In memoriam. Don Julián.

lunes, 16 de febrero de 2026

 

Un accidente le provocó amputación de su pierna derecha hasta el muslo cuando tenía treinta y cinco años. En plena flor de su juventud y máxima fortaleza de su cuerpo. Ya para entonces era casado y tenía cinco hijos. Fue soldado raso en los años sesenta. Los militares le habían alterado el acta de nacimiento para decir que había nacido el veintiocho de enero de mil novecientos cuarenta y cuatro y poder alistarse en las filas del ejército sin problema. Estuvo con ellos en Mérida, Yucatán, cerca del Caribe por si a Fidel Castro se le ocurría invadir la Península.

 

En el ejército aprendió muchas tareas y quehaceres: desde los básicos que la disciplina exige, hasta otros que la necesidad le trajo, como cocinar, por ejemplo.

 

Fue forjador de piedras de topacio para hacer adornos en la época de los hippies. También aprendió lo mismo con las piedras de recinto y de cantera. Sabía esculpir molcajetes y metates.

 

Fue intendente en la Universidad Autónoma de Querétaro, en la Facultad de Derecho, como trabajador eventual. Rencillas en el sindicato terminaron por provocar su salida y allí quedó la posibilidad de forjar una carrera de base. Su estancia en esa labor le acercó a los libros. Tenía consigo sendos manuales y monografías de las diversas ramas del Derecho. Le apasionaba aprender por su cuenta sobre esos temas. Tenía facilidad de palabra y solía resolver pleitos por su cuenta en la imaginación. Incluso los de talante investigador de crímenes y delitos.

 

Leía al menos un periódico al día. Se enteraba de todo lo que acontecía. Conocía nombres de líderes, políticos, artistas y deportistas. Seguía con atención los acontecimientos del país. Era un hombre bien informado, además de culto y autodidacta.

 

Tenía mucha pasión y curiosidad por examinar aparatos eléctricos, motores, microcircuitos, etc. A veces arreglaba algunos porque su interés le llevaba a entender cómo funcionaban las cosas. A veces descomponía otros porque simplemente no tenía la ciencia suficiente para salir avante.

 

Acumulaba toda suerte de herramientas, armatostes, utensilios y artilugios que el mismo creaba para las necesidades de manipulación de materiales que encontraba o detectaba.

 

Sólo fue a la escuela hasta tercer año de primaria. Le enseñó a leer su mamá, quien había aprendido de su esposo.

 

Fue huérfano de padre desde el año de nacido. Nunca conoció a su papá; aunque no le falto quien le contara sobre él. Se sentía extasiado y eclipsado por el brillo de aquel, quien fue autoridad ejidal, sabía leer en tiempos en los que eran pocos quienes lo sabían también y, murió por la tierra y en medio de disputas agrarias.

 

Fue peón de albañil. Trabajó en diversas obras grandes de hace décadas, como el Palacio de los Deportes en la ciudad de México.

 

Fue velador. Cuidaba escuelas, pozos, haciendas, etc. Algunas de las obras que cuidó fueron los puentes vehiculares que se construyeron en la década de los ochentas.

 

Mucha gente lo conocía. Era jovial y sabía charlar con la mayoría de las personas. Sus amigos lo admiraban mucho. Incluso algunos de ellos, temidos por la gente, con él eran mansos y sabían tratarse mutuamente.

 

El accidente y la amputación de su pierna no lo detuvieron nunca. Siguió trabajando siempre, madrugando y esforzándose en todo para hacer lo mejor que podía en cada tarea, por minúscula e insignificante que pareciera. Él la convertía en magnífica y admirable.

 

Era muy ordenado y disciplinado. Nadie le enseñó nunca ningún método de organización; pero él por su cuenta lo buscaba y así lo hacía cumplir. Nada estaba fuera de su lugar donde él estaba.

 

Amaba los perros y trataba bien a los animales. Siempre cuidaba algo, una paloma, un periquillo, unas gallinas, unos pollos, unos pichones, unos totoles, etc.

 

Sabía interpretar los cielos para el temporal de la tierra. Observaba el comportamiento de los animales y las señales en la naturaleza y entonces predecía: “este año será frío”; “este será de sequía”; “este de inundaciones”, etc.

 

Fumaba mucho tabaco. Desde adolescente. Nadie le advirtió los peligros. Un día se lo prohibieron y, con toda la fortaleza y disciplina que le caracterizaban dijo: “ni uno más”. Y así fue. Así se mantuvo.

 

Su tez morena, su ralo bigote, su mirada firme, sus ojos claros, su voz grave, su fortaleza física eran características inmarcesibles.

 

Era bohemio. Cantaba con sentimiento viril. Tomaba cerveza y tequila. Se sabía canciones bravías. Era experto tirador. No manejaba vehículos desde su accidente. Antes de eso logró hacerlo con camiones grandes. Sin manejar maquinaria, sabía cómo hacerlo. Le gustaba hurgar y saber todo lo que podía.

 

El día de su accidente logró salvar la vida de dos personas mayores, por eso quedó atrapado. Era un héroe sin reconocimiento como tal. Ayudó por lo menos a dos personas a solventar sus gastos para estudiar y le favoreció el tiempo a un querido maestro para que, mientras éste trabajaba de noche, pudiera completar su tiempo y sus tareas de su carrera magisterial.

 

A sus hijos les dio todo cuanto pudo. Ayudó a su esposa a vender comida en los tiempos de mayor crisis económica. A sus hijos les enseñó a leer aun fuera del tiempo escolar. Compartía con ellos las noticias. Estimulaba sus habilidades del pensamiento.

 

Era firme devoto de la Virgen María de Guadalupe. Sus anécdotas podrían contarse por cientos y de todas aprenderíamos algo que no cabe en este breve espacio. Era un amor.

 

Hoy, 16 de febrero de 2026, cumpliría ochenta años. Se nos fue el 2 de febrero de 2017. Que su alma descanse en paz y que Dios le dé el eterno premio. Loor por él. Hurras y vivas no alcanzarían a darle un homenaje. Me conformo con retazos de admiración por él y quedo comprometido a escribir muchas de esas anécdotas y más grandezas suyas. Era don Julián. Mi padre. In memoriam.


JHC

~ 4 comentarios: ~

Anónimo
at: 16 de febrero de 2026 a las 18:04 dijo...

Un gran hombre.... aprendió mucho, quería y amaba la vida... la disfrutó... un buen y noble padre y a la vez un gran esposo.
Bien ganado el cielo

Anónimo
at: 16 de febrero de 2026 a las 18:33 dijo...

Excelente Julian también tengo una anécdota que cambio la vida de nosotros la familia hernandez

Anónimo
at: 17 de febrero de 2026 a las 11:27 dijo...

Agradezco a Dios por mi Papi, por la esposa que eligió y los hermanos que me dio!

Ana says:
at: 21 de febrero de 2026 a las 10:31 dijo...

Lo he leído de principio a fin. Muy hermoso lo que has escrito sobre tu padre. Yo hace tiempo que perdí al mío y le echo de menos todos los días.

~ Publicar un comentario ~

Imágenes del tema: sndr. Con la tecnología de Blogger.

Sample text

Sample Text

Text Widget

Social Icons

Followers

Featured Posts

Social Icons

Blogger templates

Unordered List

Sample Text