Como soy miembro de la Asociación Filosófica de México con mis cuotas al corriente, no tuve que pagar mi asistencia al congreso. Participé con una ponencia de la que escribiré algo en breve. Primero expondré algunas impresiones personales sobre el evento en general.
Tengo un amigo que ahora comanda al equipo de prestadores de servicio social de la UNAM y del Instituto de Investigaciones Filosóficas para coordinar toda la logística del evento. Son ellos quienes se encargan de acondicionar las salas para las conferencias magistrales, las mesas plenarias, las salas para los coloquios, la entrega de reconocimientos, la recepción de ponentes y asistentes, los convenios con la sede y los hoteles de la ciudad, etcétera. Tener este amigo no sólo me inhibe para criticar el desempeño de tales prestadores de servicio; y no por ello les exento de responsabilidades; pero debo decir que poco se puede hacer si te cambian la sede a tan solo unas semanas del evento. En ese sentido se convierte en un esfuerzo magno el sacar el compromiso con lo poco que se pueda tener. Más bien resulta admirable la capacidad de adaptación y el aguante de las duras críticas e incomodidades que pudieron haber soportado.
No asistí a todo el Congreso. Sólo fui dos días: el martes y el miércoles de toda esa semana. Supe por las noticias que fue inaugurado el evento por el gobernador de Michoacán, el presidente municipal, el presidente de la Asociación y alguno que otro personaje importante de seguro. El contexto fue lo raro: un estado donde se da el toma y daca de los grupos de autodefensas; los narcos llamados "caballeros templarios"; la población inmersa, pendiente y temerosa de los movimientos de ambos bandos; un comisionado especial de seguridad en el estado que se reúne lo mismo con unos que con otros; un ex secretario de gobierno, ex-gobernador interino mientras el actual estaba incapacitado, y además recién encarcelado por sus probables reuniones con el jefe máximo de los narcos (un taxista me dijo que son cuñados, o sea que no tiene de otra); un jefe de transportistas igualmente capturado (a todo esto me atrevo a lanzar una simple duda: ¿por qué encarcelar al cuñado del narco porque se han reunido y el comisionado para la seguridad, por otra parte, sí puede reunirse con los narcos? política mexicana sui generis); unos normalistas tomando calles, quemando autobuses y pidiendo ya no sé qué cosa; una universidad, la estatal, la histórica, la prestigiada, en plena huelga; hasta el presidente Peña Nieto estuvo por allá pontificando sobre la seguridad del estado; en fin, y en medio de todo ello más de mil filósofos tratando de armar pequeños diálogos sobre los más variados temas. Baste ver el catálogo de coloquios y la programación de los trabajos, entre los que se encuentra el de su servidor: http://afm2014.mx/programa/. Con esos dos días tuve para experimentar diversos momentos.
Un momento fue el encuentro con un amigo y su esposa. Filósofos ambos. Quienes me pusieron al tanto de los vericuetos de la academia filosófica de mi alma mater. Todo un placer haber convivido con ellos y poder platicar, por fin, de todos los temas que como filósofos podemos conversar y que por lo general nuestros ámbitos de trabajo no los soportan.
Otro momento fue el de la decepción. Múltiples salas para las mesas de trabajo en un espacio común, una especie de auditorio muy poco iluminado, con una acústica terrible, el suelo frío y dividido con mamparas. Se podía escuchar la lectura de los trabajos de las otras salas, los aplausos, las discusiones, etc. Un cartel solicitando silencio. Imposible. Si todos guardan silencio, nadie habla y nadie escucha. Tenía que ser lo contrario. No faltó quien publicara un meme: "¿Baños públicos? No. Un Congreso Internacional de Filosofía". En fin que nadie nos da gusto.
Un tercer momento tiene que ver con mi trabajo. Presenté algo sobre la pedagogía de Simone Weil. Ya habrá otra oportunidad para compartir en este espacio el trabajo en cuestión. Lo que quiero comentar es lo que pasó en torno de la presentación. Resulta que llegó la hora de la mesa de trabajo, me presenté y me dispuse a leer; pero no había más que un ponente y un asistente: yo. Con tristeza constaté que hubo cero interés en lo que habríamos de presentar. Lo peor es que ni siquiera los otros dos ponentes llegaron. Iba a hablar sobre la pedagogía del misterio en Simone Weil, no a presenciar cómo el misterio de la ausencia de oyentes y ponentes me envolviera y me dejara en la inopia y la tristeza. Quién sabe si los ponentes no llegaron por el temor de la ciudad sede o si fue simple falta de formalidad. El asunto es que estuve solo y los organizadores me propusieron estar en la siguiente mesa de la misma sede y del mismo coloquio. Me presenté, pues, en la mesa siguiente como buen invasor de espacios ajenos, aunque aclaré mi presencia. Presenté mi trabajo, por fin y hablé sobre la pedagogía del misterio en la obra de Simone Weil. Pude provocar algo de preguntas y discusión; pero nada extraordinario.
Un cuarto momento fue la discusión que pudimos presenciar sobre el laicismo. Sigue habiendo mucho resentimiento del filósofo profesional respecto de las posturas de la Iglesia sobre los temas impulsados desde el llamado "progresismo", como el aborto, los ¿matrimonios? homosexuales, etc. En esa misma mesa escuché un trabajo sobre Pascal y su religiosidad. No pude interactuar ahí porque se me acabó el tiempo para entregar mi habitación de hotel. Me quedé con las ganas.
Un quinto momento a resaltar es la conferencia magistral a la que pude asistir. Fue a cargo de Remi Brague, nada menos. Habló sobre la metafísica y la vida actual. Aclaró muy bien muchas oscuridades del pensamiento actual posmoderno, concretamente el nihilista. Remi Brague dice que el llamado suicidio demográfico que se experimenta ahora en Europa no es sino la punta del iceberg de una vocación antimetafísica o anti vida por parte de esas corrientes precisamente "progresistas" y el negar la vida de la descendencia es el símbolo de la autodestrucción de la vida humana. Una tesis un tanto darwinista; pero más aún, provocativa y reveladora. Como debe ser una conferencia filosófica de altura. Tengo el audio. Si puedo, la transcribiré algún día para compartirla, o si puedo, la edito para que la puedan escuchar mis lectores.
Prometía mucho más el Congreso: una videoconferencia de Jean-Luc Nancy, presentaciones de libros como el de mi maestro el Dr. Juan Carlos Moreno Romo (Hambre de Dios), presentado por Mauricio Beuchot y mi amigo del que antes hablé. Mucho más. Pero no me quedé. Tuve que volver a Tlaxcala de noche para llegar a trabajar a mi escuela. Fin.
Ecos del XVII Congreso Internacional de Filosofía
Publicado por
Julián Hernández Castelano
viernes, 18 de abril de 2014
Julián Hernández Castelano.
Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala - Jesús María, Villa del Marqués, Querétaro.
18 de abril de 2014
@jhcastelano
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