La huella. In memoriam: Amada Grijalva Díaz

lunes, 23 de noviembre de 2015 0 comentarios

La gente muere a la postre. Ya lo sabemos todos. Algún día llegará ese dolor para los vivos, para esta generación sabedora de su existencia. Nos queda la fe en la vida eterna y esperamos que sea siempre nuestro consuelo o nuestro anhelo. Nos resistimos a pensar que al final sólo quedará la nada. Por si nos aguarda la nada, por si la fe no fuese suficiente porque queremos la certeza de la vida eterna; por eso es menester pronunciar hoy unas palabras de fe.

La gente muere, decíamos. La gente parte. Se va. Ya no veremos a quien se va, a quien fenece. Así es la vida: llega el fin. Hay quien afirma, a la luz de la fe, que la muerte no es el final. En realidad no morimos, nos dicen, porque nuestra alma o nuestra conciencia o como quiera que se le conciba y se le llame, permanece en una suerte de vigilia. Ese es el paso, esa es nuestra Pascua particular, nuestra experiencia de encuentro definitiva con lo trascendente, con la Verdad, con Dios. Terrible paradoja, pues le podemos desear y llegar a experimentar en vida, y es con la muerte como parece que se nos permite la experiencia definitiva de Dios.

Luego está el dolor de quienes se quedan y sienten la partida de los que mueren. Sus "deudos", les llaman, aquestos seres queridos que son testigos del "Paso". Si estos tienen fe, el consuelo llega pronto, porque ofrecen el alma de quien se va, para que sea recibida por el Altísimo. No es fácil, empero, alcanzar ese consuelo. Se vuelve entonces necesario orar, no sólo por el alma de quien falleció, sino por los seres queridos en su afán por lograr el pronto consuelo. Así el creyente. Así la persona de fe en el contexto de la cristiandad. 

Quedan los recuerdos y las sensaciones para quienes conocimos a quien fallece. Son sus huellas.

Ha muerto una señora de mi pueblo de origen. Una especie de tronco en el árbol genealógico tan extenso y tan lleno de vida, por ello mismo. Doña Amada Grijalva Díaz nos dejó hoy. Todo un referente para hablar del pueblo de Jesús María, El Marqués, Qro. Referente por su piadosidad, por su devoción, por su fervor religioso. Referente porque sus hijos, sus nietos, sus bisnietos y hasta tataranietos pudieron tomar ejemplo de fe, de religiosidad. Referente porque fue semilla de la fe para muchas personas en el pueblo. Referente porque no se le conoció una pizca de egoísmo o de mala fe, o de intrigas, o de odio, o de dificultad. Referente porque, como buena heredera del carácter de su madre, doña Severa Díaz, de feliz memoria, siempre fue apacible, serena, ecuánime y prudente, cuando menos. Referente porque sus descendientes son personas de bien, son inteligentes, protagonistas, participativos, amigueros, nobles, educados y muy alegres. Referente porque a ella se le debe mucho en ese pueblo, por todo lo anotado y lo no escrito aquí y que sus hijos y nietos lo sabrán mejor que quien esto escribe.

Si pudiéramos tomar como analogía el árbol, para referirnos al árbol genealógico, al árbol de la vida que es la familia Grijalva, de la cual el menda forma parte de sus ramas, aunque ya no lleve el apellido, diría que la tía Amada no era un retoño, o una simple rama, sino un tronco grande y fuerte, que transmitía su savia, su elixir, su nutriente a todo el resto de las ramas que dependían de ese tronco que era su vida y su ejemplo, para dar lo que pudo dar: el amor de madre y de mujer excelsa para bien de los demás. Hoy ese tronco queda en manos de Dios. No es poca cosa.

Dice el Evangelio de San Lucas, en el capítulo 10, que cuando Jesús mandó a sus discípulos a predicar, a los setenta y dos, que fueran de dos en dos, ellos volvieron y le contaron cómo en su nombre hacían milagros y expulsaban demonios; y en el versículo 18 Jesús les dice: "Sí, yo veía a Satán caer del cielo como el relámpago: pero no se alegren por eso, sino porque sus nombres están escritos en el cielo". No me queda duda: el nombre de Amada Grijalva Díaz está escrito en el cielo, donde ya está ella también.

Con cariño y con respeto.

Julián Hernández Castelano.
Un sobrino nieto.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala. 23 de noviembre de 2015.

Sobre el Día Internacional de la Filosofía

jueves, 19 de noviembre de 2015 0 comentarios

Desde el año 2002 el Día Internacional de la Filosofía se celebra el jueves tercero del mes de noviembre. Así lo declaró la UNESCO, según sé.

No me gusta celebrar el día de esto o el día de aquello, ya lo he expresado, sin embargo, con esta celebración del gremio filosófico tengo una historia curiosa. La expongo y opino sobre la práctica filosófica y la enseñanza de la Filosofía en nuestros días..

Corría el año de 2002. Estudiaba yo el segundo año de la carrera de Filosofía en la Universidad Autónoma de Querétaro. Tenía un profesor admirable por su erudición mostrada en nuestras clases sobre Aristóteles. Fue en una de sus clases y de sus intervenciones sobre la práctica filosófica y lo poco dado que somos los filósofos a celebrar acontecimientos, que le solté la pregunta: "¿Y no hay un día del filósofo o de la Filosofía?". Lo saqué con ello de su absorta exposición y disertación, que se quedó callado, pensativo, meditabundo y cambió la expresión de su rostro para decirnos que nunca lo había pensado y probablemente nunca se imaginaría algo así. Yo le hice la pregunta porque recién había conocido a mi novia, quien sería después mi esposa, y en nuestras largas conversaciones salió el tema de los festejos; ella, que es Química, me decía que se festejaban en diciembre; y yo, aprendiz de filósofo, no le supe dar razón.

Un tiempo después la UNESCO decretó la celebración aludida de la Filosofía y este mismo profesor lo anunció en clase, pues era él el coordinador de la carrera y además hizo notar mis dotes proféticos. Eso me valió ser el maestro de ceremonías en los dos actos fuertes que tuvimos esos días: tanto una mesa redonda con la discusión perenne del para qué la filosofía, como la cena de gala en el antiguo molino de Querétaro, propiedad ahora de la Universidad Marista, donde precisamente estudié mi preparatoria. En esa cena reflexionamos también sobre la función de la filosofía y yo fui el moderador. 

Ya en años siguientes jugué un papel más discreto en la organización como interlocutor; pero más activo porque fui Consejero Universitario Alumno. Siempre han tratado en esa y otras Universidades de armar programas atractivos para esta celebración de la cual resulté profeta autóctono en su momento. Ya no me atrae, empero, acudir a dichas celebraciones; ya no siento la misma efervescencia. Todo cambia, como dicen que dijo Heráclito, "el oscuro".

Mucho se discute ahora sobre la práctica filosófica y sobre la enseñanza de la filosofía en nuestro país. Generalmente se les confunde, siendo de naturalezas distintas. Se dice, por ejemplo, que ha sido un atentado de lesa inteligencia desterrar la materia de Filosofía de los programas de estudio de la SEP y se piensa que este "Capitalismo Salvaje" quiere ver derrumbada la tarea del pensamiento. Ello abona a la confusión, porque se cree que si no se enseña oficialmente la filosofía en las escuelas, no habrá entonces una buena práctica filosófica.

Juzgo que la práctica filosófica en México ya estaba muy deficiente antes de cualquier modificación a los programas oficiales de la enseñanza de la misma en el nivel de Bachillerato. Juzgo también que de igual manera la práctica de la enseñanza de la filosofía es muy pobre desde el punto de vista del rigor intelectual. Una prueba de ello o posible causa es que en la mayoría de los casos son profesionistas de otras áreas quienes imparten las clases de Filosofía en las escuelas del nivel Medio Superior. Los perfiles no son los idóneos. Ello puede deberse a que quienes se especializan en Filosofía no son necesariamente quienes se interesan por la enseñanza, o bien, las corrientes de pensamiento que siguen no son atractivas, pertinentes o idóneas para los centros educativos. Es difícil pensar, por ejemplo, que se contrate a un nihilista para guiar a los jóvenes de Bachillerato por las sendas del pensamiento, si de entrada ya hay una especie de negación de la Tradición. Juzgo también que si el profesional de la filosofía se dedica a comentar simplemente los textos de los escritores "canónicos" o a traducir obras de primer mundo, no habrán los frutos esperados en el área.

Luego está también la necesidad de una "didáctica" de la filosofía para poder enseñar adecuadamente a los jóvenes. Difícil pensar que de inicio ya estén leyendo a Nietszche o a Heidegger; o bien, en el otro extremo, que nos contentemos con que lean "El Mundo de Sofía", o el "Filosofía para principiantes", del monero Rius. Hay que conducirlos por lo básico de la Lógica, la Ética, la Antropología y la Estética, sin caer en ideologías de ocasión y sin sesgar el criterio de los jóvenes a capricho, resentimiento o moda del pedagogo filosófico. Sentadas esas bases, entonces sí, se puede ir recomendando la lectura de filósofos clásicos y eventualmente alguno que otro contemporáneo.

Nada fácil tarea, tomando en cuenta las restricciones irracionales de nuestras inefables autoridades educativas, más preocupadas por el cumplimiento burocrático de formatos y estándares de esta o aquella certificación, que en la verdadera calidad del aprendizaje de los alumnos. Si es menester "brincarse las trancas" y ofrecer por nuestra cuenta un catálogo de actividades que representen un plus en nuestra tarea educativa, con tal de lograr un aumento en la capacidad cognoscitiva y un acercamiento más estrecho al mundo de la filosofía, pues echemos a andar la creatividad y la imaginación y no quedarnos con la simple idea victimista de la pelea "contra el sistema". Puede resultar favorable. Veremos.

Apuntes sobre el "Frikismo"

lunes, 10 de agosto de 2015 0 comentarios

Julián Hernández Castelano
@jhcastelano

1. El origen de la reflexión.

Llamó mi atención hace poco una dificultad en la que se vio envuelto el Padre José Antonio Fortea, reconocido exorcista español, frente a un también "reconocido" presentador de Televisión, a saber, un tal Risto Mejide. En un primer momento el Padre Fortea hizo público su temor sobre la posibilidad de que la entrevista resultase manipulada por el equipo de Mejide; las sospechas procedían de terceras personas a quienes Risto les había hablado francamente mal del Padre Fortea y ellos le hablaron para alertarle. En su blog, el Padre manifestó su miedo y pidió a los fieles rezar por él y por Risto. Y es que el tal Risto provocó ese ambiente con una serie de comentarios mordaces e irreverentes en su muro de Facebook, donde tiene miles de seguidores; lejos, además, de aclarar, atemperar las temibles sospechas o simplemente deslindarse, no hacía más que burlarse con alusiones a su condición cuasi infernal y la aparición del exorcista. Otro ingrediente que agravaba y tensaba la situación era que estaba invitada para aparecer en la misma emisión del programa una actriz porno. Todo en su conjunto era presentado como una oportunidad para apreciar dos visiones extremadamente opuestas como estilos de vida, la del sacerdote exorcista, por un lado; y la disoluta vida, respetable y hasta comprensible de una mujer que se dedica al entretenimiento para adultos, y de qué manera. El programa puede verse acá para usuarios registrados y acá para quienes no formamos parte de esa "exclusividad".

Ipso facto recurrí a mis amigos españoles para saber qué estaba pasando con el tal Risto y su programa, es decir, ¿qué tipo de pretensiones malévolas, patéticas o descompuestas operan detrás de la producción de programas de esta índole? Al momento el buen amigo @FrayJosepho de la Tarima me respondió indicándome el Frikismo como la causa de tantos desfiguros en la producción de programas en la Madre Patria. La idea es presentar lo más grotesco y ridículo, lo más inverosímil, ñoño y ramplón, aunque esté desprovisto de toda seriedad y cordura. Allá entonces utilizan el vocablo de origen inglés para categorizar estos sobresaltos de ridiculez. En México no estamos tan familiarizados con el mismo término, aunque no deja de haber esos ejemplos.

Así nació mi intención por consignar el Frikismo y señalarlo y denunciarlo y alertar también para tener una postura frente al fenómeno.

2. Definición y origen del Frikismo.

a) Definición.

La Real Academia Española de la Lengua define Friki con tres acepciones o significados muy similares entre sí:

                   1. adj. coloq. Extravagante, raro o excéntrico.
                   2. com. coloq. Persona pintoresca y extravagante.
                   3. com. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición.

b) Origen.

Desde el siglo XIX en Estados Unidos llamábanle "freak" a aquella persona que tuviera un defecto físico notable. Luego comenzaron con la moda de exhibirlos en los circos y así se popularizó la afición, se hizo espectáculo admirar lo raro, lo estrafalario, lo extravagante.

Ya con el auge televisivo en el siglo XX se ha buscado siempre captar y mantener la atención del espectador mediante toda serie de prácticas que atrapen el morbo y la curiosidad. Bien puedo recordar el testimonio de una amiga cuando me confesó que su novio producía programas de TV y le exigían precisamente el tipo de contenidos que ahora catalogamos como "friki".

3. Otros ejemplos.

a) El caso del programa (o los programas) de Telecinco, en España.

El "affaire" Fortea-Risto y las clarificadoras palabras de @FrayJosepho me recordaron que apenas unos días atrás también en España causó revuelo una aparición en horario estelar de TV de una ¿artista? que explica frente a las cámaras la operación a la que se sometió y que tiene que ver con la modificación de sus genitales y todo lo que espera del cambio operado en su cuerpo. Frikismo puro, obviamente, amén del extremo al que se llega con el afán del raiting.

b) La misma basura; pero en México.

Bien lo reconocía Samuel Ramos en "El perfil del hombre y la cultura en México": Vivimos imitando a los demás, a lo hecho, dicho y ejecutado en otros países. Vivimos de prestado y llegamos tarde al banquete de la Modernidad como insinuaría Octavio Paz en "El Laberinto de la Soledad". Todo copiamos del exterior, eso ya no se duda. ¿Por qué habría de ser la excepción el Frikismo?

Todo lo que nos llega es asumido y absorbido por nuestro país, incluso lo vergonzoso: si en otros países, verbigracia, aplican en educación un sistema fracasado por competencias, ahí vamos nosotros también; si se les ocurre un género de programas de TV, ahí vamos nosotros también. Desde el "Big Brother", hasta los talk shows, desde los programas de concursos tipo "Quisiera ser millonario", hasta los patéticos "Roosters"; y así toda la TV basura, por decir lo menos. Programas como "las lavanderas", "Platanito show", "miembros al aire" y así hasta el cansancio podríamos enumerarlos. Los medios han sido tomados para explotar lo más bajo, burdo y vil. Se han infectado de frikismo.

c) La pretensión friki en las redes sociales.

Inexpugnables o inefables suelen ser las razones o las motivaciones del tipo de publicaciones, expresiones y "estados" que se comparten en las redes sociales. El ágora está dispuesta y al alcance de cualquiera. La multiplicidad de mensajes no se deja esperar. Son millones y millones de mensajes emitidos por la vía de las redes sociales y los medios de comunicación. Situación inédita en la historia, obviamente. El asunto es que el tipo de contenidos que mayormente se comparten, al menos en las redes sociales, es de talante friki. Habría que preguntarse si ha servido de algo que el agora, la plaza pública, el ciberespacio de libre acceso a todo tipo de expresiones se llene de banalidades y contenido grotesco. En los círculos de "amistad" próximos (y los lejanos, desde luego) suele el frikismo florecer mediante memes. vídeos y mensajes sobre lo raro, lo peculiarmente distinto hasta un grado locuaz.

4. ¿Por qué se habrá caído tanto?

a) Ni censores ni censura: es políticamente incorrecto.

Hace un tiempo en el periódico Excelsior, de México, se publicaba un suplemento llamado "Revista de Revistas", donde se contenía una sección de crítica muy mordaz y exigente sobre el uso de los medios de comunicación desde el punto de vista de lo profesional, esto es, si había faltas de ortografía en la prensa escrita y las revistas publicadas, si padecían falta de dicción o equivocaban el uso de términos o afloraba la ignorancia de los presentadores o comentadores de televisión en los noticieros y programas de toda índole. Ya no digamos del tipo de contenido que se manejaba. Hoy, lamentablemente no parece haber nada parecido: ya nadie se molesta en señalar la baja calidad de contenidos y manifestaciones porque atentaría contra la muy apelada libertad de expresión y se estaría socavando la corrección política, por lo que mejor resulta dar rienda suelta y permitir todo tipo de expresiones... como el frikismo.

b) Michel Henry y su crítica a la Televisión.

Al pensador francés no le hacía ninguna gracia el status pasivo del espectador de la Televisión, desde luego, ni el manejo de los contenidos propuestos desde el más popular de los medios de comunicación masiva. "La televisión es la verdad de la técnica, es la práctica por excelencia de la barbarie", decía en su obra fundamental "La Barbarie", y agregaba enseguida: "La 'estética' de la televisión es la negación de toda estética". Y su crítica no se circunscribe a la "caja idiota", sino al conjunto de los medios de comunicación social, en cuanto reducen la experiencia humana a una pasividad cuasi irracional:

"Lo actual no es solamente lo incoherente y lo insignificante; debe serlo. Cuanto más absurda sea la televisión, mejor cumple su oficio.
Los medios de comunicación social corrompen todo lo que tocan. Si se encuentran con alguna cosa importante, incluso esencial por el hecho mismo de instalarlo en la actualidad, lo colocan al mismo tiempo en lo inconsistente, porque, con esta manera de estar ahí delante por un instante, es el ser de lo Esencial lo que ya no es posible.
Grave, radical, implacable y, finalmente, decisiva es esta forma de censura por cuyo efecto todo lo que es cultura se encuentra, por su propia naturaleza, inexorablemente excluido del estar ahí-delante-un-instante, el cual constituye una nueva dimensión de existencia peculiar de los medios de comunicación social y característica del mundo moderno, y a la que llamaremos existencia mediática."

c) ¿Se estará perdiendo capacidad de "racionalidad": Homo videns. Tópicos.

Giovanni Sartori se ha hecho célebre por su obra del "Homo Videns. La sociedad teledirigida". La tesis central parece ser muy similar a la de Henry: hay un descenso en la capacidad racional en virtud de la dependencia y el contacto con los medios de comunicación que privilegian lo visual, en concreto, la Televisión. Hay quien objeta dicha tesis, como el Dr. Alfredo Troncoso. El que escribe dedica un poco de la tesis de licenciatura sobre el asunto de la postura de Sartori y la de Troncoso en las páginas 65 y siguientes de la misma. Lo que debo resaltar ahora es que uno de los argumentos utilizados por Troncoso para refutar a Sartori es el pasaje aquel de Sócrates con Fedro cuando se acusa a la escritura de sustituir o degenerar la capacidad mental o racional si se privilegia por sobre la capacidad de memoria que antaño se tenía. De lo cual concluye Troncoso que no se pierde racionalidad con el abandono paulatino de la actividad lecto-escritora, sino que se transforma, muta la facultad para poner en práctica las capacidades intelectuales y ahora habrán de ser otras las formas como se expresa y se ejerce la racionalidad. Lo preocupante es si de verdad se está dando un proceso de racionalidad distinta y si no será más bien que expresiones infectadas de frikismo entorpecen lo que debería ser ese proceso de "nueva racionalidad".

d) La humanidad pueril: Alain Finkielkraut y sus ideas en "La derrota del pensamiento".

Para el contemporáneo francés Alain Finkielkraut, quien produce y conduce una importante emisión en France Culture, toda esta situación con los medios y la (in) cultura actual no es más que un proceso de transformación en las maneras de ser pueril o adolescente:

"Así pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura. A la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo tiempo que el infantilismo. Cuando no es la identidad cultural la que encierra al individuos en su ámbito cultural la que encierra el individuo en su ámbito cultural y, bajo la pena de alta traición, le rechaza el acceso a la duda, a la ironía, a la razón – a todo lo que podría sustraerle de la matriz colectiva-, es la industria del ocio, esta creación de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del espíritu (o, como se dice en América, de entretainment). Y la vida guiada por el pensamiento cede suavemente su lugar al terrible y ridículo cara a cara del fanático y del zombie." Nos dice en "La derrota del pensamiento".

Lo actual, lo in, lo cool, lo fresco es ser adolescente por siempre. Por ello vemos todo tipo de esfuerzo por parecerlo, incluyendo esa moda de arreglarse como tal, pese a las arrugas y los años encima, lo importante es cultivar el cuerpo en los gimnasios, vestir a la moda, hablar puerilidades, reírse y divertirse y vivir y pensar y pretender ser siempre jóvenes en las formas, aunque sea; amén del frikismo denunciado aquí.

5. Un antídoto necesario.

a) El necesario cultivo de las artes y las humanidades, por lo menos.

Poco se podrá lograr, empero, si no hay un esfuerzo por parte de las instituciones encargadas de velar por una educación verdadera y profunda. No han faltado los foros para discutir estos temas, tales como coloquios, congresos, asambleas, etc., en las más prestigiadas universidades. El asunto es que todo queda en esos foros y en la práctica se ve muy poco. Para empezar no hay mucha presencia en estas nuevas plazas o ágoras que son los medios de comunicación masiva y las redes sociales por parte de quienes pudieran emitir opiniones valiosas y posturas trascendentes para guiar, para dar ejemplo de cómo utilizar esas nuevas formas de expresión. Las escuelas y las familias tienen que empezar a tomarse en serio la tarea del cultivo de las artes y de las humanidades, por lo menos, para que, si se habla, se haga acerca de los temas verdaderamente importantes y no sobre cualquier cosa que se encuentre uno en la cabeza para compartir.

Hace poco pude leer respecto de la tarea de las universidades una excelente conferencia publicada en dos libros distintos, de los que por lo menos a uno de ellos ya pude hacerle una reseña, a saber, "Algunas coordenadas filosófico-humanistas en los albores del siglo XXI" (Revista Quórum, 24: 4-6), es la reseña del libro "Filosofía y humanismo en el siglo XXI" de Nora María Berumen de los Santos y Rolando Picos Bovio, compiladores, y el artículo o conferencia a la que aludo ha sido publicada también por su autor Juan Carlos Moreno Romo en uno de sus recientes libros "¿Doscientos años de qué?", de la editorial Fontamara (México, 2014), el trabajo se titula "¿Por qué debemos cultivar, también nosotros, la filosofía y las humanidades?". Ahí abunda el Dr. Moreno sobre los asuntos de la necesidad de profundizar verdaderamente en la filosofía y las humanidades como única vía para hacer frente a esta barbarie del mundo actual, ahora caracterizada por el que esto escribe en una actitud muy concreta como el frikismo. La idea es forjar instituciones y trabajar arduamente para elevar el nivel de cultura hasta la "altura de los tiempos", según el argot orteguiano.

6. Un audio sobre el particular.

Me pronuncié antes en mi programa de radio sobre este asunto. Pego acá el mismo. Espero lo disfruten o tengan al menos la paciencia de escucharlo si les place así:




Ecos de la peregrinación de Querétaro al Tepeyac. In memoriam. Pbro. Tomás Cano.

miércoles, 5 de agosto de 2015 0 comentarios

Por Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, México.
@jhcastelano

Justo es dar honor a quien lo merece. El Presbítero Tomás Cano Garduño ha fallecido este 4 de agosto. Precisamente en la fiesta del Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos y sacerdotes, San Juan Bautista María Vianney.

No lo conocí tan de cerca para dar un testimonio sobre él. Los fieles de la Parroquia de El Colorado lo conocieron mejor, pues estuvo a cargo de ésta durante varios años. Así, comunidades como La Piedad, El Paraíso, Calamanda, Palo Alto, Coyotillos, La Loma, etc., podrán aportar más detalles que yo.

Sé que estuvo muy en sus inicios ministeriales como vicario en la Parroquia de San Pedro, de La Cañada. Mi papá me cuenta que era muy entusiasta y tenía mucho carisma y cercanía con la gente en ese entonces. Tanto que cuando se fue, tiempo después, a trabajar en la Sierra Gorda, algunas personas de Jesús María lo fueron a visitar y le dio tanto gusto verlos que hasta les dijo: "Ah, ustedes son de allá de donde son los 'weyes' (sic), claro, claro, ¿cómo están?".

Personalmente crucé palabras una sola vez con él, cuando me solicitaron ser padrino de bautizo y tuvimos que ir a su parroquia. Se molestó porque mi esposa y yo tocamos la puerta del curato, no siendo allí las pláticas, sino en un salón adjunto. Nos reclamó y pidió no se le molestase. Entiendo que tenía un carácter rudo y áspero. Alguna ocasión me refirieron colegas de los coros que era difícil cantar con él en las misas porque exigía mucha ortodoxia en la elección de los cantos. Dicen también que era muy duro en sus homilías con los chambelanes en específico.

También hay quien afirma que le tenía mucho cariño a la Virgen de Guadalupe y a la Peregrinación al Tepeyac. Se le notaba, porque acudía año con año caminando hasta que ya no pudo, asistiendo, confesando y apoyando a los fieles que marchaban a la Villa.

En fin, yo tuve el privilegio de escucharle una homilía, precisamente en el marco de la Peregrinación al Tepeyac. Era el sábado 17 de julio de 2010, en la explanada de un campo gigantesco denominado "las Torres", cerca de Coyotepec, estado de México, a un día de llegar ante la morenita del Tepeyac. Habíamos estado reflexionando toda la semana acerca del fenómeno de la violencia en el país, aprovechando la carta pastoral que el episcopado mexicano emitió sobre el asunto, a saber, "Que en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna". El Padre Cano aprovechó para pedirnos un compromiso concreto con la paz, un propósito, decía, entre otras cosas.

Ruego me perdonen porque se terminó la pila de mi grabadora casi al final del mensaje y estuve respondiendo dudas a mi sobrino, lo cual se escucha en el audio que les comparto acá:


Ecos de la Peregrinación de Querétaro al Tepeyac 2015. Primera parte: Glosario.

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No es fácil escribir sobre una peregrinación tan grande y de tanta historia. La columna de los varones ha caminado ya 125 años. La de las mujeres un poco menos. Hay muchos aspectos a considerar. No sólo es llegar ante los pies de la morenita del Tepeyac y encomendarle algo para que interceda por nos. Hay mucho más que sólo eso.

Vamos a desglosar muy cartesianamente los múltiples elementos para analizarlos y sintetizar un mensaje que resulte pertinente para el lector familiarizado y el no familiarizado con el acontecimiento en cuestión. La idea es identificar con claridad y distinción algo como el movimiento de miles de mujeres y hombres que se trasladan a pie cientos de kilómetros: ¿Qué hacen en el camino? ¿En qué piensan? ¿Qué los mueve? ¿Cómo viven esos días? ¿Cómo viven otros días del resto del año, mientras no peregrinan?

Ofrezco un glosario de términos para tratar de entender todos los elementos que componen, interna o externamente la peregrinación, es decir, aquellos que tienen que ver directamente con la organización de la misma y esos otros que se han agregado arbitrariamente y que ya forman parte del mismo fenómeno. No para todos los casos ofreceré su definición; para algunos sólo mencionaré la función o algo que los caracterice.

Quiero aclarar que no es mi intención escribir una historia, ni siquiera una crónica de la peregrinación, sino hacer una contextualización primero, una especie de "manual de la peregrinación para principiantes", si se quiere ver así, para luego hacer algo que sí me corresponde: plantear y seguir el hilo de las reflexiones que me surgen y de las que se proponen desde el seno de nuestra diócesis de Querétaro.

I. Elementos internos o inherentes a la organización:

1. Peregrino. Aunque parezca perogrullesco, resulta necesario definirlo y delimitar el concepto. El peregrino es el caminante registrado en un grupo, que porta un distintivo y camina con su grupo y con el conjunto de la columna, participando en todas las actividades y respetando el orden pretendido en la organización de la peregrinación.

2. Columna. Es el conjunto de los grupos que peregrinan en orden numerado y sucesivo, en tanto avanzan formados uno tras de otro. La columna abarca kilómetros y por lo regular no puede observarse a simple vista toda completa de tan larga que se hace.

3. Grupo. Es el conjunto de peregrinos de una misma comunidad o parroquia, según se hayan registrado ante la Asociación de Peregrinos de Querétaro al Tepeyac. Los grupos avanzan por decanatos. El orden de los grupos se determina mediante dos sorteos: uno para el caso del orden de los grupos dentro del decanato y otro para el orden de los decanatos en el total de los doce que conforman la columna y la diócesis de Querétaro. Vale la pena mencionar que la diócesis abarca todo el estado y parte de Guanajuato, concretamente la Sierra de este estado. Vale la pena mencionar también que se suman a la peregrinación algunos grupos del estado de México, de la diócesis de Atlacomulco a la peregrinación.

Para este año hubo 223 grupos para la columna de los varones. Hay grupos especiales como el de la Vanguardia y el de la Retaguardia. Hay un grupo de custodios del Santísimo. El Santísimo encabeza siempre la columna y lo llevan en un monumento especial de traslado, adornado y con acabados de madera, así como los escudos de los distintos decanatos de la diócesis. El Santísimo Sacramento es el peregrino número uno.

Va otro grupo especial también: el de la Santa Cruz. Está conformado por varias familias prominentes de nuestro estado. Al parecer porque han sido benefactores históricos de la peregrinación. Siempre van al frente, detrás del Santísimo y la Vanguardia, y antes del primer decanato. No llevan al frente estandarte, sino una cruz grande de madera.

4. Jefes.

a) De grupo.

Es elegido por los miembros del grupo. Su compromiso es intenso porque tiene que asistir a las reuniones de decanato y a las de la Asociación; se encarga de las cuotas con los miembros del grupo; organiza a éstos para participar en todas las actividades requeridas por parroquia, decanato y diócesis; registra a los peregrinos y sabe cuántos años lleva peregrinando cada uno; reparte los distintivos y coordina el orden y todo lo que implica el trabajo y la organización.

b) De decanato.

Elegido de entre los jefes de grupo que componen el decanato. Su función es coordinar a todos los grupos del mismo, apoyándose de los jefes de grupo. Tiene que estar al tanto del conjunto de los peregrinos de cada grupo y atiende las necesidades y las dificultades que pueda haber con los peregrinos a su cargo.

c) De columna.

El jefe de columna coordina a toda la peregrinación: desde las rutas, los horarios, el itinerario en general, la logística del andar y se coordina con los encargados de las celebraciones, con el director espiritual y los demás sacerdotes y todo el personal de apoyo.

d) Celadores y jefes de orden.

Entresacados de los grupos y por decanato hay cierto número de peregrinos que portan casacas rojas y banderas para cuidar el andar de los grupos y coordinar la vialidad de los vehículos que pasan cerca de la columna. Ellos se encargan también de procurar la buena formación de los grupos cuando se llega a alguna de las localidades de paso rumbo al Tepeyac.

e) Asociación de peregrinos.

Es el ente civil de la peregrinación. Habrá de tener personalidad jurídica para representar ante las autoridades civiles a la peregrinación. Da la cara ante los órdenes de gobierno por todo lo que implica el acontecimiento peregrino.Tiene página web: http://peregrinosdequeretaroaltepeyac.org/

5. Ministros y predicadores.

a) Director espiritual.

Nombrado por el Obispo de la diócesis. Se encarga de coordinar y diseñar las reflexiones, las temáticas y los mensajes de la peregrinación, así como las celebraciones, las confesiones, la atención espiritual a todos los fieles peregrinos. El cargo lo ocupa hoy con todo merecimiento y dignidad el Pbro. Javier Bocanegra Morales. Antes lo ocupó el muy ilustre Pbro. José Morales Flores, quien además tenía a cargo la vocería del obispado. Y más antaño ocupó este lugar el Pbro. Filiberto Carrillo, hombre erudito, poeta, coleccionista de piedras y mariposas de distintas especies.

b) Sacerdotes.

Muchos acompañan la peregrinación a pie, con sus grupos y parroquias. Los hay peregrinos ya de muchos años de experiencia. Incluso hay quienes primero fueron peregrinos y en la columna mientras caminaban y participaban de las celebraciones sintieron el llamado de Dios para consagrarse en sacerdocio. También hay sacerdotes de congregaciones religiosas que se suman a la caminata. Algunos son muy queridos, o lo fueron, por los peregrinos. Últimamente se recuerda mucho al Padre Juan Marcos Granados, por su simpatía, por sus homilías tan cercanas y divertidas, por su alegría y entusiasmo; ya falleció y se le extraña. También se aprecia mucho al Pbro. Armando Lázaro, porque recibe a los grupos y anima a todos desde el micrófono. Hay muchos otros que van caminando y atendiendo con la confesión a sus hermanos peregrinos. Injusto sería pretender mencionarlos a todos y no poder hacerlo por lo muchos que son; pero vale la pena mencionar al menos a los sacerdotes: Tomás Cano (fallecido este martes 4 de agosto, apenas); Melesio Domingo, ya mayor, pero de muchos años de peregrino; Wenceslao Ferrusquía Navarrete, quien interviene activamente en los medios de comunicación con la radiodifusora de Internet http://www.bamosradio.com/, que además es regla de vida para los laicos; Raymundo Fraustro Hurtado; Ezequiel Muñoz; Luis Salas; José Luis Salinas, Rodolfo Yáñez; etc.

c) Predicadores.

Son los mismos sacerdotes o religiosos consagrados. También en muchas ocasiones son los obispos. La Peregrinación ha tenido el privilegio de contar con excelentes predicadores; además de los sacerdotes que acompañan la columna u organizan las celebraciones, se ha podido escuchar en las distintas celebraciones al obispo actual, Don Faustino Armendariz Jiménez, al emérito, Don Mario de Gasperín Gasperín, a los obispos emanados de la diócesis de Querétaro, a Don Florencio Olvera Ochoa; a Don Domingo Díaz Martínez; etc. Otras veces se ha contado con el rector en turno de la Basílica de Guadalupe; y así con experimentados, eruditos y muy santos varones que han predicado mientras se camina al Tepeyac.

d) Seminaristas.

Caminan entre los grupos durante la semana, compartiendo reflexiones previamente establecidas para sintonizar con el conjunto de la Peregrinación y para tratar de hacer llegar el mensaje ya con los distintos grupos. El último día ya caminan en grupo al frente de la columna. Son coordinados por el rector del seminario, en estos años el Pbro. José Luis Salinas Ledesma, experto en Pastoral Profética, joven sacerdote con mucha fuerza y mucha inspiración.

e) Catequistas de grupos.

Son laicos comprometidos que también comparten reflexiones a la luz de las temáticas propuestas en el marco de la Peregrinación. Son parte de los mismos grupos. Llevan una preparación previa con retiros y oraciones, así como orientaciones por parte de los seminaristas y los sacerdotes encargados de la romería. Vale decir que la catequesis de grupo ha sido la función del que esto escribe en los últimos años.

6. Auxiliares de celebraciones.

a) Sacristanes.

Su labor es importantísima porque deben mantener a la mano, en orden y disponibles todos los objetos sagrados y los enseres para las celebraciones.

b) Coros.

Hay un coro peregrino que lleva la preferencia para animar las eucaristías durante el camino; sin embargo también participan otros coros para las celebraciones de adoración, las oraciones, las alabanzas, los actos penitenciales, etc. Siempre participan haciendo buen papel y animando conforme a la liturgia preestablecida.

c) Encargados de escenarios y sonido.

No se mantienen visibles; pero su esfuerzo también es extraordinario porque montan y desmontan varias veces durante el día y la semana de la peregrinación para que haya una buena participación en las celebraciones.

d) Custodios del Santísimo.

Son miembros del grupo de la Adoración Nocturna Mexicana y siempre van cuidando el monumento itinerante con el Santísimo. Son coordinados por el director espiritual de la Adoración Nocturna, en estos años el Pbro. José Hernández.

e) Animadores y locutores.

Reciben a los grupos a su llegada a las distintas localidades y lugares donde se descansa y se llevan a cabo las celebraciones.

7. Otros auxiliares.

a) Autoridades civiles.

También colaboran facilitando la vialidad, proporcionando materiales de salud, propiciando la estancia y el paso de la peregrinación tan numerosa. Algunos gobernantes hasta han caminado con la peregrinación, ya sea por querer sentirse cerca de los demás o por un compromiso adquirido.

b) Cruz Roja.

Imprescindibles los servicios de los paramédicos y las ambulancias. La entrega que hacen y el servicio es invaluable.

c) Patrocinadores.

Entiendo que antes era el patrocinador oficial la Coca-Cola. Ahora es la cooperativa de Pascual Boing. Ellos prestan un carro de sonido y acompañan prestando el servicio en la columna.

d) Maleteros.

Cada grupo o familia de peregrinos lleva varios maleteros registrados también con la peregrinación. Cargan los equipajes de los peregrinos y les ayudan a conseguir lugares para el descanso nocturno. También es un servicio imprescindible y su presencia hace más grande el acontecimiento de la peregrinación.

8. Documentos.

a) Guía del peregrino.

Es un librito que contiene diversas oraciones y alabanzas como recursos para ir rezando y cantando durante el camino. En las ediciones nuevas se contiene además una copia del Nican Mopohua.

b) Horario o itinerario.

Cada año se edita un folleto con la información relevante para los peregrinos, tanto las indicaciones desde el ámbito civil, como las del religioso. Puede uno ver los horarios allí, tanto de llegadas, como de partidas, celebraciones, etc.

c) Manuales de catequesis.

Apenas este año se editó un libro con las catequesis, la idea es uniformar en una sola temática las reflexiones vertidas en los grupos.

II. Elementos no inherentes o externos a la organización.

1. "Adelantados".

Son un verdadero cáncer para la peregrinación. No se registran. No les importa caminar con sus grupos. No les importa rezar y cantar con los demás. No participan en las celebraciones. No reciben la bendición. No caminan con el resto de la columna organizada. Hay familias enteras que van caminando sin ton ni son, aprovechando que hay una columna bien organizada. Llegan antes que la columna y apartan lugares cómodos para ellos mismos. Cómodamente se disponen a turistear y su actitud es de franca rebeldía y hasta burla respecto a la peregrinación. Son miles ya.

2. Vendedores.

Otro factor difícil. Si bien los peregrinos necesitan comprar ciertos materiales para su uso durante el trayecto, la mercadotecnia se hace presente con el ambulantaje y las más de las ocasiones arman verdaderos tianguis andantes ofreciendo hasta lo más inverosímil. Hay quienes venden comida, ropa, zapatos, agua, jugos, dulces, lámparas, sombreros y hasta licor. Los hay itinerantes y los hay establecidos por los lugares donde pasa la columna. A veces se registran con las autoridades de la peregrinación; pero otras ocasiones sólo se aparecen para lucrar. Hay quienes respetan las celebraciones y los hay que no les importa la faz espiritual del acontecimiento peregrino. Son más abundantes y hasta molestos en plena zona metropolitana, justo antes de llegar a la Basílica.

3. Anfitriones.

Desde los sacerdotes, parroquias y ciudades que nos acogen, hasta las familias que abren sus puertas, ya sea cobrando o disponiendo gratis el alojamiento para los miles de peregrinos, merecen una mención especial, pues muchos de ellos se encomiendan a las oraciones de quienes llegan a los pies de la Virgen de Guadalupe. Muchos regalan comida o agua al paso de la columna.

5. Medios de comunicación.

La mayoría son del ámbito local del estado de Querétaro. A nivel nacional hay poca cobertura. El hecho de que se movilicen unas 60 mil personas para manifestar su amor a la vida, su alabanza a Dios, en suma, su fe en la Virgen de Guadalupe y en Dios, como que no es tan importante para los medios de comunicación nacionales. Ironías. Emergen, empero, algunos medios de comunicación que ya se interesan por la romería, los testimonios de los peregrinos y las reflexiones vertidas al interior de todo este acontecimiento.

Sobre la culpa y la confesión

sábado, 20 de junio de 2015 0 comentarios

Hoy me plugo recordar unas reflexiones del que escribe sobre la culpa y la confesión en nuestro ámbito cristiano. Palabras publicadas en una revista diocesana de Tlaxcala tiempo ha. Veamos.

El día que el Señor Obispo, Francisco Moreno Barrón, se presentó en esa magna celebración del 28 de mayo de 2008, en el Seminario Diocesano, para tomar posesión de la diócesis tlaxcalteca, cuando ya nos aprestábamos para volver a la capital del estado, mis alumnos, las Madres escolapias y un servidor, trayendo yo un ejemplar de L’Osservatore Romano, en cuya portada aparecía el momento justo en el que un grupo de diáconos estaban postrados en su ordenación sacerdotal, una alumna se sorprendió mucho, pues nunca había visto una escena similar. Me preguntó si no sería un acto como aquel en el que ciertas sectas de hermanos separados imponen las manos y se ponen a hablar cosas extrañas e inverosímiles. Nada parecido, le indiqué, y enseguida nos hallábamos conversando sobre tales prácticas y algunas otras de la catolicidad. Me sorprendió en demasía saber que ella considera una práctica inútil y absurda la confesión. Al notar mi sorpresa pareció arrepentirse de lo que dijo y trató de disculparse por “estar mal”. Más bien me disculpé yo, diciéndole que ella no tenía toda la culpa, sino yo, sino nosotros, los educadores, los evangelizadores y hasta sus padres, al no haberle podido enseñar por qué es importante y fundamental este Sacramento. No me dio tiempo de explicárselo y siento una especie de deber aportar estas reflexiones a la luz de la Sagrada Escritura, el Catecismo y otras fuentes eclesiales, pues es un error muy común en nuestros tiempos en el que incurrimos como católicos, ya que llegamos a pensar que “es absurdo eso, y por qué habríamos de confesarle nuestros pecados a alguien que es como nosotros, o quizás hasta más pecador”. Esas fueron sus palabras. Fueron eco de muchos hermanos a los que les he escuchado semejante queja.

Así pues, examinando primeramente la culpa, diremos que es un sentimiento muy humano: cuando entendemos, según nuestra conciencia, que “algo estuvo mal” de lo que hicimos, sentimos automáticamente la carga o la culpa. Sin ánimo de adentrarnos en tremendos embrollos teológicos para el caso de la culpa del pecado original, baste asentar la pesadez sobre nuestro espíritu padecida por nosotros cuando este sentimiento se hace patente y presente en nuestra consciencia, ya no sólo en la conciencia, pues podemos saber que algo estuvo mal, pero no hacerlo racional, visible, entendible, presente en nuestro conocimiento. No somos ángeles. Somos humanos, y como tales, pecadores, propensos a los errores, a expensas de la culpa y del pecado. Es un hecho. Nos duele cuando agredimos, cuando fallamos en algo, cuando algo nos falta, cuando sin querer traicionamos o cuando hacemos el mal que no queremos, como bien lo reconoce para sí mismo el Apóstol: «Puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si no hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. Así pues, soy yo mismo quien con la razón sirvo a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado» (Rm. 7, 19-20. 25b) Hay una desconexión entre nuestra inteligencia y nuestra voluntad. Nuestra inteligencia puede indicarnos el buen camino; pero nuestra voluntad puede flaquear y traicionarnos. Así es nuestra naturaleza. No hay que espantarnos tampoco, pues como canta en la noche gloriosa de la Vigilia Pascual el Sacerdote en el Pregón de la Pascua: «Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo rescataste al Hijo! Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!». Resaltemos lo último: Feliz la culpa que mereció tal Redentor. Sin duda hay dos declaratorias de la grandeza  inefabilidad de Nuestro Señor, pues primero San Pablo nos hace pensar en nuestra humanidad pecadora lejos de la vida del Espíritu, es decir, lejos de la Gracia; y luego este hermoso fragmento del Pregón nos consuela ¡con la misma acción de la redención!

Ni más ni menos: si por algo podemos sentirnos cristianos es que a pesar de nuestra condición humana propensa a la culpa, hemos sido redimidos con la muerte del Cordero, con la entrega de Jesús, con su sacrificio. Y si hemos muerto con él, también viviremos con él. No hay carga de conciencia que no pueda ser sanada por Dios. ¿Qué necesitamos? El arrepentimiento, el santo temor de Dios y luego viene el deseo de purificarnos y con ello la confesión.

«No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado» (Catecismo de la Iglesia Católica 981). Abundantes alusiones acerca del perdón, de la misericordia, de la confesión y de todo tipo de penitencia podemos encontrar en las Sagradas Escrituras y en documentos en los que se enseña todo esto. Desde las parábolas como la del hijo pródigo, los anuncios del Reino de Dios en el perdón y la misericordia, hasta las propias acciones de Jesús como perdonar a la mujer que estaba a punto de ser lapidada y también la propia oración que nos enseñó cuando pide que Dios perdone nuestras deudas tal como nosotros perdonamos a quienes les debemos algo.

Confesar es perdonar, perdonándose a sí mismo, implorando la misericordia. Confesar es también aceptar los errores. No se puede saber si una persona ha aceptado una culpa si no la expresa, si no la hace explícita. Confesar desahoga, aligera la carga que sentimos por la culpa. Es un acto de purificación. Recordemos el Salmo 50: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad/ por tu inmensa compasión borra mi culpa/ lava del todo mi delito, limpia mi pecado…» Y habremos de agregar algo más: si creemos en Dios, la ofensa no sólo es contra nuestros hermanos, sino para con el mismo Dios. Si somos consecuentes con nuestra fe católica no debería avergonzarnos confesar cuando hemos caído de la gracia. O bien, si nos avergonzamos deberíamos asumir con valentía la penitencia. Si estamos conscientes de que algún pecado nuestro ofende a Dios y a nuestros hermanos, deberíamos aceptar pacientemente la penitencia y confesarlo sin recato, sin miedo, puesto que Dios es quien nos habrá de perdonar, a través del sacerdote.

«Si asumimos una actitud de rechazo al sacerdote y por ello nos alejamos de los sacramentos y la Iglesia, en realidad no creemos en Dios, sino en el sacerdote», decía un catequista, y si el sacerdote nos decepciona, obviamente estaremos alejándonos del mismo Dios. Es en Dios en quien verdaderamente tiene que creer un cristiano. ¿Cuántas veces en lugar de criticar a los sacerdotes hemos hecho oración por ellos?

Es curioso y extraño que en nuestros días haya hermanos que se acercan más a los psicólogos, por ejemplo, y hasta podrán abrirse y confesarles muchas intimidades, lo cual es bueno para el trabajo de estos profesionistas, empero ¿les preguntaran a ellos o les cuestionaran sobre sus “pecados”? No lo creo. ¿Por qué cuestionar infundadamente a los sacerdotes, cuando ellos han sido elegidos por Dios para esa hermosa vocación de entregar la vida al servicio de los demás mediante su ministerio? Porque no son cualesquier personas, sino elegidos por Dios para esa actividad específica dentro de la Iglesia. El poder que se les ha dado es el mismo que Cristo mismo dejó a la Iglesia: «A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt. 16,19). Por lo tanto «los sacerdotes deben alentar a los fieles a acceder al sacramento de la Penitencia y deben mostrarse disponibles a celebrar este sacramento cada vez que los cristianos lo pidan de manera razonable» (CIC 1464). «El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo» (CIC 1466).

Es, pues, tarea de todos: padres de familia, sacerdotes, educadores en la fe, amigos, hermanos en la fe, comunicadores, etc., formar la conciencia cristiana de la autocrítica —aptitud tan carente en nuestro país—, la valentía para confesarnos y la práctica general de los sacramentos, para que desde ese punto mejoremos como personas y, por ende, como sociedad, como cristiandad.

Ponerse en paz es necesario, urgente, siempre vigente y patente, porque somos humanos: ni ángeles ni bestias.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala - México, Distrito Federal.

Sobre la banalidad de la vida

miércoles, 29 de abril de 2015 0 comentarios

«La vida no vale nada», decía el muy célebre José Alfredo Jiménez en su canción de los Caminos de Guanajuato, y así suele cantar cualquier bohemio melancólico en un arranque de inspiración y proyección personal entre el mosto y el desfiguro en cualquier festín. Así lo suele decir también el mexicano común, amante de lo vernáculo y consciente de sus "raíces" y del folclor. ¿Realmente la vida no vale nada? ¿En qué sentido?

Si se trata de decir, muy a lo Pascal, que somos tan frágiles o estamos tan a expensas de ver terminada nuestra vida por nuestra debilidad o una muerte repentina, etc., pues sí, estamos vivos tal vez de milagro. Y eso nos hace afortunados también: Si somos o estamos aquí por azares del destino y ello nos da la impresión de contingencia, pues también por ello podríamos sentirnos afortunados y reconocer la grandeza del mismo hecho.

No es el caso, empero, de quienes actualmente buscan devaluar el valor de la vida en otro sentido: en considerar que, por ejemplo, un organismo en el vientre materno (al que llaman "producto") puede simplemente matarse o prescindir de él. Esta civilización parece despreciar la vida.

¿Cuándo se habrá vuelto más importante defender el supuesto derecho de las mujeres, por ejemplo, a decidir matar el "producto", el ser humano que llevan dentro? ¿Cuándo perdimos la conciencia del valor de la vida? ¿En qué punto de la historia se habrá operado la idea de que se puede vivir privando de la vida a los indefensos en aras de lo políticamente (e hipócritamente, diría yo) correcto? Y lo peor: ¿desde cuándo las instituciones, como las que dicen defender los derechos humanos, o las escuelas, o las secretarías de educación pública de los estados, o la "línea" oficial de gobierno, desde cuándo esos armatostes diseñados para darle forma al hecho social se han hecho a la idea, no sólo de la corrección política y la falsa promoción de los derechos, sino del más atroz desprecio por la vida? ¿Por qué siembran en las mentes de nuestros jóvenes la idea de que simple y sencillamente se puede matar, incluso para conservar (válgame por la incongruencia metafísica) "un proyecto de vida (¡de vida!) personal"?

Denuncio aquí que ante la posibilidad de que la escuela que dirijo acudiera como institución a manifestarse contra la posible resolución de la Suprema Corte de Justicia en pro del aborto, recibí la visita de altos funcionarios de la SEP estatal para "prevenirme" que no nos identificáramos como escuela en la marcha ni que "obligásemos" a los miembros de la comunidad escolar a acudir. No me aclararon por qué ni qué significaba "prevenirme". Sorprende que me hicieran esta visita que no fue supervisión ni tuvo otra finalidad inherente a mi trabajo. ¿Qué intereses se moverán en las altas esferas de la política para este amedrentamiento? ¿Que no se supone que una autoridad educativa debe velar, ya ni siquiera por la libertad de expresión (derecho fundamental cacaraqueado por lo políticamente correcto), sino por el más preciado, básico y fundamental de los derechos, que es la vida? ¿Que no debería una autoridad educativa estatal además promover el valor de la vida como punto de partida de la verdadera entraña de su trabajo, que es la educación? ¿En manos de quiénes estamos entonces, de quienes defienden la vida o de quienes promueven la muerte? De cualquier manera la invitación que hicimos para participar no tuvo eco entre mis estudiantes, profesores, padres de familia... No sé si haya esta banalidad entre mis prójimos, y quizás ello me tenga un poco desilusionado todo esto; pero así fue.

La vida no vale nada para algunos, para quienes ven en ella una banalidad. Aunque si estamos vivos eso parece un contrasentido. Parece ridículo. Es la banalidad de la vida.

Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala.

Sine nobilitate. Introducción 2.

martes, 17 de marzo de 2015 0 comentarios

Es la segunda parte de la introducción de mi tesis de licenciatura.

Reflexiones en torno a la dimensión moral del mundo masificado.

 

Julián Hernández Castelano

El camino abierto por José Ortega y Gasset.


Nuestro principal guía en el recorrido que pretendemos hacer es el filósofo español José Ortega y Gasset, quien hacia las primeras tres décadas del siglo XX hizo un diagnóstico importante sobre la situación de su tiempo.[1] Su diagnóstico —principalmente en La rebelión de las masas— gira en torno a la toma del poder por parte de las masas, es decir, la rebelión y posterior dominio de las mayorías, situación que considera problemática porque muchos aspectos de la vida tienden a masificarse y en un ambiente masificado no se distinguen las diferencias y no se aceptan seres distintos, superiores, notables y más selectos, lo cual suprime y rechaza la posibilidad de que sean realmente los mejores los que dirijan a las grandes masas. Seguramente esto puede suscitar debates pertinentes y reclamos legítimos sobre las formas de gobierno y de vida de los pueblos. No es el caso ahora detenernos en ello, pues nos interesa concentrarnos en el análisis de la ocasional propuesta de Ortega y su idea acerca de lo que representa el hecho de que sean los mejores quienes rijan. Una obra como La rebelión de las masas suscita siempre una serie de análisis cuyo enfoque suele ser de índole política; se le estudia tratando de encontrar una propuesta o un programa de acción. No hay tal. Hay, eso sí una preocupación por señalar lo que ocurre en la circunstancia europea —y con ella, occidental, por cuanto tiene de vigente el problema de cara a los distintos pueblos cuyas formas de vida se emparientan con el Occidente europeo—, concretamente la española. Es, en su mayoría, una preocupación antropológica, por el nuevo tipo de hombre que emerge, el hombre-masa y como consecuencia, la sociedad-masa, con deseos ilimitados, sin rumbo real como pueblo, etc.
La rebelión de las masas también es la pérdida de autoridad que Europa padece ante el resto del mundo; lo es también el proceso de desmoralización al que se llega desde hace ya por lo menos dos siglos —o quizás antes todavía— (tomando en cuenta lo que había ya transcurrido hasta el tiempo de Ortega); lo es también la posibilidad del fin de la Modernidad, o al menos su transformación. Hay, por otra parte, según observa nuestro autor, una creencia de que se ha llegado al culmen de los tiempos, es decir, que los tiempos actuales son los tiempos mejores y todo tiempo pasado fue un proceso o un antecedente para llegar a la pretendida plenitud del tiempo actual; y, por lo mismo, hay también una especie de conciencia carente de tradición e historia, esto es, una especie de desdén por todo lo que representa la tradición y el legado de los grandes hombres y las culturas de tiempos pasados, así como un desconocimiento voluntario o involuntario de la historia; y, además, una actitud de satisfacción ante aquello de lo que se hace uso sin considerar el esfuerzo realizado por otros. Cabe sin embargo hacer notar que pudiera haber estudiosos y personas conscientes de lo que representan los tiempos pasados y que, aún así, deriven de sus estudios una convicción ajena a lo que podría considerarse como grandeza de otros tiempos. Evidentemente nos referimos aquí a esos muchos otros que, voluntaria o involuntariamente se ven alejados de todo reconocimiento por lo logrado en generaciones pasadas.
Aborda Ortega también el hecho de las aglomeraciones. Hace una reflexión acerca del crecimiento demográfico ya crítico en su época y en su continente. Aquello ocurrido en Europa hace un siglo, en la “periferia” hoy lo padecemos nosotros y sería pertinente la reflexión al respecto. El lleno en todas partes es una de las características de la rebelión y ahora de la hegemonía de las masas. Las ciudades —nos comenta Ortega para ilustrar este hecho— están llenas de gente. Las casas, llenas de inquilinos. Los hoteles, llenos de huéspedes. Los trenes, llenos de viajeros. Los cafés, llenos de consumidores. Los paseos, llenos de transeúntes. Las salas de los médicos famosos, llenas de enfermos. Los espectáculos, como no sean muy extemporáneos, llenos de espectadores. Las playas, llenas de bañistas. Lo que antes no solía ser problema empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio.[2] Hay un lleno en todas partes y las gentes se sirven de los utensilios y se alimentan de los jugos de la civilización.[3]
La subida del nivel histórico y el crecimiento de la vida son también caracteres de la rebelión de las masas. Desde el momento en que las grandes masas han tenido acceso a toda clase de actividades o cosas de las que sólo podían gozar antaño las minorías, al hacerse más fácil el acceso al confort o al acomodo de ciertas cosas, es como si el nivel histórico se hubiese elevado, pues «el hombre medio —dice Ortega— representa el área sobre que se mueve la historia de cada época; es en la historia lo que el nivel del mar en la geografía. Si, pues, el nivel medio se halla hoy donde antes sólo tocaban las aristocracias, quiere decirse lisa y llanamente que el nivel de la historia ha subido de pronto — tras de largas y subterráneas preparaciones, pero en su manifestación, de pronto —, de un salto, en una generación. La vida humana, en totalidad, ha ascendido.»[4] Por su parte, el crecimiento de la vida tiene que ver con un mayor ramillete de posibilidades para realizar tareas o actividades ante la facilidad con la que se dan las cosas. En ese sentido los avances científicos y tecnológicos, aunados a la producción masificada, al mercado, a la publicidad y la llamada “cultura del consumo”, nutren hoy los voraces deseos de las grandes masas.
Otra de las causas que Ortega encuentra de la rebelión de las masas es la inconveniencia de la adaptación que la educación pretende hacer para dominar las nuevas técnicas en la modernización, pues considera que:

En las escuelas, que tanto enorgullecían al pasado siglo, no ha podido hacerse otra cosa que enseñar a las masas las técnicas de la vida moderna, pero no se ha logrado educarlas. Se les han dado instrumentos para vivir intensamente, pero no sensibilidad para los grandes deberes históricos; se les han inoculado atropelladamente el orgullo y el poder de los medios modernos, pero no el espíritu. Por eso no quieren nada con el espíritu, y las nuevas generaciones se disponen a tomar el mando del mundo como si el mundo fuese un paraíso sin huellas antiguas, sin problemas tradicionales y complejos. Y rebosando toda posible sofisticación, nos encontramos con la experiencia de que al someter la simiente humana al tratamiento de estos dos principios, democracia liberal y técnica, en un solo siglo se triplica la especie europea.[5]

El dato estadístico queda ahí manifestado y refiere el problema educativo ante los cambios suscitados dentro del crecimiento demográfico y de la vida.
Luego comienza Ortega a realizar lo que él mismo llama la disección del hombre-masa, cuyo diagrama consiste en la libre expansión de sus deseos vitales y la ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia, como si fuese un niño mimado. Es por ello que «la perfección misma con que el siglo XIX ha dado una organización a ciertos órdenes de la vida, es origen de que las masas beneficiarias no la consideren como organización, sino como naturaleza».[6] Sobre el cómo es esto posible y sobre la delimitación definitiva de estos dos grupos mencionados, se procurará tratar en este trabajo.
Ante todo ello, la hipótesis de Ortega es que la ausencia de la auténtica nobleza ha sido el efecto de la descomposición derivada de la masificación, pues no sólo considera a ésta última como el aglutinamiento desmedido, sino también como el poder en manos de las mayorías carentes de nobleza, de esfuerzo, de exigencia por ser y hacer más de lo que se puede ser y hacer. Y es preciso hacer notar que no se habla solamente de la masificación cuantitativamente, sino también cualitativamente. Este análisis de Ortega puede emparentarse solamente en algunos aspectos con el fenómeno de la globalización que estamos padeciendo en nuestros días, en otras palabras, podemos decir que hay una coincidencia entre ciertas situaciones que él señalaba a propósito de la masificación con determinadas características dentro de lo que puede entenderse como globalización; sin embargo, es preciso deslindar y delimitar qué características de nuestros tiempos de globalización son las que coinciden con su análisis, pues no todas ellas son comunes a lo señalado por Ortega y, por otra parte, es preciso adelantar que en gran parte es un equívoco tomar por cierto todo lo que supuestamente trae consigo la globalización, pues no es válido, decisivo, ni aplicable a todo lo que hay en nuestro entorno lo que de ella se pregona. Por ello, una caracterización sobre algunos aspectos de la globalización aclarará hasta qué punto ésta es la continuación de la rebelión de las masas.
Si consideramos que la rebelión de las masas ha inundado hasta abarcar en nuestros días los múltiples aspectos de la vida de la sociedad, habremos de analizar cómo es que se ha llegado a un punto en el que hasta las propias disciplinas o ciencias padecen este desorden. Es así como reconoceremos hasta qué punto la filosofía se ve envuelta en esta problemática situación. Así pues, un diagnóstico acerca de la globalización, de la rebelión de las masas y de cómo la filosofía padece y participa de todo esto, habrá de aclarar los límites y las actualizaciones pertinentes del discurso y el análisis de Ortega.
Puede identificarse, entonces, que en la obra de Ortega es la falta de nobleza, como él la entiende y como pretendemos explicarla, el efecto de la rebelión de las masas. La falta de nobleza también cunde en nuestros tiempos, por ello retomamos el problema para aplicar el diagnóstico a nuestra circunstancia. Si aceptamos que en nuestros tiempos hay esa misma rebelión de las masas y, de una forma exagerada, el mismo fenómeno convertido en algunas características de la globalización, y que la actitud de nobleza se ha ausentado ante la indiferencia o hasta el desconocimiento por parte de las masas actuales, lo que cabría preguntarnos y es el punto central del problema, es lo siguiente: ¿Cómo es que se ha llegado en la actualidad a un punto así, de falta de nobleza, de rebelión exagerada o hegemonía de las masas? ¿Por qué se han dado las condiciones para que florezcan las ideas propias y la formas de vida de los hombres-masa? Y aún más concretamente: ¿Hay esta actitud propia del hombre-masa dentro del ejercicio intelectual? Y si así fuere: ¿Cómo es que se ha pasado del intelectual noble al intelectual masa?

El itinerario.


Por todo ello, el itinerario a seguir en el presente trabajo será el de lograr describir, primeramente, la rebelión de las masas, tomando como base la obra de Ortega, ayudándonos de su diagnóstico, para comenzar a hacer el diagnóstico de nuestros propios días. Para ello habremos de analizar algunas propiedades de la masificación en el tiempo actual, a la luz de estudios contemporáneos, procurando mediante esbozos dar cuenta de dichas propiedades y su relación con el problema que nos ocupa, tales como el proceso demográfico para formarse una situación de masificación, el paralelismo y el mimetismo de los problemas globales con los regionales —o viceversa, según sea el caso—, el proceso de homogeneización que estamos viviendo, es decir, la creciente uniformidad que trae consigo la forma de ser de la masificación, la influencia de los medios masivos de comunicación sobre las masas, el problema de la identidad, la moralidad —o inmoralidad— de la sociedad masificada, el problema de la mutación de valores en nuestros días, la problemática que implica la democracia contemporánea, el problema de la autoridad y la indocilidad en la sociedad contemporánea, la caracterización del mundo globalizado con sus limitaciones y equívocos, etc., todo ello para dar cuenta del cambio sociológico que se ha operado hasta llegar al estado de cosas principalmente desde el ámbito moral. El acercamiento al problema que nos ocupa será entonces en la primera parte desde el punto de vista sociológico.
En la siguiente parte —tratando de seguir un esquema deductivo, es decir, de lo general o externo, hasta lo particular o personal— nos acercaremos al mismo problema, pero ahora desde el análisis antropológico del mismo, pues tomaremos en cuenta aspectos o actitudes anómalas, propias de la nueva forma de ser del mundo masificado, tales como: la mediocridad imperante en muchas de las tareas que ejerce el hombre actual; la indiferencia con la que se conduce de cara a las situaciones que se le presentan, dejando con ello una estela de problemas y anomalías para su propia vida y para la de los demás, impidiendo la mínima convivencia; la ignorancia característica del hombre contemporáneo, lejos de todo rigor racional elemental; la actitud pueril asumida hasta el punto de restarle seriedad a los asuntos que lo merecen y trivializando la formalidad hasta caricaturizarlo todo; la exigencia de derechos sin aportar la corresponsabilidad de sus deberes; la nueva postura que el hombre tipo de la masificación guarda ante las instituciones otrora rectoras y hoy rechazadas u olvidadas como la familia, el poder civil, la tradición y la religión, entre otras; todo ello para tratar de contraponerlo con la vocación esencial del noble, para hacer notar la diferencia y la necesidad de observar cómo es que, precisamente, la pérdida de nobleza y la ausencia del sentido humano para las consideraciones morales, es decir, de la auto observancia de sus actitudes y su conducta y sobre todo, el anhelo por lograr la excelencia, han cambiado el orden antropológico y social de nuestro mundo, de nuestros tiempos, en un proceso de declive, precisamente moral, tal como trataremos de explicarlo.
Y la última parte del trabajo será la de aplicar el problema moral de la pérdida de la nobleza en el ámbito de la labor intelectual, para tratar de responder a las preguntas antes planteadas, es decir, si el hombre de la masificación puede ser educado, entendiendo que la educación como tal exige el esfuerzo para lograr la excelencia, que para ser este tipo de hombre no se requiere la educación, sino el acomodo y que el esfuerzo y la excelencia en la educación forman al noble. También, si dicho hombre puede llegar a ser un auténtico intelectual, puesto que podríamos identificar ciertas virtudes similares y compañeras de la nobleza en los grandes pensadores conocidos. Nos acercaremos al problema de cómo se ha perdido la nobleza en la labor intelectual. Asimismo, se intentará responder a la pregunta de qué tipo de filosofía o de labor intelectual puede hacer este hombre tipo de la masificación, para identificar brevemente la situación de la práctica intelectual actual en nuestro ámbito y emitir algunas notas acerca del porvenir de la misma. Será importante tener en cuenta cómo es que el equívoco de la palabra “cultura” ha hecho degenerar la labor intelectiva de nuestros días, entre otras cosas que históricamente —desde el punto de vista del pensamiento, de las ideas, y de la propia historia “política”, “social” o “civil”— han contribuido al cambio de esquemas conceptuales para suplantar e implantar el enfoque nuevo sobre muchas cuestiones actuales, provocando una especie de miopía intelectual —sino es que una paralización— del mismo ámbito. Se ofrecerá como contrapunto la otrora función de los clérigos —a los que debiera considerárseles como los verdaderos intelectuales— para establecer los retos de quienes pudiesen pretender convertirse en verdaderos intelectuales o clérigos y, desde luego, para deducir retos de la labor intelectual.






[1] El diagnóstico de su tiempo, así como la exposición de sus hipótesis para dar cuenta de cómo se llegó hasta ese punto que identifica como problemático, lo expuso a lo largo de toda su obra; pero principalmente en obras como La rebelión de las masas, España invertebrada, Meditaciones del Quijote, El espectador, La deshumanización del arte, y algunos de los prólogos escritos para obras de otros autores.
[2] Ortega, op. cit. p. 144.
[3] Concretamente en nuestra circunstancia periférica podríamos oponer la prueba clara de que no sufrimos del espacio como en Europa, o como en España, que es lo que primeramente ve Ortega; sin embargo, tomemos en cuenta la creciente migración y éxodo que se ha producido para abandonar las grandes extensiones de terreno en el campo para concentrarse en las ciudades, para aglomerarse en los centros comerciales, para llenar con automóviles los espacios y las vías, etc., emulando hasta cierto punto infantil o irracionalmente la vida europea, como si no hubiese ese espacio al que antes nos referimos para vivir más desahogadamente. No es, pues, una condición similar la nuestra a la europea de los años de Ortega, ¡pero nuestra circunstancia o nuestro tiempo, o los hombres de nuestro tiempo pareciera que nos hemos esforzado porque así sea, o sufrimos de manera análoga, si no idéntica, del mismo fenómeno demográfico-cultural!
[4] Ortega. op. cit. La rebelión de las masas.  p. 153.
[5] op. cit. p. 173.
[6] op. cit. p. 138.


Sine Nobilitate. Introducción 1.

lunes, 2 de marzo de 2015 0 comentarios

Sine nobilitate. 

Reflexiones en torno a la dimensión moral del mundo masificado.

La nobleza que se pierde.


«Yahvé  revela honduras y secretos,
conoce lo que ocultan las tinieblas,
y la luz le acompaña»

Dn. 2, 22

Julián Hernández Castelano

Se está suscitando un proceso de desmoralización en el mundo. Las jerarquías y los sistemas de valores se están trastocando. Se acrecienta la relativización de los valores en la sociedad actual. Ya no se le da una importancia crucial a la búsqueda de la excelencia, ni de la virtud. La verdadera nobleza, la que obliga, la que conduce por la disciplina a la excelencia se está perdiendo. La condición preclara del noble, la excelencia, la autoexigencia, la entrega para lograr el mérito, en pocas palabras, la disciplina encaminada al logro de lo que tradicional y primordialmente se conoce como virtud, esa es la nobleza que se está perdiendo en nuestros tiempos. «La mediocridad moral —decía Ingenieros— es impotencia para la virtud y cobardía para el vicio. El hombre honesto puede temer el crimen sin admirar la santidad: es incapaz de iniciativa para entrambos. Las mediocracias de todos los tiempos son enemigas del hombre virtuoso: prefieren al honesto y lo encumbran como ejemplo. Honestidad no es virtud, aunque tampoco sea vicio». [1] No basta con ser honesto, pues la honestidad está situada en un punto intermedio entre la virtud y el vicio. El virtuoso es activo. El noble obviamente es activo también. El vicioso es activo negativamente: actúa en contra de lo que puede llevarle a la virtud. El honesto, bien valorado en nuestros tiempos es pasivo, nunca se mete con nadie y exhibe sus dotes de buena persona ante la sociedad, por ello es encumbrado y estimado. Lo que se pierde en nuestros tiempos es, pues, la gana de salir adelante, de luchar por lo que se quiere, y no sólo por ello, sino por lograr ser excelente. Por ello José Ingenieros hacía ya esta distinción, porque es preciso sustraer la idea de que basta con ser honesto, con no ser vicioso. No solamente no hay que dejar de ser vicioso, sino superar el grado de la honestidad: exigirse. No pretendemos dictar cátedra ni ilustrar sobre buenos modales o algo por el estilo, sino tocar el punto en el que los estudios contemporáneos ya no penetran: la situación moral, el cómo es el hombre actual moralmente hablando, no para dar cuenta desde una óptica tradicionalista, sino para reconocer el grado de estupidez con el que se pretende hacer caso omiso del verdadero problema de nuestro tiempo: la falta de virtud. A eso se refería Ortega cuando describe nuestra época de decadencia como un proceso de desmoralización. A eso se refería Ingenieros cuando escribe sobre las características de las mediocracias: «La virtud eleva sobre la moral corriente: implica cierta aristocracia del corazón, propia del talento moral; el virtuoso se anticipa a alguna forma de perfección futura y le sacrifica los automatismos consolidados por el hábito. El hombre superior practica la virtud tal como la juzga, eludiendo los prejuicios que acoyundan a la masa honesta».[2]
Podemos considerar la época de Ingenieros y Ortega como “nuestra época”, en el sentido de la vigencia, actualidad o aplicabilidad de sus cavilaciones para nuestra circunstancia. Si abrimos un poco el espectro o el lente de revisión de los tiempos modernos, podremos darnos cuenta que lo establecido por ellos tiene vigencia y actualidad, pese a haber sido enunciado hace casi un siglo, pues la contemporaneidad a la que nos referimos tuvo su génesis precisamente en las épocas concretas de ellos.
La nobleza que se pierde en nuestros tiempos no es aquella de los títulos hereditarios, del abolengo y el refinamiento, sino la actitud de entrega por parte de las personas. No estamos tratando, pues, un tema meramente político, sino un problema moral y en ese sentido filosófico, antropológico y sociológico, cuanto más. «La nobleza que no está en nuestro afán de perfección es inútil que perdure en ridículos abolengos y pergaminos; noble es el que revela en sus actos un respeto por su rango y no el que alega su alcurnia para justificar actos innobles. Por la virtud, nunca por la honestidad, se miden los valores de la aristocracia moral».[3]
Por su parte, en el capítulo titulado: “Vida noble y vida vulgar, o esfuerzo e inercia”, de La rebelión de las masas[4], Ortega nos conduce y nos aclara desde más profundamente esta cuestión, al explicarnos que vivir significa o implica solamente tratar con el mundo o ser solamente lo que el mundo o la circunstancia nos invita a ser. Por ello el mundo en torno que ofrece la hegemonía de las masas produce también las formas de vida, los usos, los hábitos y las prácticas propias del hombre-masa. Si en épocas anteriores alguna persona se encontraba con dificultades y sentía la necesidad del esfuerzo para sobresalir o hasta simplemente para subsistir, lo que obtenía era siempre fruto de aquel esfuerzo, y podía ejercer más plenamente la actitud de nobleza, mas en nuestros tiempos, en los que domina el poder de las masas, sólo se encuentra uno, por lo regular, con comodidades, mismas que impiden ver más allá, anhelar algo supremo o diferente. El conformismo y la indiferencia hace suya a la persona y el imperio de las masas se acrecienta, se acentúa y se perfila para mantenerse como dominante, principalmente ahora, en un mundo globalizado. El hombre-masa[5] difícilmente habrá de sentirse interpelado por las circunstancias, mientras nada le obligue a ello, y en ese sentido, no apelará tampoco a instancias ajenas o superiores a él, simplemente porque no considera que haya nada ajeno o superior a él y haga que sea digno de ser considerado o tomado en cuenta para regir su vida.
El verdadero noble, en cambio, es el que vive en esencial servidumbre. Sí, servidumbre, no sólo servicio sin más, sino entrega a algo determinado, en lo cual se hace egregio. Le toma sabor a su vida solamente si la hace consistir en un servicio a algo trascendente o superior y por ello no toma la necesidad de servir como una opresión. No quiere decir ello que todo siervo haya sido en la práctica un noble de actitud, sino que la nobleza exige por sí misma el servicio, no que el sometimiento de una clase de personas signifique que le están confiriendo la oportunidad a los sometidos para que sean nobles, sino que el noble se siente satisfecho en cuanto sabe que su servicio es producto de la necesidad por darse, por contagiar, transmitir y compartir esa especie de energía que lo impulsa a ser lo que es. La nobleza, pues, se define por las obligaciones, no por los derechos. Por ello las concesiones y los privilegios de los nobles no son regalías, sino conquistas y merecimientos por su servicio.
El punto preciso donde Ortega ofrece en breves palabras lo que él piensa y concibe como el hombre noble, o bien, la significación que le otorga a la noción de nobleza es el siguiente:

Para mí, nobleza es sinónimo de vida esforzada, puesta siempre a superarse a sí misma, a trascender de lo que ya es hacia lo que se propone como deber y exigencia. De esta manera, la vida noble queda contrapuesta a la vida vulgar o inerte, que, estáticamente, se recluye en sí misma, condenada a perpetua inmanencia, como una fuerza exterior no la obligue a salir de sí. De aquí que llamemos masa a este modo de ser hombre, no tanto porque sea multitudinario, cuanto porque es inerte.
Conforme se avanza por la existencia, va uno hartándose de advertir que la mayor parte de los hombres — y de las mujeres — son incapaces de otro esfuerzo que el estrictamente impuesto como reacción a una necesidad externa. Por lo mismo, quedan más aislados y como monumentalizados en nuestra experiencia los poquísimos seres que hemos conocido capaces de un esfuerzo espontáneo y lujoso. Son los hombres selectos, los nobles, los únicos activos, y no sólo reactivos, para quienes vivir es una perpetua tensión, un incesante entrenamiento. Entrenamiento = áskesis. Son los ascetas.[6]

En este mundo globalizado en el que no se distinguen las diferencias y el hombre tipo de la masificación, común y corriente, se cree capaz de asumir el poder y decidir hasta en la moralidad de los demás, o bien, ni siquiera le interesa, argumentando falta de méritos por parte de la autoridad que recomiende o exija tal distinción, en el que cualquiera puede opinar y se forma parte de un estándar o una homogeneidad, es donde existe el reto para sobresalir por parte del noble y valiente con su actitud de esfuerzo. No por error ha habido autoridad en el mundo, y no precisamente se gana ésta con corrupción. La autoridad verdadera y también el respeto pueden ganarse con una actitud de nobleza.
La nobleza que propone Ortega, entonces, no es la de los títulos otorgados, no es la que se hereda y ostenta siempre elegancia y glamour. La nobleza propuesta por Ortega es más bien una necesidad ante el inminente imperio de las masas, cuyo mandato y hegemonía ha sido ya brevemente descrito y que será abundantemente tratado en lo sucesivo. La identificación de los problemas que atañen a la vida colectiva y la degeneración de ciertos valores son también elementos a considerar para entender cabalmente la diferencia entre el hombre-masa y el hombre noble.
Ya el mismo hecho de esforzarse por imitar a quien verdaderamente es alguien sobresaliente y distinguido en cualquier ámbito, es para el snob una posibilidad de engrandecerse, para ser también egregio, aunque equivoque el camino fijándose solamente en la superficie, en la apariencia y mimetizándose igualmente en lo superficial. Mientras no haya como respaldo una nobleza interna, no podrá llegar a ser tan distinguido, original y egregio como aquella o aquellas figuras a las que imita. Sin embargo, el snob tiene una ligera ventaja sobre el hombre-masa: sus deseos por ser mejor, aunque se equivoque al creer que lo logrará tan sólo a fuerza de aparentarlo.
El problema concreto que nos proponemos examinar es el de la génesis y desarrollo del estado de cosas en las que creemos que existe carencia de nobleza en el mundo masificado, marcada por un proceso circunscrito y contagiado, caracterizado por un declive moral en su totalidad. Sine nobilitate es la ausencia de nobleza, situación que se da con mayor énfasis por las condiciones que el mundo masificado presenta. Esa es la tesis que queremos exponer.

Las masas, la burguesía, los nobles, los esnobs. Ubicación histórica y conceptual.

Cuando nos referimos a las masas no lo hacemos en el sentido marxista del proletariado, es decir, no con el argot propio de los discursos marxistas para referirse a las mayorías desprotegidas, ni a la categoría dada simple y llanamente para las multitudes. Es cierto que las características de las masas tendrán que ver en nuestro análisis con el crecimiento demográfico; pero no les consideraremos su condición cuantitativa, sino cualitativa o moral, del tal modo que al referirnos a las masas, tomamos en cuenta una forma de ser, no el número de personas que históricamente surgieron como el proletariado. Recordemos que las multitudes de los otrora Burgos convertidos en ciudades en los tiempos de explosión o extensión de la llamada revolución industrial, o eran los obreros descendientes de los siervos en la época feudal, o eran los trabajadores de los gremios que no lograron consolidarse y tuvieron que emigrar a los Burgos, o eran personas que no lograron insertarse en el mercado laboral como obreros en los tiempos en los que comenzó el surgimiento de las máquinas cuyas tareas poco a poco sustituían la manufactura hecha por personas; o bien, por último, los propios obreros que antaño eran ocupados en los talleres y las fábricas, pero que, ante el surgimiento de las nuevas máquinas, quedaban desempleados, provocando así las crisis económicas recurrentes que dieron origen, entre otras cosas a las ideas revolucionarias y al socialismo utópico, así como al marxismo y a los movimientos sindicales para pretender trastocar la naciente hegemonía de la burguesía.
Por su parte, la burguesía nos sirve aquí para diferenciar y aclarar la génesis de la problemática en torno a la cual Ortega y Gasset explica La rebelión de las masas. Tampoco Ortega entiende por separado a las masas y a la burguesía, porque para él las masas son la burguesía, la misma clase social que prevaleció en el cambio político operado frente a las monarquías europeas y que dio origen a las naciones modernas, la clase social dominante luego de las grandes revoluciones y la proclamación de los llamados derechos del hombre y del ciudadano, la misma clase social que impulsó las democracias modernas. Otra vez manifestamos el carácter cualitativo de tal consideración: los burgueses, más que un número determinado de personas, eran para Ortega una categoría de hombres cuya prerrogativa asumida fue la de reaccionar en contra de las monarquías europeas. La explicación histórica nos auxilia en este punto para recordar la pirámide social en la época feudal: a la cabeza estaba el rey, dueño y señor de todas las tierras del reino; después estaban los nobles, los de títulos —estos sí— cuya función era la de administrar y disfrutar los privilegios ganados muchas veces en combate y demostrando lealtad y valentía a la monarquía. Los Burgos fueron formados gracias a la creciente independencia económica, tecnológica y social de los artesanos con respecto de los señores feudales; luego, cuando la técnica fue perfeccionándose y los nuevos inventos científicos más los avances tecnológicos aportaron las primeras máquinas el trabajo artesanal se convirtió en industrial, por lo que los burgueses se convirtieron, en cierto sentido, en industriales.
En cuanto a los nobles debemos decir que como clase social fueron las personas que históricamente se beneficiaron del sistema feudal: tanto económica, como política y socialmente. En su génesis obtenían el reconocimiento de los monarcas[7] gracias a su desempeño principalmente militar. Eran nombrados caballeros o se inventaron diversos rangos y denominaciones para agruparlos y darles cierto poder, por lo regular éstos llegaron a poseer algunos castillos, tierras, siervos, etc. Los herederos de los primeros notables ya no necesariamente demostraban el valor en la pelea, ni se sometían a las pruebas que sorteaban sus padres o antepasados, por lo que los privilegios que tenían ya no dependían del mérito, sino simplemente de sus lazos sanguíneos con los valientes de antaño. Hasta aquí los nobles desde el punto de vista político. Cabe referirnos a ellos para diferenciarlos de la nobleza de la que estaremos haciendo reflexión, que no es esta, sino aquella otra que tiene que ver con la conducta humana, es decir, la actitud moral, la virtud moral de la nobleza. Otra vez consideramos, no el elemento material, histórico-político-social, sino la característica moral de la notabilidad mediante la entrega y exigencia como actitudes.
El título del presente trabajo alude al texto y a la nota al pie de página que agrega Ortega en La rebelión de las masas para explicar el origen de la palabra “snob”. En el texto del mismo libro se lee: «Tiene sólo apetitos (el hombre-masa), cree que tiene sólo derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine nobilitate-, snob.»[8] Y en la nota al pie de página encontramos la siguiente explicación: «en Inglaterra las listas de vecinos indicaban junto a cada nombre el oficio y rango de la persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses aparecía la abreviatura s. nob., es decir, sin nobleza. Este es el origen de la palabra snob».[9]
Snob, desde el punto de vista de su raíz como palabra, es aquel que no tiene ningún título de nobleza. Los simples burgueses, como Ortega bien los distingue.
La palabra “snob” ha mutado en su uso. Ya no denomina a alguien sin título alguno. Se aplica más bien a las personas que se ven afectadas hasta el punto del mimetismo por quienes consideran distinguidas. Los que imitan las modas y las formas de quienes materialmente son poderosos u ostentan algún tipo de excelencia, sea cual sea el ámbito donde se desenvuelven, esos son los snobs de nuestros días. También —y estos son aún más peligrosos— aquellos que tratan en general de aparentar lo que en realidad no son y que además lo hagan ostentosamente para tratar de engrandecerse o ser reconocidos. Así, puede acontecer que alguien se ostente como un personaje distinguido por la naturaleza de la actividad que realiza, pero que realmente no tenga los méritos necesarios para respaldar la imagen que presenta. Hay engaño para quienes le tienen por alguien distinguido, y en sí mismo carece de la verdadera nobleza, de ahí su condición de snob.
En los tiempos de Ortega no había tal distinción; si bien nuestro autor no la hace, cuando aclara el surgimiento del término “snob”, lo clasifica a la par del nuevo hombre del cual hace su diagnóstico, es decir, del hombre-masa; pero los tiempos y los acontecimientos hasta nuestros días han provocado la diferencia que antes se explicó. Por ello es preciso que rescatemos, con sus debidos matices el sentido originario del término. Ese es uno de los propósitos del presente trabajo: reflexionar sobre la carencia de nobleza y asumiendo que el snob y el hombre-masa tienen esa misma carencia, pero asumiendo y distinguiendo también que hay quienes tratan de aparentar lo que no son y por ello imitan, y quienes ni siquiera tienen esa sed, ni nada les mueve a ser y hacer algo, mucho menos a poseer algo de nobleza.
El mismo Ortega prevenía a sus lectores del posible equívoco que consiste en etiquetar el diagnóstico moral, religioso, económico, etc., en el frasco parcial de lo político o lo social: «conviene que se evite dar desde luego a las palabras “rebelión”, “masas”, “poderío social”, etc., un significado exclusiva o primariamente político. La vida pública no es sólo política, sino, a la par y aun antes, intelectual, moral, económica, religiosa; comprende los usos todos colectivos e incluye el modo de vestir y el modo de gozar».[10]

El punto de partida.

Este trabajo pretende ser una reflexión filosófica acerca de un problema antropológico. No olvidemos que una de las muchas preocupaciones de los filósofos y pensadores ha sido el tema del Hombre. Como humano, me interesa a mí también todo lo que tiene que ver con lo humano.[11] Si se logra el cometido de suscitar la reflexión sobre un aspecto de lo humano, no deberá ser ajeno o pasar desapercibido ante los demás. Ortega y Gasset problematiza con una cierta universalidad de la reflexión, o por lo menos la justificación sobre tal preocupación cuando encuentra y expone en La rebelión de las masas que «el asunto de que trata (el libro) es demasiado humano para que no le afecte demasiado el tiempo»[12] y el asunto es ocasional, por lo que ubica sus textos y sus reflexiones en una circunstancia a la que correspondieron, y es que el tiempo ha pasado desde que fue escrito dicho libro y ahora nosotros retomamos el asunto en otro espacio y consideramos que en efecto el tema que le ocupa sigue siendo vigente en nuestro mundo masificado o globalizado. Parece ser que la rebelión identificada por nuestro autor ahora es hegemonía de las masas. Rebelión de las masas puede ser también hoy dominio de las mayorías. De alguna manera el orden —o desorden—  global imperante en nuestros tiempos ya había sido previsto o proyectado por la visión de nuestro autor.
El proceso de transformación de la sociedad y de la condición humana para llegar a un estado de cosas como el que pretendemos demostrar que padecemos, ha sido largo; se han involucrado en dicho proceso muchas situaciones, muchos acontecimientos en diversos ámbitos: en las ideas representativas de las generaciones, de los pueblos y de los hombres en distintas latitudes de nuestro mundo, también en los hábitos, en las costumbres, en la nueva organización, en el nuevo orden mundial, en la opinión pública, etc. El propósito de nuestro trabajo es, utilizando los términos orteguianos, reflexionar en torno al proceso por el que se ha pasado de una “rebelión de las masas” a una “hegemonía de las masas”, y cómo en esa hegemonía se ha perdido en gran medida la práctica de una virtud, de una práctica moral que es la nobleza.[13] No haremos un diagnóstico exhaustivo sobre la situación moral de nuestro tiempo, o incluso de la virtud por excelencia, pues ocuparía mucho más de lo que modestamente podemos ofrecer en el presente trabajo, pero sí ensayaremos y reseñaremos concretamente la situación moral de nuestro tiempo en lo que tiene que ver con este asunto que consideramos central, de la pérdida de la nobleza.
Dicha hegemonía tiene que ver también con la sociedad, con la relación entre los miembros de los grupos humanos, y más concretamente dentro de este gran grupo humano que alcanza magnitudes globales —la llamada “aldea global”— gracias a los medios de comunicación. Todo esto lo convierte entonces también en un problema moral. Más en el fondo es un problema de la Modernidad o de cómo ésta ha mutado en algo distinto, no necesariamente hacia la llamada “posmodernidad”, sino en masificación invertebrada, sin moral, sin rumbo ni planeación, sin verdaderos líderes ni valores que ofrezcan el soporte de toda vida en sociedad tolerable. Es también en el fondo el problema del cambio histórico de la humanidad, del abandono de ciertos valores de antaño y de un cierto desdén por la tradición.

*  *  *
  
Permítame el lector retomar aquí una consideración que ya tuve antes oportunidad de exponer, pues la pertinencia de lo dicho cabe aquí para lo que pretendemos asentar: «Algo se opera en el hombre que sobresale con su hacer respecto de los demás. Algo se opera también en aquellos que rara vez se entregan a sus quehaceres para dar más de lo que pueden dar de manera “estandarizada”. Hay hombres que se distinguen por su genialidad, sus aportaciones a la vida colectiva, a los avances científicos, a una mejor organización social o para determinadas y muy variadas situaciones. Los hay que viven y hablan y sienten y piensan tan profunda y extraordinariamente hasta el punto de parecer extraños y hasta molestos a los demás».[14]
Más allá de las contextualizaciones, las delimitaciones, los deslindes y los cabos que se atan para identificar el problema entre bloques de pensamiento o distintas épocas de la historia, tenemos que adelantarnos a señalar que el verdadero problema está en el ámbito próximo de cada persona; pero debemos decir que es también un problema que envuelve a la sociedad, que se manifiesta en terrenos globales, y afecta a pueblos enteros. Es el problema de la pérdida de nobleza en el mundo masificado.
¿Y dónde podremos encontrar y verificar concretamente la pérdida de la nobleza como problema moral en nuestros tiempos? En muchas de las actividades realizadas por el ser humano, pues puede distinguirse siempre una mayor o menor entrega de quien las hace para lograr lo mejor en cada una de ellas. Asimismo, tenemos una tendencia a asomarnos a las situaciones donde podemos distinguir, si es de nuestra incumbencia, ya sea porque nos afecte o nos beneficie en algo, la conducta, el proceder y la mayor o menor entrega también de quienes están a cargo de las actividades de carácter colectivo, público, no necesariamente político, sino de cualquier índole institucional o colectiva en la que exista la distinción entre el grupo y el dirigente. Tanto en la relación entre los miembros de un grupo con su dirigencia, como en la relación entre los propios miembros del grupo, en cuanto tales, se tensan y se identifican estos rasgos de entrega, esfuerzo y exigencia, contrastados con la desidia, el poco esfuerzo, la indiferencia, la desgana y, por ende, los errores, las frustraciones y todas las fallas y anomalías de la sociedad. Así, por ejemplo, el obrero puede darse cuenta, según su entrega al trabajo, acerca de la diferencia entre aquel que se exige a sí mismo y cualquiera otro que vive en una especie de monotonía y no da frutos evidentes y notables en su actividad [15]; de la misma manera, es decir, distinguiendo los buenos frutos, los del esfuerzo, de aquellos otros que evidentemente resultan inservibles e indignos de mérito alguno, el estudiante, el profesor, el carpintero, el servidor público, o cualquier agente que lleve a cabo tareas en las que tenga relaciones de trabajo en aras de lograr ciertos fines que habrán de ser el objetivo de todo grupo, en cuanto grupo, por la naturaleza propia de la actividad a la que cada uno se dedique, puede identificar hasta qué punto se ha entregado y hasta qué punto otros no son más que personas desubicadas, intrascendentes, conformistas, indiferentes, etc. Y también resulta lógico pensar que si se tiene la facultad de erigir a quien habrá de conducir de una u otra manera algún grupo, institución o pueblo, será siempre alguien a quien comúnmente identificamos como honorable o digno para tal tarea. Sin embargo, no siempre ha sido así, pues no siempre existe —solamente por aportar un ejemplo— en el ámbito laboral una clara distinción entre quien se sacrifica, rinde y se fortalece mediante la superación en su actividad, y quien inmerecidamente pasa su vida ocupando un sitio del cual bien podría considerársele indigno por no saciar o buscar definitivamente la necesidad de perfección que requiere su actividad; ni entre los estudiantes esforzados y talentosos, por no decir que seguros de estar donde están y pretender hacer crecer y perfeccionar la labor que buscan desempeñar al prepararse en lo que estudian, con aquellos otros que, por azares del destino o por una mala orientación no saben aún por qué estudian eso que eventualmente han elegido, o que, aun sabiéndolo, no tienen la más mínima intención de hacer más perfecta la labor que habrán de desempeñar como profesionales; ni entre los profesores que verdaderamente enseñan, los que profesan, los que producen y proponen, los que constantemente se capacitan y forman, los que buscan hacer más noble su labor, con los que no lo hacen; ni los servidores públicos que se entregan en el más puro sentido del servicio, con los que se sirven a sí mismos y satisfacen sus propios intereses a costa de quienes, en este sistema democrático, los han favorecido. Sé que es inevitable la intromisión en el ámbito al que algunos podrían considerar y defender como muy particular, propio de quienes harán su tarea con ahínco o sin afán de notabilidad, pero, dado que muchas circunstancias nos son comunes a todos y la mayor o menor entrega se ve reflejada en la vida de comunidad o sociedad, ya da para una revisión y diagnóstico de la situación, por ello es pertinente revisar o reflexionar sobre dicho ámbito, para tratar de identificar el por qué de esa aparente falta de distinción entre los notables y los que no lo son. Y para tal efecto habremos de revisar la obra de quien ya hizo antes una tarea así, no simplemente para emular, reproducir o repetir el recorrido que hizo para darse cuenta de todo ello, sino, sobre todo, para tratar de actualizar su discurso, por una parte, y aportar los elementos en los que pudiera haber resultado errático el diagnóstico de tal autor, por otra parte, así como enunciar las posibles causas del cómo se ha cumplido lo identificado por él hasta nuestros días.




[1] Cfr. Ingenieros, José, El hombre mediocre, («Colección “Sepan cuántos…” número 270»), XVII edición, México, Ed. Porrúa, 2004, p. 70. La primera edición se hizo en Madrid, en el año de 1913.
[2] Ibidem.
[3] Op. cit. p. 73.
[4] Ortega y Gasset, José, La rebelión de las masas, En Obras completas (O. C.) Tomo IV, 2ª Reimpresión, Madrid, Alianza Editorial-Revista de Occidente, 1994. pp. 180-185. La primera edición fue publicada como libro en 1930. Los artículos que componen la obra comenzaron a aparecer en el periódico madrileño El Imparcial, en el año de 1926, hasta que Ortega decidió agruparlos, editarlos y publicarlos como libro. La edición de la que me sirvo para el presente trabajo es, pues, la de las Obras Completas que Alianza Editorial y la Revista de Occidente produjeron por primera vez en 1983 precisamente en el centenario del natalicio de nuestro autor— aunque debemos hacer notar que las Obras Completas se han estado editando en diversas versiones y actualizaciones desde 1934, aunque aparecieron como un primer corpus a partir de 1946. Cfr. La presentación de Paulino Garagorri en las Obras Completas que retomamos.
[5] Hombre-masa es el término que Ortega utiliza para referirse al hombre tipo, al representante, al protagonista de la rebelión de las masas que denuncia en su obra. Nosotros lo tomamos aquí como el hombre tipo de la masificación, como el representante por sus características y su condición moral de este nuevo orden de vida al que nos referimos.
[6] op. cit. La rebelión de las masas, p. 183.
[7] Cfr. Von Ranke, Leopold. Pueblos y estados en la historia moderna. Sobre el origen germano de los títulos nobiliarios europeos.
[8] Op. cit. p. 121.
[9] Ibidem.
[10] Ortega, op. cit. p. 143.
[11] Como bien nos lo recuerda Unamuno, tomando como guía a Terencio, con respecto de la concreción o destinatario de nuestras cavilaciones en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos: “nullum hominem a me alienum puto; soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño (...) El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere, el que come y bebe y piensa y quiere: el hombre quien se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”. Ed. Porrúa. Colección “Sepan cuantos...” Número 402. Pág. 3.
[12] op. cit. La rebelión de las masas, p. 113.
[13] Más adelante aclararemos cómo es que en nuestros tiempos la búsqueda de la excelencia está ligada a una cierta productividad, más que a una superación o trascendencia en el ámbito moral. Ortega lo esquematiza oponiendo la ética industrial, nueva desde sus tiempos y desde los tiempos en que se dio la revolución industrial, ampliamente conocida y experimentada en nuestros tiempos (entre más produces mercancía y reditúas ganancias al bolsillo de los grandes o medianos capitalistas, más vales, y hasta te sientes mejor contigo mismo), a la ética del guerrero, del que lucha por el honor, del que se entrega sin esperar beneficio material o económico a una causa que le hace trascender, actitud más próxima a la nobleza sobre la que queremos abundar.
[14] Hernández Castelano, Julián, «Vida de lucha y vida noble. Similitudes de la moral de la entrega de sí en Unamuno con las autoexigencias de la nobleza en Ortega», Diario de Querétaro, Año XLIV, 16478,  24 de diciembre de 2006. Página 4 del suplemento cultural Barroco.
[15] No nos referimos simplemente a la productividad material, sino a la entrega física y el esfuerzo de todas las facultades necesarias para lograr algo más que la productividad: la realización misma de cada persona mediante el trabajo; que sea el trabajo bien hecho lo que le haga sentir mejor, así, podrá acontecer que desde el punto de vista material la productividad sea mínima, pero es que aun lo poco que se produzca tendrá la gracia de ser un producto excelente. Otra vez podemos decir aquí que nos referimos a la calidad, a la cualidad del trabajo, no a la cantidad ni a las luchas por los medios de producción o cosas por el estilo. Capitalismo o no, queremos dejar claro que primero está lo cualitativo en cuanto proporciona esa realización como personas, más que lo cuantitativo o la controversia política de las luchas de clases.

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

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