con ello nos deja ver esa actitud identificada después por Unamuno del deseo de la eternidad. Para Pascal es la Gracia la fuente también del verdadero conocimiento. La fineza y la sensibilidad de su espíritu le permitieron encontrar cuestionamientos de carácter existencial y darse cuenta de la ambivalencia de la naturaleza humana, capaz de encumbrarse y al mismo tiempo caer hasta el fondo de la miseria con el pecado, por ejemplo.

Una tercera parte de nuestro trabajo consistió en el acercamiento a la noción de lo sagrado en el pensamiento de Miguel de Unamuno, tomando como punto de partida su obra cumbre Del sentimiento trágico de la vida, al igual que algunos otros de sus textos. Unamuno afirma identificarse con Pascal, como habíamos recién referido.

Primeramente nos acercamos a la experiencia vital de lo sagrado en la íntima biografía del rector salmantino. En sus obras, en sus artículos y ensayos, él mismo enuncia como tema central de sus reflexiones a la religión y, más concretamente, a Dios. Por el contexto en el que le tocó nacer y desarrollarse y por los estudiosos de su biografía sabemos que el tema religioso o el aspecto mismo de la religiosidad estuvieron presentes en su formación y en toda su vida. Hay quienes identifican, empero, una tremenda crisis de fe, realizando un itinerario respecto de esta parte de su personalidad impresionante e intensa. El problema —dicen esos estudiosos como Fraile— es que quiso racionalizar su fe. Ello le llevó a explorar lecturas y pensadores sin el discernimiento espiritual y el vaivén de pensadores fue desde los más ortodoxos de la religión católica hasta los más resentidos y hasta nocivos protestantes y algunos ateos. Pese a estos diagnósticos, preferimos abundar en su talante religioso para identificar los matices necesarios sobre su situación de fe.

Y el talante religioso de don Miguel era el de una persona que sentía muy profundamente una necesidad de experimentar con toda su fuerza el encuentro con lo sagrado. Una sed manifestada sin pudor de parte suya y muchos esfuerzos por hacer explícita la visión, su visión de lo sagrado. A pesar de sus diferencias con determinados ministros de la Iglesia Católica, encontramos pistas que nos sugieren que en esas diferencias se quedaron en el papel, pues de fondo está esto que llamamos, a inspiración de Aranguren, un talante plenamente católico y cristiano, es decir, una plena comunión con el dogma y una entrega total a la búsqueda, a la sed de sentir a Dios vía la catolicidad.

Uno de los rasgos más característicos de la visión que de lo sagrado tiene Unamuno es el anhelo de la inmortalidad. Igual que a Pascal, le inquieta pensar que puedan existir personas que no se planteen el problema de la permanencia o subsistencia del alma o de la conciencia allende la muerte. Unamuno anhela la vida eterna y con ello también desea la experiencia vital de la unión plena con Dios. En algún momento incluso afirma querer ser dios. Ve necesaria la creencia en la otra vida para poder soportar esta y hay que creerlo aun a costa de la razón, nos dice.

Y es que la razón no nos ofrece la posibilidad de llenar el vacío ante los misterios de la propia vida o del mundo, a juicio de nuestro autor, pues ni las certezas ni los métodos de las ciencias positivas nos salvan de esa sensación. Unamuno crítica por ello al intelectualismo y en general al proyecto de la razón. La caída ante la desesperación y el deseo de Dios lleva al intelectualismo al sinsentido. Así lo afirma don Miguel sobre el nihilismo, por ejemplo, al tiempo que repudia el afán de definir y de etiquetar, actitud proveniente del exacerbado uso de la llamada “inteligencia”, pues definir algo y encapsularlo en conceptos equivale a matarlo, a considerarlo inerte para pronunciarse sobre ello.

Hay una lucha irremediable entre la fe y la razón. Es una lucha interna en cada persona. Es irremediable e inevitable y al mismo tiempo necesaria, según Unamuno. Incluso esa batalla es lo que le da sentido a la vida. Además el llamado “suicidio de la razón”, es decir, su sacrificio, le duele a Unamuno y no desea desecharla, sino complementarla, unirla a la fe, a pesar de las diferencias entre ambas.

Es el dolor otro concepto central en la noción que de lo sagrado tiene don Miguel, al igual que la entrega, el sacrificio y el sufrimiento, pues todo ello tiene relación con el amor y con la vida, pues ésta se siente y se vive desde las entrañas en medio de aquellos conceptos o sensaciones.

Vivir y aceptar el dolor, el sufrimiento con amor y con entrega pide Unamuno para ser pródigos y no mezquinos, para dejarse notar y no pasar desapercibidos. Hacer aflorar esos sentimientos nos permite que de ello brote nuestra conciencia de Dios. Es Dios mismo el que se manifiesta con ello, nos dice, pues nosotros al creer en Dios es que le creamos. No le satisface el Dios racional, sino el que brota del sentimiento y el que se encarna en la propia vida, un Dios personal y personalizado y de ello debe brotar una moral de la entrega de sí mismo, de ser para los demás en el servicio y buscar ser insustituible, irremplazable.

A pesar de no tener pruebas contundentes del misticismo unamuniano, sí podemos encontrar en él al menos una sensibilidad muy profunda y especial para la práctica de lo religioso y la búsqueda de la experiencia de lo sagrado; en ese sentido y en ese camino nos deja un pensamiento lúcido, vigoroso para nuestra vida y nos enseña que la frivolidad del intelectualismo nada se acerca a lo sagrado ni al compromiso cristiano, por ejemplo.

En la última parte de nuestro trabajo nos acercamos a la vida y a la obra de Simone Weil. Fue obrera, agnóstica en un tiempo, profesora, filósofa y al final fue mística. Nuestra autora decidió sentir en carne propia la experiencia del trabajo en las fábricas. Eso le dotó de una sensibilidad especial frente al trabajo y los sufrimientos de los obreros. Seguramente esa experiencia fue preparando su espíritu para lo que después vivió en torno de lo sagrado. La compasión que despertó en ella ver las no pocas tribulaciones del mundo obrero fue el preámbulo de su experiencia religiosa.

No fue, sin embargo una cristiana católica ortodoxa. No hay precisión sobre el acontecimiento o ausencia de su bautismo. Múltiples testimonios nos muestran su reticencia a la adhesión a la fe católica y a recibir el sacramento. Y aun así se refiere continuamente a la sed de Dios y sus pensamientos son lo más parecido a lo que se puede pedir y desear desde la convicción vital del católico o del cristiano. Admiradora a la postre de los santos y de la liturgia, parece haberse inclinado por pertenecer definitivamente a la Iglesia hacia el final de su vida.

En sus estudios sobre la filosofía griega antigua encuentra un antecedente unas intuiciones pre cristianas. Convencida quedó que, así como en el Antiguo Testamento se contenían las profecías del plan salvífico, en los textos clásicos de la literatura y la filosofía griegas había alusiones a Dios que preparaban el hecho cristiano en cuanto al deseo de la divinidad. Incluso desdeñaba las escrituras judaicas al compararlas con las obras del pensamiento helénico. Ese rechazo al dios guerrero, comandante de ejércitos y justiciero le hizo juzgar severamente la historia de su propio pueblo, el judío. Y ya en nuestros días no ha faltado quien le critique mordazmente no haber comprendido el conjunto de la historia de la salvación y con ello un antijudaísmo explícito en su obra. Juzgamos, empero, que fue más bien por ignorancia y falta de guía para entender los textos veterotestamentarios, dada su condición agnóstica cuando se acercó a ellos. Su admiración por la Ilíada, en cambio, le daba la idea de que ahí estaba contenida casi casi una teología compleja, a la vez que una teoría antropológica del deseo de Dios.

Después de su experiencia en la fábrica pudo presenciar una procesión y entonces entendió que en esas manifestaciones había más que la simple disposición de las personas en los momentos de los ritos y las celebraciones. Luego pasó por Asís y supo de San Francisco y finalmente tuvo su primer experiencia mística cuando recitaba un poema sobre el amor, sin saber, nos dice, que aquello constituía una especie de oración.

Sus experiencias del misterio le hicieron producir otro tipo de pensamientos. Ahora enteramente espirituales. Identifica el vacío con la nada y al mismo tiempo con el deseo de Dios. Sólo ese deseo está justificado y ningún otro puede equiparársele.

El campo fértil para el encuentro con lo sagrado es la desdicha. En el sufrimiento y en el sentimiento de abandono, del abandono y la ausencia de Dios, es como puede sentirse su misericordia, pues es Dios quien viene a nosotros en esa disposición y no nosotros a Él, por mucho que nos esforcemos. El encuentro con Dios nos hace entregarnos completamente incluso a costa de nuestra propia individualidad.

El trabajo es, para Simone Weil, una pedagogía divina, un método para llegar o para sentir a Dios. Las estructuras civiles deberían ser asimismo caminos para el encuentro con lo divino y tender a ello para recibir el influjo desde lo más alto. Sólo así tendrán sentido siempre. Asimismo, la filosofía y la educación deberían ser espacios para formar la percepción, la atención y la concentración, en otras palabras, ser centros de encuentro con lo sagrado.

Una de las ideas que mayormente se encuentra en su pensamiento es aquella en la que asienta la analogía de la tierra y su fruto en el papel de la vida humana, al igual que la naturaleza, la lluvia y el sol como la acción de Dios para que la tierra, es decir, la vida humana, pueda dar sus frutos. La fuerza de gravedad se asemeja al mal que hace caer lo que pesa. La fuerza que hace elevarse, fructificar y vivir y tender hacia el cielo es la gracia, la acción de Dios. Esa es su experiencia y su teoría acerca del problema de lo sagrado.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, 20 de mayo de 2014.
Santiago de Querétaro, 22 de mayo de 2014.

Sine Nobilitate

domingo, 15 de junio de 2014 0 comentarios

Por si nos aguarda la nada, o por si no nos alcanza el tiempo, al menos, o las fuerzas, o el ingenio para moldear, reparar, aumentar o simplemente complementar lo necesario para que el producto de las reflexiones, que luego constituyeron una tesis de licenciatura en filosofía, pueda ver la luz de una publicación escrita, por si no se llegase a ver eso, mejor pongo acá la glosa que hice para la presentación de mi examen profesional, hace ya casi seis años. Pido paciencia y deseo buena lectura para todo aquel lector curioso e interesado en el tema.

SINE NOBILITATE
Reflexiones en torno a la dimensión moral del mundo masificado[1]

Julián Hernández Castelano.
21 de noviembre de 2008.

«Ita est: non accipimus brevem vitam sed fecimus,
nec inopes eius sed prodigi sumus».

(«Lo cierto es que la vida que se nos dio no es breve, nosotros hacemos que lo sea; y que no somos pobres, sino pródigos del tiempo»)

Lucius Annaeus Seneca.

I. Introducción.

1. Sine nobilitate. La nobleza que se pierde.

Sine nobilitate es una frase latina que significa “sin nobleza”. Aunque la tesis que presentamos tiene que ver con la reflexión acerca de la moralidad del mundo globalizado en general, exponemos como eje fundamental el declive de este valor de la nobleza como actitud, no como título hereditario. Entendemos por nobleza la notoriedad, la grandeza de actitud, de ánimo para acometer el quehacer propio de cada actividad concreta. Los nobles son, por lo tanto, los egregios, los excelentes, los genios, etc. Afirmamos que nuestra contemporaneidad está perdiendo esta virtud y que eso es también un cariz, una faceta del declive moral de nuestro tiempo. Pretendemos exponer la génesis y desarrollo del estado de cosas en las que creemos que existe carencia de nobleza en el mundo masificado, marcada por un proceso circunscrito y contagiado, caracterizado por un declive moral en su totalidad. La ausencia de nobleza se da con mayor énfasis por las condiciones que el mundo masificado presenta.

2. Ubicación histórica y conceptual de “las masas”, “la burguesía”, “los nobles” y “los esnobs”.

Cuando hablamos de “las masas”, no lo hacemos despectivamente como si dijéramos “el vulgo”, “la turba” o “la chusma”, en el sentido del aglutinamiento; antes bien, nos referimos a una categoría moral, a una forma de ser. En la tesis tratamos de aclarar el origen de este término en sus varias acepciones, para desmarcarnos de equívocos y delimitar nuestro radio de reflexión y análisis. Hablar de la burguesía nos sirve para referir cómo históricamente el modo de ser burgués sustituyó en el protagonismo de la Historia a la Aristocracia de los títulos nobiliarios, no tratamos con ello para exponer pugnas políticas, sino para asentar que las nuevas formas de vida dieron origen a la masificación. Los esnobs en su origen eran simple y llanamente quienes no ostentaban títulos nobiliarios, pero ahora son quienes imitan actitudes de refinamiento, elegancia y notabilidad en cualquier ámbito, pero que en realidad carecen de esta entraña sobresaliente.

3. El punto de partida.

Se ha tomado como base, apoyo e inspiración la obra de José Ortega y Gasset. Concretamente en los estudios, ensayos y artículos en los que expone sus ideas acerca del tiempo que le tocó vivir, en los diagnósticos que hace sobre la sociedad y particularmente sobre lo que él llamaba “el tema de nuestro tiempo”. Es un tema humano que tiene que ver con la vida de las personas. Es una actualización del discurso de Ortega. Un ensayo para verificar el nivel de fidelidad con el que Ortega dibujó o trazó la idea de cómo es nuestro tiempo. Nuestras reflexiones están encaminadas a exponer y analizar cómo es, desde el punto de vista moral, nuestro mundo globalizado.

4. El camino abierto por José Ortega y Gasset.

La obra de José Ortega y Gasset que consideramos fundamental en sus propios análisis y para los fines de la tesis que presentamos es La rebelión de las masas[2]. Allí expone nuestro autor, entre muchas otras cosas, que la sociedad europea y mundial se ha transformado por la acción de un nuevo tipo de personas, mismas que han tomado el poder para mandar en el mundo. El problema es que este tipo de personas carecen de la nobleza de antaño, no la de los títulos, sino la actitud de entrega, y son una especie de bárbaros mimados por los grandes avances de la ciencia y la tecnología, el crecimiento en el nivel de vida, el acortamiento de distancias, etc., y que no reconocen nada de la grandeza, de la herencia y el legado para llegar al estado de cosas en el que se encuentran. Lo que a nosotros nos corresponde para efectos de la tesis es tomar este punto de partida y encontrar que esto viene a concretarse de una manera más plena en nuestros tiempos de la globalización.

5. El itinerario.

Describimos primeramente el diagnóstico orteguiano de La rebelión de las masas. Hablamos del problema demográfico en el mundo, de los problemas globales, regionales y locales, de la homogeneidad del mundo globalizado, etc., es decir, pretendemos hacer un análisis filosófico-sociológico de nuestro problema, a saber: ¿Cómo es que se ha llegado en la actualidad a un punto así, de falta de nobleza, de rebelión exagerada o hegemonía de las masas? ¿Por qué se han dado las condiciones para que florezcan las ideas propias y la formas de vida de los hombres-masa? Y aún más concretamente: ¿Hay esta actitud propia del hombre-masa dentro del ejercicio intelectual? Y si así fuere: ¿Cómo es que se ha pasado del intelectual noble al intelectual masa? Después tratamos de analizar el asunto desde un punto de vista filosófico-antropológico y, finalmente, nos acercamos al mismo problema desde el ámbito del papel del pensamiento puramente filosófico y la participación de ciertos pensadores para la configuración del status del problema en nuestros días.

II. Problemas sociológicos de la masificación.

1. El proceso histórico de la masificación y el crecimiento demográfico.

Con Aldous Huxley[3], por una parte, reflexionamos acerca del crecimiento desmedido de la población, no tanto para exhibir la necesidad del control natal, sino para señalar que los avances en el terreno de la medicina —principalmente— han ocasionado un descenso en el índice de mortandad y han logrado extender la expectativa de vida de las personas, pero eso ha ocasionado también un descenso en la capacidad física e intelectual de las propias personas. Son las reflexiones de Huxley. Sin duda interesantes, reveladoras y polémicas. Nosotros las retomamos para introducir la discusión al respecto porque parece apoyar las tesis orteguianas de la toma de poder por parte de un tipo de personas con una actitud falta de mérito. Por otra parte, el mismo Ortega nos recuerda que el crecimiento poblacional es sólo una señal de la rebelión de las masas, por cuanto llenan las multitudes y no hay lugar en ellas para la distinción de los notables. Nosotros exponemos la dificultad para que haya recursos suficientes extendibles a todos en el mundo masificado y demográficamente vasto. Reconocemos las problemáticas suscitadas por el aumento de la población, pero también señalamos que existe cierta manipulación para enmascarar el verdadero poder actual en el mundo, mismo que se ejerce en parte controlando la población de los países en vías de desarrollo, o bien, se logra establecer un mayor rango de acción en esta lógica de la economía de mercado.

2. Paralelismo y mimetismo de problemas regionales con los problemas globales del mundo masificado.

Ocurre en nuestro tiempo de la masificación que a los problemas globales se les da una aplicabilidad en los ámbitos regionales, y viceversa: a los problemas regionales o locales se les da el sesgo y la incumbencia colectiva en lo global. Hay, entonces un paralelismo forzado y un mimetismo inducido de problemas; básicamente por la extensión de las comunicaciones, pues se sabe todo lo que pasa en el mundo, o al menos lo que los dueños de los medios de comunicación quieren que se sepa. Esto también se debe al fenómeno migratorio, al movimiento poblacional. En el caso de México parece haber una repetición de los moldes estructurales de las sociedades de los países de avanzada. Acudimos a destiempo y en desfase al capitalismo moderno, a los programas educativos y sociales, al acceso a la tecnología, etc. Lo que ocurre en un país ocurre en otros también, decía Ortega, aunque de modos sutilmente distintos. Nuestro autor distinguía un proceso de homogeneidad y mimetismo de problemas entre países. Nosotros encontramos que sigue habiendo estas señales en el mundo masificado.

3. Homogeneización.

La homogeneización no es más que la uniformidad en las formas de ser del mundo masificado. La igualdad a ultranza, la democracia y el imperio de la vulgaridad dan cuenta de la tremenda uniformidad del mundo actual. Las disposiciones de mercado, las creencias y hasta el control de la información parecen estar encaminadas a uniformar la consciencia y la práctica moral en todo el mundo. Gracias a los medios de comunicación —principalmente— la homogeneización impide que se distingan muchas diferencias particulares entre las personas y los pueblos, pues las modas, los personajes, el tipo de ciudades, la “ciudadanía del mundo” son cada vez más lugares comunes de nuestra circunstancia. Con Huxley y con Fromm reconocemos que nuestra contemporaneidad, a pesar de sus magníficos avances, parece estar produciendo autómatas esclavos del consumismo, suprimiendo la convivencia y la expresión de la distinción. Luego volvemos con Ortega para reseñar con él la lenta, pero inexorable unificación de las formas de vida en Europa, luego repetidas en todo el mundo occidental y, por ende, en el mundo globalizado.

4. El problema de la identidad.

Si bien por una parte la globalización viene acompañada por un proceso de uniformidad, también existen las reacciones extremadamente contrarias en las cavilaciones acerca de la identidad que se hace en determinadas regiones. Hay, pues, expresiones y esfuerzos para exaltar la identidad propia de ciertos pueblos, ya sea para engrandecer tiempos pretéritos, o bien, para repeler los embates de las supuestas opresiones ocasionadas por la globalización. En Europa, por ejemplo, durante un cierto periodo de la Historia fue el Cristianismo lo que dio identidad y mantuvo la unidad. Luego vino el proceso de Reforma, revoluciones e Ilustración y esa unidad se vio socavada, pero sustituida por otro tipo de organización. En la tesis profundizamos con el ejemplo del pueblo alemán, pues retomamos las reflexiones expuestas por los autores de El mito nazi[4] para señalar que el proceso por el cual el pueblo germano se vio envuelto en la búsqueda de identidad, degeneró en un punto crucial catastrófico imbuido de ideología que reclamaba mito, es decir, el nazismo. Después nos acercamos a las reflexiones sobre la identidad en nuestro propio continente, exponemos a grandes rasgos cómo los latinoamericanistas no parecen advertir los riesgos asumidos al reclamar ideología y mito para nuestra circunstancia periférica.

5. Manipulación e influencia de los medios de comunicación para crear “masificaciones”.

No olvidemos que en la tesis tratamos de explicar las formas de ser de la masificación, no tanto como dato estadístico de explosión demográfica, sino por la moralidad. Nos parece básico entonces asentar que la sociedad se ha visto envuelta en un déficit de convivencia, en parte provocada por intrusos como los medios de comunicación. Especialmente traemos a cuento los análisis de Giovanni Sartori con su Homo videns[5], obra en la que el autor nos habla de la sociedad teledirigida y en general sobre la manipulación operada especialmente por la televisión. Su tesis central gira en torno del cambio de paradigma de la palabra a la imagen. Sartori, pues, piensa que la imagen no puede llegar a sustituir cabalmente el peso que tiene la palabra para ensanchar la racionalidad, sino que hace degenerar la capacidad intelectual. Encontramos, por contrapartida, unas críticas de Alfredo Troncoso con su Homo apocalypticus[6] donde distingue en el Homo videns una pobre defensa de la racionalidad basada en la escritura, aunque le reconoce a Sartori el inicio de la discusión entre la pugna por lo que se le ha llamado “cultura visual” en el Homo videns y la propia escritura. Lo que nosotros resaltamos es que, mientras haya o no capacidad para distinguir lo que nos lleva a una racionalidad madura o lo que nos manipula, ya el hecho mismo de la extensión de los medios electrónicos de comunicación y el acceso fácil a ellos constituye un hecho y un precedente novedoso para la configuración de nuestro tiempo de la masificación. Por otra parte, la propia manipulación amenaza, eso sí, la racionalidad y la sed por hacerse de valores como la nobleza, por cuanto dicha manipulación vacía a las personas del anhelo por obtener mejores cosas no del tipo material. José Ingenieros[7] a su modo, Ortega y Huxley en los suyos, nos hacen ver ya desde principios, mediados y bien entrado el tercer tercio del siglo XX, respectivamente, que parece haber un descenso en el nivel intelectual del hombre medio de nuestro tiempo. Lo que nosotros tratamos de aportar es que la forma de ser de la masificación, que en mucho exhibe dichas carencias de rigor racional o por lo menos intelectual, tiene que ver con el papel de los medios de comunicación. Y ya en nuestros tiempos dice Domique Wolton[8] que la proliferación de los medios ha trastocado la configuración de la sociedad, la han sometido a sus dominios, la manipulan para homogeneizarla, uniformarla, vaciarla de su capacidad racional y convertirla en masa.

6. Moralidad o ética de la sociedad masificada.

a) Mos y ethos.

Rescatamos el origen etimológico de las voces mos y ethos, pues aunque procedan de lenguas antiguas distintas, sus acepciones guardan similitudes allende los intentos por clasificarlas de diversa manera en nuestros tiempos. No nos hacemos partidarios de tal o cual doctrina ética, al menos esa no es la intención de la tesis, aunque sí distinguimos que lo que se está perdiendo en el mundo masificado es el sentido para lo moral, para la distinción entre los niveles del cómo se pueden hacer las cosas. Exponemos cómo la dimensión trascendente de la búsqueda de virtud en el ámbito moral está a su vez expuesta por las palabras de don Miguel de Unamuno en la moral de la entrega para eternizarse. La conducta, en ese sentido, estará regida por la entrega de sí mismo para que todas las facultades y capacidades propias nos hagan merecer la eternidad. Hablar de moral o del ethos es, entonces, hablar del grado de cumplimiento cabal de la vocación propia, sea cual sea la actividad a desarrollar.

b) Ortega y la moralidad.

Es en el terreno moral en el que se opera el más grande cambio de la humanidad, a juicio de Ortega, no tanto en el político o en otros frentes, pues la sublevación de las masas tiene que ver con un cambio en la sensación radical ante la vida. La moral del mundo masificado es la no moral o la inmoralidad: esa es la conclusión a la que llegamos después de revisar como nuestro autor ofrece una visión en la que se manifiesta la toma del poder por parte de un tipo de hombre o de unos tipos de hombres montados sobre unas cuantas abstracciones y vacíos de sentido para lo moral, para lo que el ethos de cada cosa llama a hacer y valorar de las mismas a los hombres que tratan con ellas. No tener moral es para Ortega no tener que responder ante nadie ni nada, es vivir creyendo que no se le debe nada a nadie. En ese sentido la civilización pierde su fuerza, su vigencia y su grandeza, no porque no la tenga en sí misma, sino porque el hombre medio es incapaz —voluntaria o involuntariamente— de darle su valor. El autor asume que toda sociedad está regida por una minoría seguida por la mayoría y que si dirigentes y regidos pierden la brújula de sus acciones, el resultado es este estado de barbarie que él identifica y que acaba con el aristos o la forma de ser de los mejores.

7. La mutación de valores en el mundo masificado.

La sociedad actual, sin embargo, parece haber hecho mutar su escala de valores desde hace ya un buen tiempo. En el mundo masificado no parece haber la gana por conseguir la excelencia ni practicar la virtud. No se discurre cómo hacer para que todas las tareas se emprendan y se realicen de manera excelente. Ya no se trata de distinguir ni premiar el mérito, pues parece ir contra natura igualitaria y democrática toda práctica en ese sentido. Cuanto más se exalta la moral industrial. Ya nada queda de la moral del guerrero: de la disciplina, la lucha, el esfuerzo, el dolor para conseguir algo, la arethé, en suma, la nobleza.

8. El problema de la autoridad. Ejemplaridad y docilidad.

a) La autoridad reconocida al que es ejemplar y la indocilidad en el mundo masificado.

Lo normal en una sociedad antes de que se diera la rebelión de las masas era que ésta estaba regida por unos cuantos hombres ejemplares. La minoría rectora estaba constituida por hombre cuya característica principal era la ejemplaridad. La mayoría regida tenía como característica la docilidad, por ello podían seguir a aquéllos sin problema alguno. El problema ahora es que ambas categorías de ser han abandonado su vocación, así, los ejemplares han desaparecido por la acción rebelde de los otrora dóciles que se han convertido en indóciles. Por ello no existe verdadera autoridad, pues ésta se le reconoce al que es ejemplar. Hay más bien un ambiente de indocilidad reflejado en la confusión total de todas las voces y la acción informe en el que todo se revuelve porque no hay distinción. Lo que se ejerce en nuestro mundo es más que nada el derecho a la vulgaridad.

b) El Estado democrático como el ámbito propicio para la masificación.

El Estado democrático es el ámbito ideal para la proliferación y el mandato de las masas, por cuanto tiene de anonimato y favorece la igualdad a ultranza. No es que Ortega rechace la democracia como tal, sino que el Estado democrático marcó una diferencia fundamental con respecto de las democracias liberales: éstas establecían una serie de leyes que forjaban el carácter y la disciplina de los ciudadanos; pero el Estado democrático favorece la acción de la masa sin ley, sin disciplina, tan es así que se eleva a rango de ley la costumbre, pero no la buena, sino la repetición de conductas aberrantes que se vuelven “normales” para la gente de nuestra época. La crítica orteguiana a la democracia moderna tiene que ver con la degeneración de ésta, permitiendo la abundancia de los demagogos y los argumentos de tipo ad populum para justificar cualquier acción anónima de la masa. Por su parte, Ingenieros niega que las leyes puedan dar dignidad, pues ésta se merece; no puede haber por la ley forma, honestidad ni virtud, sino es porque uno mismo forje su carácter. Por otra parte en este apartado repetimos las palabras del Dr. Juan Carlos Moreno cuando escribió el Epílogo del traductor en la edición española de El mito nazi en el sentido de que puede resultar un invasor de la esfera privada el Estado democrático principalmente en las zonas subdesarrolladas del planeta. Y finalizamos haciendo nuestros los estudios en los que René Girard nos explica que el ciclo de la violencia mimética tiene que ver también con un proceso en el que, argumentando democracia, las mayorías pueden volverse tiranías suministrando la violencia propia de los linchamientos, pues el llamado respeto de las diferencias sitúa las verdades de todos en un mismo plano, relativizando y vulnerando todo tipo de acuerdos efectivos.

9. ¿En qué medida la globalización es la continuación de la rebelión de las masas?

a) Caracterización de la globalización.

Ortega vaticinó de algún modo este proceso de globalización en el que se dice que estamos. Desde que habló de la homogeneización en la que se estaba desembocando en los países europeos y también cuando refiere la idea de unos “estados unidos de Europa” y la misma forma de ser de los hombres masa a los que se refería nuestro autor, daban cuenta ya de la idea que se iba formando acerca de este proceso. Globalización es en nuestros tiempos la extensión del capitalismo en el ámbito económico; aunque existen otros ámbitos, como el de las comunicaciones. Marshall Mc Luhan en La galaxia de Gutenberg[9] habló de la llamada “aldea global”, refiriéndose precisamente en el nuevo orden mundial regido por los medios electrónicos de comunicación. La globalización del mercado económico mundial hace que haya una interdependencia financiera y que los movimientos de capital en el mundo, así como las crisis, tengan un impacto irremediablemente mundial. Por otra parte, la pretensión de la UNESCO por trabajar en aras de la extensión de la cultura ha favorecido la mundialización, pues ahora se requiere respetar y reconocer todas las formas de manifestación artística, cultural y social, por muy autóctonas que puedan ser dichas expresiones. El sello característico de la globalización es, pues, la uniformidad.

b) ¿Acortamiento de distancias? Limitaciones y equívocos.

Se nos habla de un acortamiento de distancias en la globalización, gracias a los medios de comunicación y al supuesto acceso que se tiene a ellos, así como una cierta facilidad para trasladarnos de un lugar a otro; pero no parece que los jugos de esta civilización alcancen para todos, pues por una parte sigue cundiendo la desigualdad material, la pobreza, el olvido y el rechazo; y por otra parte, lo que se dice que se ofrece parece estar controlado por los intereses de quienes manipulan el mercado para favorecer el consumo que les reditúe lo que a los poderosos les convenga más. Controlar el consumo y jugar con la oferta y la demanda, haciéndonos creer que todo cabe en ese saco, es sinónimo de una especie de fundamentalismo de mercado, el cual tenemos que aceptar como argumento ad baculum. No parece haber un plan de acción frontal para erradicar la verdadera desigualdad en el mundo y la especulación no cuenta en los países con los marcos jurídicos para sancionarse. En suma, no todo lo que se nos presenta como avances magníficos en el mundo globalizado es como nos lo venden. Hay muchos equívocos, engaños y barbaridades. todo este proceso tiene serias y preocupantes limitaciones como las ya descritas del afán de consumo, de la inconveniencia de la uniformidad para la diversidad pretendida, contra la pretensión de manipulación y dominio; la imposibilidad de la mayoría de las personas para tener un verdadero acceso a los viajes y a los nuevos medios de comunicación, así como de la facilidad porque todos accedan a las presuntas bondades en todos los ámbitos de la globalización; la segregación, el racismo y la xenofobia que surge del sentimiento nacionalista y de las reacciones en pro de la defensa de la diversidad, el respeto a las diferencias y el sentimiento de que con la Globalización se pierde en gran medida la identidad local o regional.

III. El nuevo orden antropológico de la masificación.

1. La mediocridad.

Decía José Ingenieros que la mediocridad es una incapacidad de ideales. Y siendo el nuevo hombre de la masificación básicamente un ser desprovisto de ideales, pues la consecuencia es la ramplonería, la superficialidad, en suma, la mediocridad de la que está lleno. Y tal como Ortega identificaba que el hombre-masa es aquel que no se exige más de lo que realmente puede dar, nosotros identificamos que el hombre de nuestra contemporánea masificación tiene como nota característica la ausencia de auto exigencia.

2. La ignorancia.

La falta de exigencia en el terreno intelectual, así como la barbarie del espacialismo, dan como resultado —ya desde los análisis de Ortega— una terrible ignorancia sobre las cuestiones más básicas de la circunstancia. Como nada obliga al hombre contemporáneo a ser poco más que conocedor de las funciones de las cosas que le miman en su confort, pues no hay entonces la gana de aprender más. Ortega señalaba al hombre masa como carente de consciencia histórica, pues ve los acontecimientos pasados siempre fríos, lejanos, ornamentales, míticos o hasta inverosímiles. El ver sólo el haz político de los acontecimientos es una señal de esta bárbara ignorancia, pues alimenta la superficialidad del hombre tipo de la masificación.

3. La indiferencia. Derechos sin deberes.

La indocilidad del hombre de la masificación también produce indiferencia. A este tipo de hombre le ocurre que es indócil ante lo que le pueda henchir su espíritu con virtud, pero es dócil ante los cambios que se suscitan y le manipulan en el plano mundial. De ahí su indiferencia, pues se deja llevar por lo que le determina. Por otra parte, estamos en una época en la que se sobrevaloran los derechos, tanto la promoción como la exigencia de éstos. Con Ortega e Ingenieros reseñamos el proceso histórico acerca del cambio de paradigma de los marcos jurídicos y los códigos normativos expresados en clave de deberes a las nuevas constituciones redactadas en lenguaje de derechos. Las masas se olvidan de sus deberes porque desde la misma ley se favorece que exijan sus derechos.

4. La puerilidad del mediocre.

Tanto la estructura jurídica de estos tiempos de hiperdemocracia, como los formidables avances en el ámbito de la ciencia y la tecnología para proporcionar comodidades antes inimaginables, han producido el tipo de hombre mimado de la masificación, pues no se da cuenta lo que ha costado llegar a este punto. Simplemente se sirve de los jugos de la civilización. Con Finkielkraut[10] reconocemos que las formas de ser de los adolescentes y los niños rigen en mucho el sentir y el actuar de la sociedad contemporánea, a tal punto que se considera válido y aceptable solamente lo innovador o lo que está de moda. Esta es la condición de puerilidad, de formas de ser infantiles, inconexas expresiones y desacertadas actitudes.

5. El hombre de la masificación ante las instituciones.

a) Ante la familia.

La estructura familiar se está desmoronando. No es que existan nuevas formas y relaciones familiares, como pregonan lo jilgueros del progresismo, sino que la familia como tal parece estar socavándose y sucumbe ante esta postura hostil hacia ella por parte del hombre tipo actual.

b) Ante los líderes civiles y políticos.

Otro de los rasgos de indocilidad del hombre tipo actual tiene que ver con su actitud y su rechazo a priori contra las instituciones civiles y políticas. Cierto es que las propias autoridades han hecho todo lo posible para exhibir todo tipo de corruptelas, ineptitudes y rapacidades frente a los recursos públicos; pero por otra parte ya se asume y se acepta sin cuestionarse que la autoridad debe ceder ante la masa. Es necesaria la autoridad, no la anarquía, pues el orden en la sociedad se salvaguarda gracias a la acción de la figura rectora en lo civil y en lo político.

c) Ante la tradición.

Dentro del ámbito filosófico, Ortega sugiere que nadie puede comenzar desde cero su labor de reflexión, por eso se tiene que echar mano de la Historia de las ideas y así se justifica la continuidad en los procesos históricos. La constitución de los grandes imperios se hizo posible gracias a la incorporación de los pueblos. Fue en ese proceso en el que podía notarse la continuidad de la historia y la preservación automática de la tradición. Sin embargo, el problema es que el hombre de la masificación no parece tomar en cuenta ni valorar la tradición.

d) Ante la religión.

También existe hostilidad, rechazo, indiferencia y abandono hacia todo lo que tenga que ver con lo religioso en nuestros tiempos, pues las manifestaciones de lo que parecen ser las nuevas corrientes religiosas en realidad son tendencias, prácticas o ritos aislados, alejados de toda injerencia institucional que los articule, pues eso representaría un compromiso que el hombre actual no parece querer asumir. Cada vez es más común encontrar personas que no rechazan ni aceptan creencias religiosas, sino que les da lo mismo, pues simplemente las sacan de sus vidas. Y, sin embargo, encontramos con Girard por su parte y Regis Debray en su obra El arcaísmo posmoderno[11] que persisten en el mundo pretendidamente laico las alusiones a lo religioso. En el plano social se vive, entonces, tremenda contradicción explícita, exhibida sin pudor en la plenitud de los tiempos en los que se decreta—repetimos—la muerte de Dios y de lo religioso. En el plano individual, en el entorno próximo del hombre de la masificación podemos encontrar un cúmulo de creencias cuya procedencia a veces ignora, de las cuales se sirve a conveniencia; pero reniega de la institución que las conserva, extiende, pregona y cultiva: la religión. En ocasiones dicha actitud se circunscribe en la práctica hipócrita de ciertos preceptos. Inclusive el lenguaje que se utiliza puede tener raíces totalmente religiosas, cristianas en nuestro caso, en nuestro entorno, en nuestra circunstancia.

6. La vocación del noble.

Agregamos en este capítulo algunas consideraciones acerca de lo que entendemos como la vocación del noble, para contraponerlo a las formas de ser del hombre tipo de la masificación que antes hemos referido. En sí mismo, el cumplimiento de la vocación es ya una tarea impregnada de nobleza. La vocación a la nobleza existe paralelamente con el sobre entendido del llamado a la perfección, pues bajo el ideal de perfección han existido los seres egregios. Exploramos con Gabriel Zaid[12] que la búsqueda de la excelencia suele estar acompañada de charlatanería en nuestros tiempos, confundiéndose con el éxito mundano. Luego volvemos con Miguel de Unamuno[13] y la moral de la entrega para eternizarse, para explicar así que existe la vocación a la grandeza. En ese sentido la moral de la entrega y de la autoexigencia de Unamuno se asemeja a la propuesta de nobleza de Ortega, mediante la disciplina, la ascesis y el esfuerzo en la vida.

IV. Pensamiento moderno ante el problema del derrumbe moral en la masificación.

1. La pérdida de nobleza en el ámbito intelectual.

La misma génesis de la utilización genérica de la palabra “intelectual”, para denominar a un grupo de estudiosos tiene que ver con esa práctica por parte de los mismos “estudiosos” para sumarse a ciertos reclamos de tipo político. Nació así la práctica de que el intelectual es forzosamente el emisario de un cierto tipo de ideología, no ya de filosofía o ciencia sin más. Con Julien Benda[14] y con Alain Finkielkraut[15] ofrecemos una reseña de cómo se traicionó la propia vocación de los otrora llamados clercs, para dar paso una especie de casta nueva de estudiosos comprometidos con tal o cual ideología. Por su parte, Ortega ya distinguía a los hombres-masa en el terreno intelectual: los conformistas que no profundizaban en sus análisis para ofrecer mejores frutos de sus cavilaciones, los que expresaban lo primero que podían encontrarse en sus cabezas sin someterlo a examen riguroso para hacer ciencia. Decía Eduardo Nicol que «la filosofía es una vocación muy particularmente distintiva, porque su ejercicio requiere una meditación sobre el arethé de lo humano y sobre el ethos en general. De una falta contra el ethos filosófico ha de responderse ante todos»[16].

2. Sobre la educación posible para el hombre y el intelectual en el mundo masificado.

En este apartado hacemos con la tesis un acercamiento a la situación actual de ciertos escenarios educativos en nuestro país. Damos cuenta de la “actualidad” en los programas educativos y distinguimos la separación que éstos interponen para alejar toda promoción de virtudes, especialmente de la nobleza. Por otra parte, referimos que en el caso del terreno intelectual, basta con observar la necesidad de ejercer el ethos propio del pensamiento en la búsqueda de la verdad. No esa verdad parcial y relativa derivada de las opiniones personales, sino la Verdad.

3. La barbarie de la in-cultura versus la cultura.

Tomando como guía el pensamiento de Alain Finkielkraut[17] exponemos cómo es que la UNESCO, en su afán por acercar la cultura a todos los pueblos en el tiempo posterior a la segunda guerra mundial, y para contribuir por su cuenta para que no volviese a acontecer toda la crueldad de la misma guerra, decidió declarar que toda manifestación autóctona es cultura, inventando así una nueva acepción sobre ella, pero abriendo las puertas a la consideración de que todo es cultura. La UNESCO tomó como base el Volksgheist alemán para justificar los reclamos de identidad de los pueblos y el reconocimiento de sus diferencias. El alma del pueblo o alma colectiva le da sentido a la nueva noción de cultura promovida por este organismo internacional, impuesto además para que todo código normativo lo observe y lo acate. Se renunció con ello a la universalidad de los valores y el giro ignoró toda pretensión de virtud, pues al fin y al cabo todo es respetable. Desde ese momento los demonios y los herejes de nuestros días son los que cuestionan dichas disposiciones. La cultura ha llegado a un estado de barbarie, al corromperse el significado de la palabra y al aplicarse el vocablo para un sinnúmero de actividades propias de lo que más bien puede identificarse como identidad de los pueblos. Por su parte, Ortega denunciaba en La misión de la Universidad[18] el olvido en el que incurren las instituciones forjadoras de profesionistas sobre la extensión y promoción de la cultura desde el momento en el que tienden a educar especialistas y se olvidan de la labor sintética.

4. La otrora función de los clérigos.

Básicamente el dedicarse a las tareas del pensamiento significaba un alejamiento de las formas de entender la realidad al modo vulgar. Halagar a los oyentes, atender las demandas de las mayorías, ser lo que otros esperan que se sea en el terreno intelectual, forma parte de la traición a la que Benda se refería con el título de La traición de los clérigos. Se consideraba a la actividad del pensamiento como algo realmente supremo y no comprometido con los intereses particulares de grupos al servicio de ideologías. La búsqueda del poder por parte del personaje político es siempre una pretensión mundana, en cambio, la asimilación voluntaria del clerc para ubicar su función, según su vocación, es algo que trasciende y rebasa el ámbito material o de poder temporal. Es esta una de las bases para establecer que el clerc traidor ha dejado de ser clerc, para convertirse en comparsa de los problemas propios del poder mundano, es decir, se ha vuelto partidario de ideologías pasajeras, no de la Filosofía en tanto búsqueda de la Verdad. Desde la Ilustración hasta el romanticismo alemán, y con mayor fuerza en nuestros tiempos ha habido un compromiso tácito como gremio intelectual para servir a los más variados intereses, olvidándose toda pretensión de buscar la Verdad.

5. ¿Puede el intelectual contemporáneo ser un clerc auténtico?

El auténtico clerc realiza una tarea virtuosa por la naturaleza de su oficio, de aquello a lo que se dedica, lo mismo que el noble ejerce su vocación de entrega y exigencia. Estos nuevos “representantes del pensamiento” no tienen las características propias del clerc clásico, del que busca la verdad, del que entiende que hay jerarquías y diferencias auténticas, del que sabe que hay algo supremo o superior a sí mismo, precisamente por la docilidad de la que es capaz al asumir que existen instancias superiores y obras mejores de las que se pueden hacer, del que se entrega para buscar perfeccionar su acción. El intelectual de nuestros tiempos, desprovisto de la actitud noble, sólo puede llegar a ser un clerc auténtico si asume primeramente su condición errática de guías u hombres de partido; si entiende que su vocación es el ejercicio de sus facultades del pensamiento con el rigor otrora practicado; si busca no la revolución, sino la evolución constante; si se capacita para ejercer la autocrítica y abandona la violencia mimética cuyos efectos son palpables en las acciones realizadas “en masa” apareciendo en desplegados y defendiendo con pretendidas razones todo tipo de causas de los “desprotegidos”, así como la generalización trivial que tiende a hacerse sobre cualquier asunto, exponiendo lo primero que se encuentran en su cabeza —como bien lo decía Ortega—.




[1] El presente trabajo es una glosa de mi tesis de Licenciatura, defendida el día 21 de noviembre de 2008 en la Facultad de Filosofía de la UAQ, precisamente en la semana en que se celebró el Día Internacional de la Filosofía del presente año. Dado que la tesis, del mismo título que el presente trabajo, consta de 224 páginas, pues debo anticipar que el resumen resulta un tanto forzado, lo cual no significará falto de cierta rigidez argumental, o expositiva, por lo menos.
[2] Todas las alusiones a la obra de Ortega que hacemos en este breve resumen son de la obra en cuestión, así como de la edición de la cual ofrecemos la bibliografía, excepto en los casos en los que se cite otra obra del mismo autor. La rebelión de las masas, en Obras completas (O. C.), tomo IV, 2ª Reimpresión, Madrid, Alianza Editorial, Revista de Occidente, 1994, la primera edición fue publicada como libro en 1930.
[3] Cfr. Huxley, Aldous, Un mundo feliz. Retorno a un mundo feliz,  («Colección “Sepan cuántos...”, número 587»), XIV edición, México, Editorial Porrúa, 2004.
[4] LACOUE-LABARTHE, Philippe y Jean-Luc NANCY, El mito nazi, España, Editorial Anthropos, 2002, traducción y epílogo de Juan Carlos Moreno Romo.
[5] SARTORI, Giovanni, Homo videns. La sociedad teledirigida, Madrid, Ed. Taurus, 1998, traducción de Ana Díaz Soler.
[6] TRONCOSO, ALFREDO, «Homo apocalypticus», artículo tomado de la WEB, sin datos de pertenecer a alguna revista electrónica, la dirección electrónica es:  http://portal.rds.org.hn/listas/hibueras/msg00173.html
[7] INGENIEROS, José. El hombre mediocre. («Colección “Sepan cuántos…” número 270»), XVII edición, México, Ed. Porrúa, 2004.
[8] WOLTON, Dominique, La otra mundialización. Los desafíos de la cohabitación cultural global, Barcelona,  Gedisa editorial, 2004.
[9] Mc LUHAN, H. M., La galaxia de Gutenberg, («Obras maestras del pensamiento contemporáneo, número 9»), México, Ed. Planeta de Agostini, 1985.
[10] FINKIELKRAUT, Alain, —La derrota del pensamiento, («Colección Argumentos, número 87»), VIII edición, Barcelona, Editorial Anagrama, 2004, traducción de Joaquín Jordá.
[11] DEBRAY, Régis, El arcaísmo posmoderno. Lo religioso en la aldea global, Argentina, Manantial, 1996, traducción de Horacio Pons.
[12] ZAID, Gabriel, «¿Qué hacer con los mediocres?» Letras libres, Febrero de 2005, Consultado en línea: http://www.letraslibres.com/interna.php?sec=3&art=10251
[13] UNAMUNO, Miguel de, —Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, («Colección “Sepan cuantos...”, número 402»), México, Ed. Porrúa.
[14] BENDA, Julien, La trahison des clercs, Paris, Bernard Grasset ed, 2003, Édition originale en 1927.
[15] Op. Cit. La derrota del pensamiento.
[16] NICOL, Eduardo, El problema de la filosofía hispánica, México, FCE, 1998, p. 24.
[17] FINKIELKRAUT, Alain, «La disolución de la cultura», Vuelta. 133-134. Diciembre de 1987. 37-45.
[18] ORTEGA Y GASSET, José, La misión de la Universidad. en Obras completas (O. C.), tomo IV, 2ª Reimpresión, Madrid, Alianza Editorial, Revista de Occidente, 1994.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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